Feminismo popular y revolucionario en Cuba

Foto: Unión por Cuba Libre

En Cuba, desde antes del 1959, existieron evidencias de un feminismo revolucionario y popular, demostrado en la incorporación de las mujeres a las luchas libertarias y en la formación de valores en los hijos por la defensa de la patria. Mariana Grajales, la madre de la patria, ante la noticia de que su hijo Antonio Maceo había recibido su primera herida de guerra, le dijo al más pequeño, Marcos: «Empínate, que ya es hora de que pelees por tu patria como tus hermanos”. Fueron muchas las mujeres que lucharon por la independencia de Cuba.

La presencia de Vilma Espín en las luchas por la libertad de Cuba y luego como presidenta de la Federación de Mujeres Cubanas demostró la existencia de mujeres que, en la etapa que les ha tocado vivir, lo han dado todo por el desarrollo de la sociedad. Vilma libró batallas a favor de la mujer y aunó voluntades para que hoy las cubanas sean protagonistas y beneficiarias del proceso revolucionario.

Igualmente, antes del 1959, las mujeres se unieron para lograr una ley de divorcio y el derecho al voto. Sin embargo, no fue hasta que triunfó la Revolución que las mujeres compartieron el primer programa de igualdad. La Revolución llegó para toda la  población.

Con el triunfo revolucionario, se producen profundas transformaciones económicas, políticas, sociales y culturales que han favorecido a la población cubana, así como se han promulgado numerosas leyes y disposiciones jurídicas que aseguran los derechos humanos de toda la ciudadanía. En particular, se han beneficiado las mujeres, con la protección a sus derechos reproductivos y sexuales, a la planificación familiar y la salud. Se destacan las leyes de maternidad que favorecen a la mujer trabajadora, el derecho a la educación, a la seguridad y asistencia social, al empleo, a la superación técnica y cultural,  al desarrollo, al voto, a elegir y ser elegida.

En Cuba, las mujeres representan el 62 % de los graduados de la educación superior, el 67,2 % de los técnicos y profesionales, y constituyen el 45,4 % de la fuerza laboral en el sector estatal civil. En la salud pública, gratuita y universal, representan el 70,9 % de la fuerza que labora, el 62 % de los médicos. Se destacan por su desempeño en la ciencia, sector en el que Cuba superó la paridad de género, con el 53,3 % de mujeres.

La Federación de Mujeres Cubanas ha trabajado sistemáticamente para lograr que más mujeres ocupen cargos decisorios, en particular en el sistema del Poder Popular. Los resultados alcanzados en la última legislatura ratifican a Cuba como el segundo Parlamento del mundo con mayor participación femenina, con un 55,74 % de diputadas. En el Consejo de Estado, representan el 52,4 %.

Contamos con un  Programa Nacional para el Adelanto de las Mujeres, con 7 áreas  que su implementación favorece a las cubanas. Tenemos un nuevo Código de las Familias que, con un amplio proceso de participación ciudadana, fue aprobado mediante referendo popular. El Código reconoce la igualdad de todas las personas y la violencia de género con consecuencia jurídica y ofrece garantías a las personas cuidadoras.

Esto son algunas evidencias de lo logrado, en promoción de derechos y empoderamiento de las mujeres. No obstante, a los avances obtenidos tenemos desafíos: trabajar para eliminar vestigios de desigualdad y discriminación que persisten en la sociedad cubana, compartir los cuidados con la familia, porque aún recaen en las mujeres, al igual que las labores domésticas; seguir trabajando por eliminar la violencia hacia la mujer en cualquier manifestación; continuar condenando el bloqueo económico, comercial y financiero, principal acto de violencia que han vivido las cubanas durante más de 60 años.

En medio de tantas dificultades, hemos sido abanderadas de la solidaridad internacional y de  la integración regional. Estuvimos en Angola y dejamos sangre cubana en los combates librados. Enarbolamos también las banderas de la solidaridad en Etiopía, Namibia, y cuando nos llegó la noticia de un terremoto en Perú, en Indonesia, un huracán en Centroamérica, allí, con el espíritu de estoicismo revolucionario y la verdadera convicción de que compartimos lo que tenemos y no lo que nos sobra, fuimos y vamos a desafiar el tiempo y las dificultades. Como arma, tenemos las batas blancas y los equipos necesarios para curar al mundo.

