El colectivo ¡Ya es Ya! realiza protesta frente a la Embajada de Alemania en Panamá demandando justicia social climática

La organización ¡Ya es Ya!, la cual aglutina a varios grupos, organizaciones ambientales y personas preocupadas por la crisis climática, realizó el miércoles 19 de octubre del presente, una manifestación en los predios de la Embajada de Alemania en la ciudad de Panamá, contra la nefasta inacción de los gobiernos del norte global y frente a la preocupante crisis climática. En dicha protesta participaron distintas organizaciones como: Adoptemos bosques Panamá, Mimar, Espacio Encuentro de Mujeres, Convergencia Sindical, la Fundación Balu Uala y ciudadanos.

Entre sus demandas están que los gobiernos —particularmente de aquellos estados que lideran la lista de emisiones per cápita de gases de efecto invernadero — acaten las recomendaciones de los informes del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático conocidos como IPCC, especialmente la reducción drástica e inmediata de uso de combustibles fósiles, principal causa del calentamiento global.

Declaraciones de Renata Spooner de la organización ¡Ya es Ya!

Ir a descargar

Las organizaciones civiles hacen un llamado a tomar acciones concretas para frenar la catástrofe climática que se  avecina y a su vez exigen al Estado panameño elimine sus contradicciones ambientales y asuma la autoridad moral que obtuvo en la COP26 para convertirse en líder global de la lucha contra la emergencia climática.

Por: Dania Betzy Batista Guevara. Colectivo Voces Ecológicas COVEC productores de Radio Temblor Internacional

Imágenes: Jerry Quintana

 

Fuente: Radio Temblor

 

Colonialismo climático

La receta es vieja y fallida, pero no se cansan los grandes contaminadores de usarla. En lugar de reducir las emisiones de gases que causan el caos climático, pagan a alguna comunidad o ejidatarios para que sigan cuidando su bosque o a otros actores para que planten monocultivos de soya, palma aceitera y otros cultivos, lo cual supuestamente absorbe dióxido de carbono y compensa que las empresas sigan contaminando.

Un reportaje de Max de Haldevang de Bloomberg, reveló que la petrolera BP –intermediada por la ONG Pronatura México y el World Resources Institute de Estados Unidos– pagó sumas miserables para que campesinos en 59 comunidades de Veracruz entraran en un programa de mejorar sus bosques. BP se hizo así con 1.5 millones de créditos de carbono en 200 mil hectáreas, que puede vender por 4 veces o más el valor pagado a las comunidades ( https://tinyurl.com/37ttvrs4). No extraña, como titula el reportaje de Bloomberg, que estas operaciones y los mercados de carbono conexos sean la solución favorita de Wall Street para el cambio climático ( https://tinyurl.com/3hswnxcc).

Complementariamente, la secretaría del ambiente (Semarnat) se sentó en junio de 2022 con varias instituciones intermediarias de los intereses de grandes empresas contaminantes, para discutir cómo afirmar los mercados de carbono voluntarios en México. De la forma más cínica imaginable, Semarnat llamó justicia climática a esta nueva forma de colonialismo ( https://tinyurl.com/47zhnztk).

Ni esos esquemas ni los mercados de carbono han funcionado para enfrentar el cambio climático, al contrario, lo empeoran justificando que continúe y aumente la emisión de gases que lo provocan. Las trasnacionales renuevan la receta con diferentes nombres porque es un tremendo negocio: pagan un poco a comunidades y agricultores y luego revenden los bonos o créditos de carbono que teóricamente generan en esas áreas, multiplicando muchas veces la suma inicial. Sin hacer nada, aumentan sus ganancias. Además, se pintan de verde y afirman que van a la neutralidad climática, o que tienen emisiones cero netas. Conceptos que las organizaciones que realmente trabajan por la justicia climática han llamado La gran estafa, porque es la vía de los grandes contaminadores para retrasar, engañar y negar la acción climática( https://tinyurl.com/mvxymh8p).

México ha sido pionero de estos esquemas coloniales desde hace dos décadas, primero con pagos por servicios ambientales forestales e hidrológicos, financiados por sucesivos gobiernos con dinero público, luego con el programa REDD+ (Reducción de Emisiones por Degradación y Deforestación) y otros. El papel de los gobiernos fue y sigue siendo abrir, facilitar y subsidiar estos esquemas. El negocio corporativo es vender los bonos generados en los mercados secundarios de carbono, de emisiones, o de compensaciones por biodiversidad.

