Por el Agua, desde Argentina #CuencaSI

En Ecuador hay elecciones presidenciales este 7 de febrero. Yaku Pérez, dirigente indígena y defensor ambiental, es el candidato de Pachakutik y uno de los tres candidatos con mayores posibilidades de pasar a una probable segunda vuelta. Nacido en la provincia de Azuay, fue elegido gobernador en 2019 y renunció a su cargo para asumir la candidatura a presidente. 

Entre sus muchos antecedentes se cuenta una férrea oposición a la megaminería y las muchas concesiones mineras -otorgadas por el gobierno central de Ecuador- que hoy amenazan a las fuentes de los 5 ríos que cruzan el cantón de Cuenca, ciudad capital de Azuay y la tercera ciudad más importante del país. Vaya entonces que este mismo 7 de febrero, en Cuenca se realizará además de la votación presidencial, una Consulta Popular vinculante, preguntando a la población si está de acuerdo en prohibir la minería a grande y mediana escala, para proteger a sus cinco ríos. 

El mecanismo de la Consulta Popular fue incorporado a la Constitución ecuatoriana cuando la misma fue reformada en 2008. En este caso, la petición fue impulsada por una gran coordinación de comunidades indígenas, movimientos ambientalistas y otros, asumida por el Concejo Cantonal de Cuenca y luego aprobada por la Corte constitucional y el Consejo Nacional Electoral. 

Desde YASunidos-Cuenca, uno de los movimientos centrales en esta lucha por detener la megaminería y mantenerla fuera de las áreas de recarga de los ríos, nos cuentan que siempre encontraron gran inspiración en el plebiscito de Esquel y las Iniciativas Populares de Chubut, así como la imponente lucha en Mendoza en defensa de su Agua y otras más de Argentina.

Apoyamos al pueblo de Cuenca en su lucha por el Agua, contra la megaminería. Su lucha es la nuestra, la de todos los pueblos que defendemos la vida, los derechos de los pueblos y de la naturaleza. Entre otras voces desde nuestro país, hicimos llegar los mensajes y videos de solidaridad de Adolfo Pérez EsquivelNora Cortiñas, Elsa Bruzzone por CEMIDA, Graciela Hermoso de la Asamblea Socioambiental del Este de Mendoza y AMPAP y las Mujeres del Agua, también de Mendoza y la AMPAP.  ¡FUERZA CUENCA! 

#Noalamegaminería #Elaguavalemásquesusganancias

#CuencaSI #PorTusRiosVotoSI  #todosporlosríosdeCuenca 

Fuente: Dialogo 2000

Audiencia de la primera demanda en Ecuador por la contribución de una petrolera al Cambio Climático

París, Quito, El Coca, 20 de enero de 2020.- El día de ayer, 19 de enero del 2021, se llevó a cabo la audiencia de acción de protección en contra de la empresa de capitales chinos PetrOriental, por su contribución al cambio climático provocado por la quema de gas en los mecheros que existen en sus pozos petroleos dentro Bloque 14.

La parte accionante presentó todos sus argumentos y fueron acompañados con los testimonios de expertas y expertos en el tema. En las intervenciones de ayer, Juan Enomenga, accionante y Presidente de la comuna Miwaguno inicio su intervención diciendo que la comuna había visto cambiar el clima en los últimos años, lo que había afectado la vida de su pueblo. Los abogados de los accionantes Julio Prieto y Pablo Fajardo dejaron claro que esta demanda no es por daños
ambientales directos del mechero a la población aledaña, sino por su contribución al Cambio climático y a su vez su manifestación a nivel local en este caso en el territorio del pueblo Waorani de Miwaguno.

Ivonne Yanez de Acción Ecológica señaló que tanto el gobierno chino como las empresas madre de PetrOriental, SINOPEC y CNPC, ya han anunciado políticas y medidas para combatir el cambio climático, lo cual incluye cambios tecnológicos y medidas de eficiencia energética, lo que de facto significa que para estar acorde con esto se debería cerrar los 3 mecheros que existen actualmente en el bloque 14.

