Ocupación Continua Abrió Camino para que el Ejército Protagonice Política de Seguridad Pública en Río de Janeiro

Carta Capital – Adital, 13/08/14
Por Marsílea Gombata

 

Escenarios distintos, Río de Janeiro y Puerto Príncipe, tienen en común un historial de violencia urbana en medio de la batalla por la disputa de territorios en las áreas más favelizadas de las dos ciudades. A pesar de que los conflictos tienen motivaciones diferentes –mientras que las favelas de Río de Janeiro son disputadas por narcotraficantes, las de Puerto Príncipe son rivalizadas por grupos de tendencias políticas opuestas– hay quienes dicen que entender la realidad de una ciudad ayudó en la búsqueda de soluciones de los problemas de la otra. La experiencia que Brasil adquirió en Haití, defienden los especialistas, contribuyó directamente al know how (cómo proceder) que originó, en 2008, las llamadas Unidades de Policía Pacificadora (UPPs).

La Misión en Haití fue una oportunidad para que Brasil entrenara a sus tropas, que siempre reclamaron por la falta de inversión en las Fuerzas Armadas. Fue también un ejemplar laboratorio de operaciones que apuntan a “garantizar la ley y el orden” en los morros de Río de Janeiro, ya que los 1.200 militares brasileros están involucrados en una estrategia de ocupación continua de áreas antes dominadas por pandillas.

Según el teniente coronel Carlos Cavalcanti, del Centro Conjunto de Operaciones de Paz de Brasil (CCOPAB), la Misión de las Naciones Unidas para la estabilización de Haití (Minustah) inició su ofensiva en Cité Soleil en 2005, bajo el comando del general Heleno Pereira y con el nuevo concepto de ocupación permanente de “puntos fuertes” –enclaves ubicados en el corazón del área considerada más peligrosa, y desde donde las operaciones de pacificación partirían para ampliar el perímetro de seguridad. “Los resultados culminaron con la pacificación de Cité Soleil y, posteriormente, de Cité Militaire, en 2007. La Policía Militar de Río de Janeiro, inclusive, envió una comitiva a Haití cuando esas operaciones todavía estaban siendo ejecutadas, con el objetivo de recoger experiencias del Ejército Brasilero”, recuerda Cavalcanti.

Especialista en defensa e inserción de Brasil en el programa de postgrado en Relaciones Internacionales de la Universidad del Estado de Río de Janeiro (Uerj), Claudio Silveira, afirma que la experiencia de Haití inspiró la política de las UPPs, pues “legitima la participación del Ejército” en esas operaciones. “La instalación de las UPPs toma lo mejor de la experiencia en relación con el control de disturbios urbanos, contra una idea de amenaza al Estado y de constitución de grupos que son casi un Estado paralelo”, observa. “Las Fuerzas Armadas también tienen participación en la llamada ‘garantía de la ley y del orden’. Y eso, a mi ver, es un problema serio que respalda el intervencionismo militar.”

En mayo de 2013, el entonces gobernador del Estado de Río de Janeiro, Sergio Cabral (PMDB), y el primer ministro haitiano, Laurent Lamothe, firmaron un acuerdo de cooperación entre la PM de Río de Janeiro y la Policía Nacional Haitiana (PNH) para el intercambio de información sobre la evolución de la política de las UPPs en Río de Janeiro, en comparación con los “puntos fuertes” en las favelas haitianas. Dos meses más tarde, una comisión de la PNH viajó a Río de Janeiro para conocer nuevas UPPs, así como el entrenamiento del Batallón de Operaciones de Policías Especiales (Bope) y del Batallón de Choque.

Haití tuvo su Ejército desmantelado en los años 1990. El país ya fue ocupado dos veces por Estados Unidos en el pasado, y actualmente lucha por reestructurar su policía (con cerca de 11 mil hombres). Bajo la tutela de la Minustah, tiene en su país 5.165 militares y 2.466 agentes de policía extranjeros para garantizar la seguridad pública. La misión, que es vista de manera escéptica por los movimientos sociales de la región y militantes de la izquierda haitiana, estuvo envuelta en polémicas. Entre ellas, denuncias de abusos sexuales de niñas/os y sospechas de transmisión de cólera por parte de soldados nepaleses que componían el contingente extranjero.

El principal propósito de la Misión, que ya costó a Brasil 2.110 millones de reales (de los cuales, 741 millones de reales son reembolsados por la ONU), era proyectar la PNH como la principal fuerza de seguridad, asesorados por la UNPOL (Policía de la ONU) y por el componente militar de la misión. El objetivo, según el capitán Leonardo Sampaio, responsable de la 2ª Compañía de Infantería de Fuerza de Paz, en Cité Soleil, fue conquistado sólo parcialmente. “El policía haitiano aún no se siente seguro para actuar en determinadas áreas. Ellos dicen que si salieran ahora, el sistema fallaría”.

Haití lucha en contra del tiempo para fortalecer sus fuerzas de seguridad, ya que el cronograma de la ONU prevé el retiro gradual hasta 2016 de todos los militares extranjeros. Momento en que el país conseguirá retirar totalmente de escena a la UNPOL y el componente militar de la Minustah para que la PNH ande por sus propias piernas; sin embargo, todo parece incierto.

Reproducido por Adital, Traducción: Daniel Barrantes – barrantes.daniel@gmail.com

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