Un comentario que surge a veces es que no aportan a evitar la deforestación (o el cambio climático, o la pérdida de biodiversidad), pero al menos pagan algo a las comunidades. Pero ese pago que parecía no tener consecuencias, en realidad en muchos casos significó expropiar de hecho bosques y territorios de las comunidades, que ya no pueden decidir por sí mismas cómo usarlos, porque deben seguir lineamientos de certificadores externos para verificar los bonos supuestamente generados. Han creado abundantes conflictos dentro y con otras comunidades (Ver análisis de Ceccam  https://ceccam.org/node/548 y  https://www.ceccam.org/node/1653).

Nada de esto ha contribuido a frenar el cambio climático, pero además de las ganancias corporativas, también les da dinero las grandes ONGs de conservación que intermedian los proyectos, como Conservación Internacional, The Nature Conservancy, Pronatura México y similares.

Hay ahora renovada expectativa de las corporaciones por los nuevos mecanismos de mercado en Naciones Unidas, donde las empresas presionan para que además de bosques, se incluyan suelos agrícolas, mares y técnicas de geoingeniería para absorber carbono. Sin esperar a los mercados formales y regulados de Naciones Unidas, ya de por sí dañinos, las empresas ya avanzan el negocio turbio, no regulado, no transparente, que no rinde cuentas y es muchísimo mayor, de los mercados voluntarios de carbono.

El avance de ese mercado voluntario es lo que la Semarnat se sentó a conversar con instituciones privadas que esperan sacar una gran tajada de estas transacciones, las verificadoras, certificadoras e intermediarias. Por ejemplo, la verificadora VERRA, que tiene entre sus asesores a las petroleras Shell y BP. También la ONG Climate Action Reserve, que tiene en su directorio a IETA, la organización internacional de las corporaciones para promover mercados de carbono. Y otras, todas las cuales comparten intereses corporativos.

El tema es muy grave tanto por los impactos y despojos a comunidades y campesinos, como por la privatización de hecho de ecosistemas, biodiversidad y ahora también suelos agrícolas. Es además una trampa letal para no actuar frente al cambio climático, que nos afecta directamente a todas y todos.

Por: Silvia Ribeiro

Fuente: www.biodiversidadla.org

Ilustración: Guido Kühn

Colombia reafirma liderazgo climático: sociedad civil y gobierno se sientan a la mesa para hablar a profundidad de la transición energética

grafica alusiva a Colombia reafirma liderazgo climático: sociedad civil y gobierno se sientan a la mesa para hablar a profundidad de la transición energética

6 de septiembre de 2022, Bogotá

Durante la semana del 5 al 9 de septiembre, en el marco de diversas actividades de incidencia relacionadas con el tema energético, organizaciones no gubernamentales colombianas, el sindicato de trabajadores del petróleo y el gas, investigadores académicos e institutos internacionales presentan un documento pionero en la región, titulado: Disminución planeada de la dependencia fósil en Colombia: entre el cambio cultural y la gestión participativa de la demanda. Este documento presenta una visión colectiva de una transición energética en perspectiva socio-ecológica que incluye mucho más que la simple reconversión de tecnologías, aportando una visión a largo plazo y una serie de propuestas concretas sobre políticas a desarrollar, tanto nacionales como internacionales, para alcanzarla.

En medio de la intensificación global de la  emergencia climática, los ambiciosos planes de Colombia de disminuir de manera planeada la extracción de combustibles fósiles en los próximos 15 años convierten al país en un líder mundial de la transición energética justa. El proceso político a través del cual el gobierno del Pacto Histórico, encabezado por Gustavo Petro y Francia Márquez, propone concretar los planes de transición, representa un avance único e histórico. Por primera vez en el país, expertos locales e internacionales, así como actores clave de distintos sectores de la sociedad civil, se están sentando a una misma mesa para discutir la salida planeada de la extracción de petróleo y de gas en Colombia (que es además, un país importante en exportaciones de carbón a nivel mundial).

Andrés Gómez, investigador en hidrocarburos, clima y transiciones ambientales de la organización colombiana CENSAT Agua Viva – Amigos de la Tierra, comenta: “Mediante este documento, ofrecemos una visión centrada en la justicia climática, la reducción de la desigualdad, el antipatriarcalismo y la mejora de la productividad de acuerdo con las formas de vida de las regiones, los territorios y los ecosistemas para la vida humana y no humana”.