La “Operación Milagro” les devolvió la vista a millones personas que pensaron que su problema no tenía solución porque eran pobres. No tuvimos miedo a enfrentar el ebola, y una brigada llamada “Henry Reeve” anda de amiga por el mundo. No nos detuvo el dengue en el Salvador y nos queda la satisfacción de haber estado en Nicaragua. Construimos el Aeropuerto de Granada y el revés lo convertimos en victoria, como nos enseñó Fidel. Profesionales de la salud marcharon al programa “Más Médicos” en Brasil y allí escribimos hermosas páginas de atención, de ética y de relación con los pacientes. Nos sentimos orgullosas de que el 64 % del personal médico cubano que presta colaboración medica  en el exterior sean mujeres.

Durante la pandemia de COVID-19, el personal científico cubano, en su mayoría mujeres, logró producir cinco candidatos vacunales, tres de ellos convertidos en vacunas, que permitieron inmunizar a toda la población cubana, y fueron compartidas con varios países. Brindamos ayuda a otros Estados, enviando 58 brigadas médicas a 42 países y territorios, incluyendo a países desarrollados.

Estos ejemplos fortalecen nuestras convicciones. Nuestro personal médico continuará escalando montañas, atravesando ríos, durmiendo a la intemperie, mientras ustedes, amigos y amigas harán valer la verdad. Ustedes han identificado siempre quiénes son los verdaderos enemigos, quiénes provocan las guerras, cuáles son las causas de la pobreza, la miseria, el hambre y la carencia de los derechos elementales que se violan diariamente en el mundo.

Las cubanas formamos parte de los movimientos sociales en Latinoamérica. Debemos  continuar diseminando el debate diverso y plural y contribuir a que se incorpore la perspectiva de género en otros movimientos; seguir la batalla contra las transnacionales y el latifundio; trabajar en las comunidades de la región para incorporar a las mujeres de diferentes sectores a los movimientos de solidaridad, con aquellas que resisten en sus territorios, por el derecho a la tierra, a la soberanía alimentaria y a la cultura.

El feminismo popular y revolucionario aparece en las agendas políticas, pero aún persisten ideas y opiniones falsas. Hay mujeres que saben el valor de la emancipación y de la lucha por la igualdad, pero si les preguntas “son feministas?”, te dicen que no. Debemos contribuir a una recomposición del movimiento feminista, teniendo en cuenta la movilización, la ocupación de las calles, la solidaridad entre los pueblos, el enfrentamiento a los bloqueos económicos y políticos, la lucha contra el patriarcado, el neoliberalismo y el capitalismo. Las prácticas de educación popular y de grupos de reflexión feminista son fundamentales para la permanente construcción del movimiento y la capacidad de responder a los desafíos de cada contexto.

Hay que valorar las ventajas del socialismo, así como trabajar en el presente por la integración regional, para dejar el legado de unidad a las nuevas generaciones. Hay que elevar a planos superiores la paz y las banderas del internacionalismo y la solidaridad internacional; y mantener  un frente común por las causas justas y nobles, en contra de la  pobreza y la violencia. Luchar juntas por Palestina, Venezuela, Cuba  y por todos los territorios que son bloqueados por el gobierno de Estados Unidos y sus aliados. Mantener un frente común por los países que viven  bajo  las bombas y donde, día a día, mueren personas inocentes.

Este es el gran desafío: seguir aportando al feminismo revolucionario y popular como un movimiento que lucha por transformar el  mundo y la vida de las mujeres. Todas juntas lo podemos lograr, con  unidad e integración de nuestra América.

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Elpidia Moreno integra la Federación de Mujeres Cubanas (FMC) y es integrante del capítulo cubano de la Marcha Mundial de las Mujeres (MMM). Este texto es una edición de su ponencia en el webinario “Feminismo e integración regional”, realizado por la MMM Américas en 30 de noviembre de 2023.

Publicado originalmente en Capire Mov

 

Fuente: Desinformemonos

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