Genocidio y hambre como arma de guerra en Palestina: la esperanza está en la movilización de los Pueblos

El ejército israelí ha matado a cerca de 37 mil personas en Gaza, la mayoría mujeres, niñas y niños. Más de 83 mil personas han resultado heridas y otras 10 mil están desaparecidas, sepultadas bajo los escombros.

En la ocupada Cisjordania han muerto más de 500 hombres y mujeres palestinos, de quienes al menos 133 son niñas y niños, y hay más de 5 mil personas heridas. Casi la totalidad del sistema de salud de Gaza ha sido destruido, como también todas las universidades e instituciones culturales y de investigación. La Corte Internacional de Justicia ha dictaminado que es “plausible” que el Estado de Israel [1] esté cometiendo genocidio.

A medida que el genocidio tiene lugar ante los ojos del mundo, se ha vuelto evidente que la destrucción de los sistemas alimentarios palestinos es una parte central de la estrategia israelí. Como el Relator Especial sobre el Derecho a la Alimentación de la ONU denunció recientemente, en el espacio de unos pocos meses Israel ha provocado la hambruna deliberada de más de dos millones de personas y continúa haciéndolo. Ha destruido un tercio de las tierras agrícolas de Gaza, el 80% de su flota pesquera y destrozado sus sistemas de riego. Las fuerzas israelíes han impedido que innumerables convoyes de alimentos ingresen al territorio, ya sea por tierra o por mar, bombardeando directamente a las y los trabajadores humanitarios en el proceso. Las consecuencias son imposibles de soportar e irreversibles. Ya en abril de 2024 autoridades internacionales habían determinado que la hambruna se estaba apoderando de la franja de Gaza.

Desde la Nakba en 1948, la que significó la destrucción violenta de más de 500 aldeas y la expulsión forzada de 750 mil hombres y mujeres palestinas, la devastación de los sistemas alimentarios palestinos ha sido una táctica clave en la expansión del apartheid estatal. A través del control violento de la tierra, el agua y el mar, se ha atacado a la agricultura campesina, la pesca artesanal y los mercados de alimentos. En Cisjordania son cada vez más los colonos israelíes, la mayoría de las veces acompañados por el ejército israelí, los responsables de esos ataques.

Desde el año 2000, y con el fin de expandir los asentamientos israelíes ilegales y llevar a la población palestina a depender de las importaciones israelíes, los grupos colonizadores han arrancado más de 3 millones de olivos y otros árboles frutales vitales para la cultura y la soberanía alimentaria palestina. Además, en el 2008 la ocupación israelí impuso un sistema de «conteo de calorías», denominado «dieta de la muerte», diseñado para limitar el acceso a los alimentos justo por encima de los niveles de inanición. El resultado ha sido que, para el 2022, más del 64% de la población de Gaza padecía de inseguridad alimentaria de moderada a grave.

A pesar de décadas de ataques directos y sistemáticos a su suministro de alimentos, el pueblo palestino ha estado resistiendo, protegiendo y desarrollando sistemas alimentarios controlados comunitariamente, donde las mujeres a menudo asumen un papel de liderazgo.

El dramático ataque a Gaza está provocando un fuerte giro en la opinión pública mundial y en la movilización social, porque es una crisis que no se puede ignorar. La juventud ha asumido el liderazgo en las movilizaciones por Palestina, cerrando centros educacionales y demandando respuestas a las autoridades. Las movilizaciones populares están dejando claro que las naciones que explícitamente, implícitamente o a través del silencio apoyan el apartheid y la hegemonía de Israel, son cómplices del genocidio. La gente está en las calles pidiendo un alto el fuego, sanciones militares y el aislamiento de Israel, incluso el retiro de las inversiones. En muchos casos ha habido represión violenta por parte de la policía, como en los campus universitarios, donde han sido las mismas autoridades universitarias las que han pedido la intervención policial. Si bien en muchos países existe una creciente desconexión entre la gente y la clase política, en otros se están tomando medidas para apoyar a Palestina y presionar a Israel. Creemos firmemente que es ahí donde reside el verdadero poder: en la resistencia del pueblo palestino y el creciente movimiento de solidaridad global.

GRAIN reafirma su solidaridad y compromiso con la lucha del pueblo palestino por la descolonización, la autodeterminación y la soberanía sobre la tierra, el agua y demás recursos. Pedimos el fin inmediato del genocidio y un alto al fuego incondicional y permanente. También expresamos nuestra solidaridad con todas las personas que han estado organizando y llamando al boicot, la desinversión y las sanciones contra Israel.

Pedimos el fin inmediato de la utilización del hambre como un arma con fines militares en Palestina y en todo lugar, ya que también se llevan ataques sistemáticos a los alimentos en los conflictos de Haití, Sudán, El Salvador, Myanmar y Etiopía.

¡La solidaridad, la lucha por la justicia y la resistencia en todo mundo son nuestra esperanza!

[1] https://news.un.org/es/story/2024/05/1529861

Foto: La Izquierda Diario

Publicado originalmente en GRAIN

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