Maristella Svampa, Investigadora Superior del Conicet y Profesora Titular de la Universidad Nacional de La Plata (Argentina) declaró: “Este documento plantea una importante oportunidad para que pensemos las soluciones desde nuestra región. Tenemos problemas propios que tienen que ver con la pobreza, con el extractivismo depredatorio. Pero tenemos también una gran energía y potencia que albergan los movimientos sociales y las categorías contrahegemónicas que han venido elaborando, así como las experiencias de resiliencia que son un modelo para pensar esos escenarios de transición. No es fácil, no es lineal, pero es el desafío que nos toca abordar como sociedad y como planeta. En ese sentido, me alegra muchísimo poder acompañar y apoyar este proceso acá en Colombia, que coloca en el centro ese gran desafío”.

Durante esta semana de incidencia, el documento se presentará a varias partes interesadas como representantes del Congreso y funcionarios del Gobierno. Además, nutrirá los debates del foro “De la transición energética a las transformaciones socio-ecológicas”, un evento de entrada libre con inscripción previa que tendrá lugar el jueves 8 de septiembre en la Universidad de lo Andes, y que contará con la participación de expertos internacionales, líderes de comunidades colombianas y representantes de los ministerios de Medio Ambiente, Minas y Energía.

Tatiana Roa, coordinadora del área de Energía y Justicia Climática de Censat Agua Viva, explica: “Nuestro interés como organizaciones ambientales es aportar elementos concretos y rutas posibles para pensar en una transición energética en términos de transformaciones socio-ecológicas, que incluyan elementos tecnológicos, pero sobre todo que contemplen la justicia socio-ambiental, el respeto a las formas de vida ancestrales y el cuidado de la vida”.

Mediante una carta de apoyo internacional, decenas de organizaciones de diversas partes del mundo han manifestado su respaldo a estas propuestas de la sociedad civil colombiana para una reducción justa y planificada de la dependencia de los combustibles fósiles, y hacen un llamado al gobierno colombiano para que participe en un diálogo significativo sobre cómo llevar a cabo esta necesaria transformación, reafirmando así su liderazgo climático.

MAYOR INFORMACIÓN:
Contacto de prensa: 
Andrés Gómez
Censat Agua Viva – Amigos de la Tierra Colombia 
+57 3226436572 – a.gomez@censat.org

Documentos: 
●    Disminución planeada de la dependencia fósil en Colombia: entre el cambio cultural y la gestión participativa de la demanda. https://bit.ly/disminucion_planeada
●    Carta de apoyo internacional para una transición justa lejos de los combustibles fósiles en Colombia. https://bit.ly/3cOnnMk 

Descargue el archivo.

Fuente: Censat Agua Viva

El calentamiento global y las futuras pandemias

Un estudio publicado por la revista Nature señala que la migración de animales por el aumento de la temperatura global y destrucción de hábitats provocará una «red de nuevos virus» que podría afectar a la salud humana. Como posible plan de mitigación instan a los gobiernos a mejorar la capacidad de control zoonótico y de respuesta del sistema sanitario.

El calentamiento global podría desencadenar una próxima pandemia. Así lo revela el estudio científico titulado “El cambio climático aumenta el riesgo de transmisión viral entre especies”, publicado en la revista Nature. La investigación analiza una futura «red de nuevos virus» que saltará de especie en especie y que aumentará a medida que se calienta el planeta, debido a la migración de animales salvajes por el aumento de la temperatura planetaria. El trabajo indica que el epicentro de este fenómeno será África tropical, el sureste asiático y las zonas donde la población humana sea más densa en 2070. El estudio considera «inevitable» que el mundo sea «más cálido y más enfermo», pero señalan que existen otras variables para que no impacten directamente en la salud humana.

El estudio sostiene que en los próximos 50 años el cambio climático podría provocar más de 15.000 nuevos casos de mamíferos que transmitan virus a otros mamíferos. Actualmente, al menos 10.000 virus capaces de “saltar” a los humanos circulan “de manera silenciosa” entre mamíferos salvajes, señala el informe publicado en Nature. Este sondeo es uno de los primeros en predecir cómo el calentamiento global cambiará los hábitats de la vida silvestre y aumentará los encuentros entre especies capaces de intercambiar patógenos.

