Haití, Pareciera Ser Mujer

Mujeres haitianas: su rol social en la injusta vida cotidiana

Las calles de Haití están atravesadas por una inmensa red de mercados informales; una cruza de pueblo en pueblo atravesando desde las ferias más grandes hasta las más pequeñas que alborotadamente se unen por todo el país.

Allí y en todo el recorrido, una ola femenina desciende de las montañas a las 5 de la madrugada. Salen de sus casas con cestas en la cabeza, bolsas de carbón que doblan su peso, y un “bon jou, nou pa pi mal, nou?” (Buen día no estamos más mal, ¿ustedes?). Refrescando las mañanas con sonrisas de resistencia.

En las ferias es mayoritaria la presencia de mujeres “ti machan” (pequeñas comerciantes) dedicadas a actividades de comercio y servicios informales, ellas ganan menos de 1 o 2 dólares por día. Comercializan la producción, porque durante el régimen postrevolucionario (1807) las leyes restringían la movilidad de los cultivadores, requiriendo un pasaporte o un permiso escrito por el jefe de plantación. Este sistema no permitía a los productores-propietarios salir de sus predios, entonces como las mujeres no eran propietarias (si lo eran sus maridos, padres y hermanos hombres) fueron las que salieron a distribuir las producciones campesinas al pueblo. Allí, paradójicamente, el espacio del comercio (entiéndase como espacio público) es femenino y el privado (la “jaden” el campo-huerto) es masculino.

Pues bien, más allá de esto no todo es tan distinto a la lógica que padecen todas las mujeres de América Latina y el mundo: en Haití también hay desigualdad en el acceso a la educación, en el acceso a los cargos públicos, a salarios dignos e incluso desigualdad en el acceso a la titulación de propiedades entre hombres y mujeres.

Aún en estas malas condiciones, las mujeres son “la columna vertebral de la economía informal”, ellas son también el “banco familiar” y “en la agricultura, ellas lo hacen todo”, según el informe “Análisis de las Diferencias en la Fuerza Laboral de Haití”, elaborado por Canadian Hunger Foundation en 2007. Debido a su sabiduría para el negocio, su tenacidad y sus habilidades para reproducir sus medios de vida, muchas mujeres en Haití son las protagonistas del desarrollo familiar, local y hasta nacional.

Según un estudio de Habitat for Hummanity, el 52% de la población en Haití son mujeres. El 42% son menores de 15 años y 54 años es la expectativa de vida en promedio de una mujer. Cerca del 60% es analfabeta y el 43% de los hogares tienen una mujer como jefa de hogar.

 Mujeres haitianas: violencias cotidianas

 A pesar de los avances en la lucha de las organizaciones haitianas e internacionales contra la discriminación femenina, las condiciones de vida de las mujeres en Haití siguen siendo paupérrimas. Sanièce Petit Phat, la Responsable de Género del Grupo de Asistencia a los Repatriados y Refugiados (GARR), una organización defensora de los derechos de los/as inmigrantes, afirma que la exclusión se ha convertido en el mayor obstáculo para que las mujeres disfruten de sus derechos reconocidos por las convenciones internacionales. Además “el modo actual” de los tribunales dificulta la lucha contra todas las formas de violencia que se ejercen en perjuicio de las haitianas.

Mujeres y niñas son sometidas diariamente a violaciones dentro y fuera de sus familias, la gran mayoría de las mujeres son víctimas de la violencia doméstica, no encuentran ningún tipo de justicia y por razones de subordinación económica sus maridos / novios / padres les impiden defender sus derechos.

En el año 2013, un estudio señaló que casi 3 de cada 10 mujeres en Haití había sufrido alguna forma de violencia física en algún momento de sus vidas y que el 13% de la población femenina había sido víctima de agresiones sexuales. La Encuesta de Mortalidad, Morbilidad y Utilización de Servicios (EMMUS-5), patrocinada por el Ministerio de Salud y realizada por el Instituto Haitiano de la Infancia, agrega que 1 de cada 10 mujeres sufrió violencia durante los últimos doce meses anteriores a la encuesta, en mayor proporción entre jóvenes menores de 25 años.

 Mujeres haitianas: frontera haitiana-dominicana

 La estructura militar y represiva de la frontera, con su política de migraciones y deportaciones, es más violenta hacia las mujeres. Sienten a las mujeres como su propiedad y por eso las violaciones en las comunidades son muy altas, dice Sonia Pierre del Movimiento de Mujeres Dominico-Haitianas. Ella cuenta que en el vecino país, cada 100 que van a la escuela sólo 5 son mujeres. De estas 5, sólo 3 logran terminar. Lo mismo sucede en las universidades.

La ciudadanía negada sumerge a las mujeres en una constante situación de invisibilidad, el gobierno dominicano alega no haber traído mujeres, sólo braseros. Entonces las han condenado a ser reproductoras de mano de obra barata. El hombre tiene un sistema de salud que es del Consejo Estatal del Azúcar (CEA), que es deficiente, pero ellas no tienen nada, porque no son -según ellos- trabajadoras, aún siendo las que mantienen el estatus de la familia. Trabajan en el CEA, en las siembras, en el corte de hierbas, haciendo zanjas entre los cañaverales. Pero lamentablemente no pueden aparecer en un documento propio, ellas tienen que aparecer (o desaparecer) a través de sus maridos, su expediente tiene que estar anexado al de ellos.

 Mujeres haitianas: la reconstrucción del país

 Las ONGs con sus promesas incumplidas y sus políticas de ayuda guiadas por los intereses de los países donantes plagan de más miseria a Haití desde hace mucho tiempo. La maquinaria de ayuda humanitaria debería ser transformada para que se desocupe política y militarmente el país, para que sea una nación que elija soberanamente su Estado y gobierno, que construya una economía nacional que refleje los derechos y prioridades de la población haitiana.

Una tarea debiera ser el desarrollo de acciones que aseguren que toda la ayuda futura e inversión en la recuperación y reconstrucción se adhieran a estándares medibles de igualdad de género, con compromisos transparentes de recursos que permitan que las mujeres jueguen un rol significativo, sostenido y formal.

Por Victoria Marinelli, desde Petite Rivière, departamento l’Artibonite (Haití) – @vicky_marinelli

Integrante de la Brigada Internacionalista Dessalines en Haití, ALBA de los Movimientos Sociales

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