Centro Martin Luther King: Agradecidos: más que médicos para un sistema con problemas de salud

Por Roselid Morales y Sayonara Tamayo

¿Por qué jóvenes norteamericanos vienen a estudiar medicina en Cuba? ¿Qué tienen en común con los miles de latinoamericanos, africanos y asiáticos graduados en la Escuela Latinoamericana de Medicina desde su fundación a finales de los noventa?

Las respuestas pueden parecer sencillas, claras, pero entrañan un proyecto de reflexión y transformación profunda, que no solo abarca el sentido político del cambio para un sistema de salud excluyente, mercantilizado y clasista como el de los Estados Unidos, sino la concepción de un proceso pedagógico de transformación personal.

Así lo testimoniaron no pocos de los setenta jóvenes norteamericanos que actualmente estudian medicina en la ELAM, en un acto de gratitud que tuvo como escenarios al Centro Martin Luther King y la Iglesia Bautista Ebenezer de Marianao.

Está claro – lo han dicho- que su formación como futuras y futuros médicos tiene como objetivo definido el retorno a su país para trabajar en comunidades vulnerables, priorizando la atención primaria y contribuyendo a que el sistema sea más accesible para personas y familias con bajos recursos que quedan excluidos del actual o sus máximos parámetros de calidad. Ello expresa una concepción de los servicios de salud como un derecho humano. Al mismo tiempo, es un sentido que trasciende el ámbito médico e, incluso, sistémico.

Samira, una de los estudiantes de sexto año, profundizó en su intervención en el concepto de la «integridad» con el que se preparan los médicos en Cuba. Se trata de una cualidad que trabajan sobre todo durante su año de residencia en que se forman como “ese ser íntegro, ese médico completo que mediante las pruebas diarias se enfrenta con enseñanzas problémicas, desde lo más sencillo hasta lo más complejo. El internado es el momento de integrar todo lo que hemos aprendido no solamente en la escuela, sino en la vida, para hacernos médicos de ciencia y conciencia y hacer lo correcto, aunque sea difícil”.

Es la formación de la conciencia lo que les permite también prepararse para procesos que describen como de “reconstrucción comunitaria”. Durante su formación en Cuba, identifican que es parte de su misión como médicos atender aquellas problemáticas en las comunidades como la violencia, tanto interna como la generada por el propio sistema.

“Queremos trabajan juntos para reconstruir los valores, las metas y luchar colectivamente por la transformación, superando nuestras diferencias.”

En ese acto militante y políticamente comprometido de entenderse médicos para la transformación de la sociedad, son capaces de identificar aquellos valores que les diferencian a partir de su formación como médicos en Cuba.

“Practicar la solidaridad es esencial para ser médicos de ciencia y conciencia porque nuestro papel como médicos no solo se define por nuestros conocimientos y habilidades, sino por lo que hacemos con ellas a través de nuestras decisiones y acciones diarias.

La solidaridad requiere que seamos críticos y humildes para poder intercambiar en teoría y ser exponentes y oyentes, maestros y estudiantes, privilegiado y no privilegiado. El Reverendo Lucius Walker demostraba esto porque entendía que los mismos sistemas que atentaban contra su comunidad también lo hacen en otras comunidades del mundo. Él llegó a entender que sólo no podía desmantelar estos sistemas, pero con el apoyo de otros, tendríamos la oportunidad de crear un mundo mejor”.

Las figuras de Lucius Walker y Fidel Castro fueron recordados en varias ocasiones durante la noche. Ellos fueron los visionarios de esta posibilidad que han tenido centenares de jóvenes norteamericanos para formarse como médicos en la isla.

Ello fue posible, reconoció uno de los estudiantes, porque tuvieron un pensamiento crítico hacia el sistema de salud de los Estados Unidos y otros países del mundo, pero también la voluntad de contribuir a tranformarlo con acciones concretas.

Gail Walker, la hija y continuadora de Lucius en ese proyecto, agradeció al Centro Martin Luther King por la oportunidad de realizar este evento en su sede; a la pastora Izett Samá, miembro de la Coordinación Colegiada y Dayanis García, coordinadora del trabajo con Estados Unidos en el CMLK, así como al Rev. Raúl Suárez, director fundador; también al presidente del Instituto Cubano de Amistad con los Pueblos, Fernando González y a Sandra Ramírez Rodríguez, directora de Norteamérica del ICAP. Agradeció, además, la presencia de representantes de las diferentes facultades de ciencias médicas donde se encuentran estudiando jóvenes norteamericanos, así como de otras organizaciones e instituciones cubanas como Caridad Diego, Jefa de la Oficina de Atención a los Asuntos Religiosos del Comité Central del Partido Comunista de Cuba y María de los Ángeles Pérez, vicejefa de la misma.

Al referirse a su padre, Gail recordó que era un joven negro, creciendo en los Estados Unidos en los años cuarenta. Siempre trataron de que renunciara a sus sueños ante la posibilidad ofrecida por Fidel en la Iglesia Riverside* de que jóvenes norteamericanos pudieran venir a Cuba a estudiar con una beca completa. Lucius abrazó fuerte aquella iniciativa, no renunció nunca a ese sueño y estos jóvenes son muestra de ello. Por eso, dijo Gail, “nunca podemos perder de vista que esta fue la visión de Fidel y el legado de Lucius”.

“Desde aquí puedo afirmar que estamos dispuestos a recibir a 250 estudiantes por año procedentes del Tercer Mundo norteamericano. Aprenderán, además, español, y se relacionarán con jóvenes de todo el hemisferio, a los que trasmitirán lo que conocen sobre Estados Unidos y la cultura norteamericana”. (8 de septiembre del 2000. Iglesia Riverside) Foto: Estudios Revolución (Tomada de Cubadebate)

La también Directora Ejecutiva de IFCOPastores por la Paz, organización que facilita todo este proceso, concluyó:

“IFCO los necesita a ustedes para que una vez graduados nos ayuden a que otros vengan a cumplir sus sueños y perfeccionar este proyecto. Estoy convencida de que juntos podemos ayudar a que crezca y, como soñaron Fidel y Lucius, ser capaces de transformar el sistema de salud de los Estados Unidos”.

*El 8 de septiembre del 2000 Fidel realizó la última actividad de su programa a propósito de la Cumbre del Mileno, celebrada en la ONU. La sede fue la Iglesia Riverside, donde casi tres mil personas, entre ellos activistas religiosos, sindicalistas, latinos, negros, inmigrantes, estudiantes, maestros y artistas le dieron la bienvenida, escucharon y ovasionaron su discurso de más de cuatro horas. Entre los principales organizadores del encuentro estuvieron el Reverendo Lucius Walker, director de Pastores por la Paz, el actor Danny Glover y la humanista Joan Brown Campbell, ex secretaria general del Consejo Nacional de Iglesias.

 

Fuente: CMLK

 

 

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