El cambio climático llevará a un gran número de animales a huir de sus ecosistemas. Al mezclarse entre sí, las especies transmitirán más virus, lo que favorecerá la emergencia de nuevas enfermedades potencialmente transmisibles al ser humano, anticipa el estudio. Asimismo, revela que cada vez son más animales salvajes los que huyen de sus hábitats deteriorados por el aumento de las temperaturas, la regresión de los bosques tropicales, el avance de la urbanización y las áreas cultivadas, y el tráfico de especies silvestres.

Los animales emigran hacia nuevos territorios, más favorables a su presencia, pero corren el riesgo de toparse con especies desconocidas para ellos. De esta manera, los ecosistemas se redistribuyen geográficamente y podrían ocurrir más de 300.000 «primeros encuentros» entre especies. Al mezclarse por primera vez, estos mamíferos formarán nuevas comunidades. Se trata de un terreno fértil para nuevos cruces de infecciones, especialmente virales.

Por ejemplo, los murciélagos juegan un papel central -dice el estudio- ya que portan numerosos virus pero sin desarrollar la enfermedad. Sin embargo, pueden infectar a los humanos a través de otro animal. Este proceso se llama zoonosis y es el origen de varias epidemias como el Covid-19 o el Ébola. “Los murciélagos tienen un gran potencial de dispersión del virus y pueden infectar a un gran número de especies con las que se encuentran por primera vez”, señala el estudio. El equipo dice que, en parte porque los murciélagos pueden volar, es menos probable que experimenten barreras para cambiar sus hábitats.

Los autores de la investigación sostienen que el futuro incremento de la temperatura global «es irreversible, incluso si se limita el calentamiento global a 2ºC». Precisan que la zona del Sahel —al sur del desierto del Sahara, en África—, las tierras altas de Etiopía y el valle del Rift —en el este de África tropical—, India, el este de China, Indonesia, Filipinas y algunas poblaciones de Europa central serán afectadas.

La investigación, que se realizó durante cinco años, cruzó varias modelizaciones climáticas, datos sobre la destrucción de hábitats naturales y la manera en que los virus se transmiten entre especies. El estudio se realizó tomando en cuenta un total de 3139 especies de mamíferos, siendo esta clase de animales la que alberga una gran diversidad de virus susceptibles de ser transmitidos a los humanos.

El equipo que realizó este trabajo está conformado por Colin Carlson, Gregory Albery, Cory Merow, Christopher Trisos, Casey Zipfel, Evan Eskew, Kevin Olival, Noam Ross y Shweta Bansal.

Un planeta más caliente y enfermo: ¿nada por hacer?

Durante la pandemia de Covid 19, al menos tres estudios académicos postularon que la epidemia comenzó cuando un coronavirus previamente desconocido pasó de un animal salvaje a un humano, o sea, transmisión zoonótica. «Proporcionamos evidencia de que en las próximas décadas el mundo no solo será más cálido, sino también más enfermo«, advirtió Gregory Albery, biólogo de la Universidad de Georgetown en Washington y coautor del estudio a la agencia DW.

Este estudio es «un primer paso crítico para comprender el riesgo futuro del cambio climático y del uso de la tierra en la próxima pandemia», dijo por su parte Kate Jones, quien modela las interacciones entre los ecosistemas y la salud humana en el University College London.

Jones ponderó el estudio aunque instó a la cautela al discutir sus implicaciones para la salud humana. “Predecir el riesgo de saltos virales de mamíferos a humanos es más complicado, ya que estos efectos secundarios tienen lugar en un entorno socioeconómico humano y ecológico complejo”, afirmó. Muchos factores podrían reducir el riesgo para la salud humana, incluida una mayor inversión en atención médica o que un virus no pueda infectar a los humanos por algún motivo, agregó.

Gregory Albery y Colin Carlson, autores del trabajo publicado por Nature, dicen que aunque es inevitable cierto aumento en la transmisión de enfermedades, eso no es excusa para la inacción. Por esto, los investigadores hacen un llamado a los gobiernos y a la comunidad internacional para que mejoren el monitoreo y la vigilancia de los animales salvajes y las enfermedades zoonóticas, particularmente en futuros puntos críticos como el sudeste asiático. Mejorar la infraestructura de salud también es esencial, alertan.

Las muertes por la contaminación del aire y el agua

Por otro lado, la revista The Lancet publicó un informe que señala que la contaminación ambiental causó nueve millones de muertes en un año. Uno de cada seis fallecimientos prematuros están asociados a los componentes nocivos en el medio ambiente, dice la revista científica británica. La cifra se agrava por la mala calidad del aire y la presencia de contaminantes químicos, destacó la Comisión sobre Contaminación y Salud de Lancet.

En el año 2019, alrededor de 6,7 millones de muertes prematuras son atribuibles a la contaminación del aire, 1,4 millones a la contaminación del agua y 900.000 a la intoxicación por plomo, informa la investigación publicada el 18 de mayo.

El autor principal del estudio, Richard Fuller, agregó que «el impacto de la contaminación sobre la salud sigue siendo mucho mayor que el de la guerra, el terrorismo, la malaria, el VIH, la tuberculosis, las drogas y el alcohol. El número de muertes causadas por la contaminación rivaliza con las causadas por el tabaco».

La contaminación y los desechos expulsados al aire, el agua y el suelo no suelen matar directamente, pero son causantes de graves enfermedades cardíacas, cáncer, problemas respiratorios y diarreas agudas, indica el informe. «Los efectos sobre la salud son enormes y los países de ingresos bajos y medios son los más afectados», manifestó el especialista.

Foto: Nicolas Pousthomis / Subcoop

Tomado de: desinformemonos.org

Fuente: Radio Temblor

15 años de REDD: Un mecanismo intrínsecamente corrupto

Desde que se presentó en 2007, la Reducción de Emisiones derivadas de la Deforestación y la Degradación de los Bosques (REDD) se ha convertido en la política forestal dominante en todo el mundo, con impactos en las comunidades que dependen de los bosques, en particular en países con bosques tropicales.

La experiencia de los últimos 15 años ha revelado una crónica abrumadora del fracaso catastrófico de REDD en cuanto a resolver la deforestación y la degradación de los bosques. Y peor aún: también intensificó la crisis climática y dejó intactas las causas de la deforestación. De hecho, REDD se ha convertido en una causa subyacente de la deforestación y del propio cambio climático.

Esta publicación reúne 11 artículos que reflexionan sobre dimensiones fundamentales y peligrosas de REDD. Esperamos que cada uno de ellos ayude a fortalecer nuestros argumentos y acciones en contra de la compensación y a descubrir lo que realmente es: un mecanismo racista que no puede ser mejorado o arreglado porque está concebido para ‘mantener el flujo de petróleo’ y, con esto, el sistema capitalista que impulsa la actual crisis climática, forestal y social.

S.O.S, planeta en crisis

 

La pandemia; la creciente crisis de los alimentos y el calentamiento climático global definieron la agenda de 2021. La 5ta ola del Covid-19, agudizada desde inicios de diciembre por la explosiva variante Ómicron, mantiene en vela a la población mundial. Por otra parte, el drama creciente del hambre en el mundo, denuncia el fracaso del actual sistema económico hegemónico. La falta de una respuesta contundente y viable a la crisis climática anticipa una ruta apocalíptica, sin retorno, para la vida y la Madre Tierra. 2022 se perfila, nuevamente, como un año desafiante para los movimientos sociales y la humanidad entera.

Ómicron

No había terminado la “ola Delta” en Europa cuando Ómicron irrumpió con una contagiosidad hasta ahora desconocida. El Covid-19, que se instaló a inicios del 2020, multiplica mutaciones y continúa condicionando la “normalidad” cotidiana de todo el planeta.

Junto con su golpeteo sanitario agresivo, la pandemia devela un entramado de contradicciones civilizatorias. Una de ellas, denunciada por las estadísticas más verificables: los más ricos continúan enriqueciéndose sin pausa. La actual crisis ha jugado y continúa jugando como un disparador de las brechas sociales. Hoy, el mundo está aún más polarizado en términos de desigualdad que antes de la aparición de este virus. Mientras que la riqueza de los multimillonarios ha aumentado más de 3.6 billones de euros, otros 100 millones de personas han pasado a engrosar las filas de la pobreza extrema a causa de la crisis sanitaria actual.

La otra contradicción no menos significativa es la que resulta de la mala distribución de las diferentes vacunas, radiografía de un planeta a dos velocidades. Mientras que en el norte “desarrollado” se aplican este fin de año la 3era y 4ta dosis entre la población que quiera inmunizarse, en una buena parte de los países *periféricos* las vacunas disponibles cubren apenas un escaso porcentaje de su población. Poco más del 7 % de las personas en los países de ingreso bajo han recibido una dosis, mientras ese porcentaje se eleva hasta un 75 % en los países de ingreso alto. En África, menos del 10% de la población ha sido vacunada, mientras que en Europa y Estados Unidos más de un 70% ya fue inmunizada. Desigualdad que se acentúa por la decisión de los países ricos y las multinacionales que producen las vacunas de impedir que éstas se produzcan libremente en distintos lugares del mundo, tal como le exigen importantes actores de la sociedad civil mundial que proponen una excepción temporal del derecho de patentes.

El hambre en aumento

El 23 de septiembre del 2021 no fue una jornada esplendorosa. Para el 10% de la población mundial, es decir unos 800 millones de seres humanos que hoy padecen hambre, la Cumbre sobre Sistemas Alimentarios convocada por las Naciones Unidas en Nueva York ni siquiera existió.

Para los movimientos sociales que buscan soluciones cotidianas a este cataclismo mundial, la cumbre fue un poco más de lo mismo. Es decir, pura retórica sin que exista una real voluntad política para encontrar soluciones estratégicas.

“La Cumbre de Sistemas Alimentarios de la ONU es despreciable y representa una amenaza para la Soberanía Alimentaria de los pueblos”, señalaba La Vía Campesina al pronunciarse sobre el evento de Nueva York. Esa red mundial — que aglutina a más de 200 millones de campesinos de 81 países— junto con casi 600 movimientos sociales de pequeños productora-es, trabajadora-es, pueblos indígenas y ONG del sector, habían decidido ya en julio boicotear la convocatoria de Nueva York. Los movimientos populares constituyeron un frente unido de denuncia de la ilegitimidad de la Cumbre y de los intentos de parte de las corporaciones transnacionales de apropiarse del debate y de las propuestas futuras.

Para dichos movimientos, la solución a la crisis climática, el hambre, la migración forzada y la pobreza extrema reside en los pueblos, no en el gran poder corporativo multinacional. Debe surgir de los principios de la soberanía alimentaria y de la justicia social y debe considerar a la alimentación como un derecho humano fundamental y no como una mercancía para la especulación comercial. Es innegociable respetar los sistemas alimentarios a pequeña escala, diversos y agroecológicos que existen en nuestros territorios, según los movimientos sociales.

Y concluía afirmando que la Cumbre de Sistemas Alimentarios de la ONU de 2021 se encuentra en las antípodas de estos principios. El hambre sigue siendo una realidad dramática, aunque las soluciones, según dichos actores, podrían ser simples: bastaría con priorizar la agroecología sobre el agronegocio y apostar a la soberanía alimentaria para reemplazar el paradigma inaceptable de alimentos=mercancías.

Se incendia el planeta

A los fracasos derivados en 2021 por el hambre creciente y la desigualdad en la lucha contra el Covid-19, se le suma un tercer factor desequilibrante: el agravamiento de la crisis climática. La Cumbre Climática Mundial de Glasgow de noviembre pasado no logró avances sustantivos en la meta de asegurar un calentamiento máximo de 1.5 ° hasta 2030, tal como lo exige el mundo científico y la sociedad civil planetaria.

Dicha cumbre desnudó, además, el choque de dos concepciones confrontadas. La de las grandes potencias que controlan, vetan o bloquean a las mismas Naciones Unidas, con propuestas tibias e insuficientes, a pesar de que el mundo científico viene diagnosticando, desde años, la gravedad extrema de la enfermedad. Enfrente, la visión de una buena parte de la sociedad civil planetaria —movimientos ambientalistas, ONG de desarrollo, sindicatos, redes y plataformas—, que se movilizaron críticamente en las calles de Glasgow y de decenas de ciudades del mundo durante la COP26 para enfatizar que la “urgencia climática” debe ser la clave de interpretación de una sociedad humana en carrera acelerada hacia su autodestrucción.

Se acaba de cerrar el 2021 con tres frustraciones civilizatorias superpuestas: la no resuelta lucha contra el hambre; el perdido combate por el clima y la crisis pandémica. Trilogía de un sistema mundial en crisis, expresión de un planeta cada día más fragilizado. Las perspectivas para este año que acaba de comenzar son inciertas. Los múltiples niveles de crisis superpuestas continuarán vigentes. Los actores sociales con su movilización cotidiana pueden ser el factor determinante para revertirlas. Exigiendo justicia climática y social, así como alternativas agroecológicas y soberanas para confrontar el hambre creciente. Y movilizándose para liberar patentes de producción de medicamentos y democratizar universalmente la lucha desigual contra la pandemia

 

Fuente: CADTM