Por su parte, Esperanza Martínez, abogada representante de la FIDH, recordó la directa relación de la vulneración de derechos humanos con el cambio climático, así como los instrumentos internacionales que se refieren a las responsabilidades de las empresas en cuanto a los derechos de los pueblos, como son los principios rectores de las
Naciones Unidas sobre empresas y Derechos Humanos u otros. Resalto también que el Ecuador es el país de los Derechos de la Naturaleza y que un fallo a favor de los demandantes, estaría orientado en este sentido.

Como pruebas, también se presentaron informes de expertas que señalaron como el cambio climático es percibido por los pobladores de Miwaguno, principalmente los Pikenani (mayores Waorani) quienes manifestaron a través de entrevistas diversos testimonios en donde cuentan que “ya no se cosecha como antes, el río crece causando mucho daño y que las lluvias son ahora menos frecuentes pero más fuertes a la vez.”

Finalmente se pidió a la empresa que reconozca su responsabilidad en el cambio climático y que cierre los mecheros y detenga la quema de gas en el Bloque 14.

La audiencia quedó suspendida en la noche de ayer y se reanudará el día 9 de febrero, donde se presentarán los testimonios de los Pikenani de la comuna de Miwaguno.

Cabe resaltar que dicha suspensión se dió porque los abogados de la empresa PetrOriental, al verse acorralados por los testimonios, impugnaron la validez del interprete perteneciente a la fiscalía que fue designado por la jueza. Los abogados de la petrolera realizaron esta acción como una estrategia para silenciar estas declaraciones, con el argumento de que no estaba apegado a la verdad y no estaba traduciendo correctamente lo que los accionantes estaban hablando en el idioma Waoterero.

Organizaciones y comunidad Waorani demandan a la empresa PetroOriental ante jurisdicción ecuatoriana por su contribución al cambio climático.

París, Quito, El Coca, 10 de diciembre de 2020.

Hoy, Día Internacional de los Derechos Humanos, la FIDH y su organismo miembro en Ecuador, Acción Ecológica, juntocon la Unión de Afectados por Texaco -UDAPT-, y miembros de la nacionalidad indígena Waorani, han depositado una acción constitucional ante el Estado ecuatoriano, exigiendo la protección de los derechos humanos y de la naturaleza por el impacto de actividades petroleras que contribuyen al cambio climático e implican irreversibles daños al equilibrio ecológico, y a la salud y calidad de vida de los pueblos indígenas.

La demanda presentada hoy ante la Corte Provincial de Justicia de Orellana denuncia a la empresa petrolera PetroOriental SA, subsidiaria de las transnacionales chinas China National Petroleum Corporation (CNPC) y China Petrochemical orporation (SINOPEC), por la quema y venteo de gas en los mecheros en el Bloque 14 durante la extracción de petróleo y la consecuente contaminación atmosférica y sus efectos directos en el cambio climático, lo cual constituye una permanente violación a los derechos humanos y de la naturaleza.

Las actividades petroleras que contribuyen al calentamiento global afectan a la humanidad entera, y en este caso a las personas cuyo sustento depende de los ciclos de la naturaleza para su subsistencia, como es el pueblo Waorani. Esta nacionalidad indígena vive en estrecho vínculo con el medioambiente, el río, el bosque.

La demanda presentada, mediante una acción de protección, pide que se cierren los mecheros y se termine con la
quema y el venteo de gas y que la empresa asuma su parte de responsabilidad y repare los daños causados por el impacto local de este fenómeno global. Proteger los ciclos de la naturaleza, prevenir y aminorar los efectos del cambio climático, es necesario para garantizar los derechos constitucionales de los habitantes de las comunidades afectadas, y prevenir futuras violaciones que pudieran reproducirse en circunstancias similares.

“El Ecuador, al ser signatario de la Convención de Cambio Climático de Naciones Unidas, asumió responsabilidades frente a la crisis climática ante la ciudadanía y la comunidad internacional. Si se acepta esta demanda y se falla a favor de los demandantes será un paso significativo en honor a estos compromisos, con los pueblos amazónicos, con la humanidad y el planeta entero,” señaló Maria Isabel Cubides, de la oficina de Mundialización de la FIDH.

La violación de los derechos constitucionales de los pueblos indígenas deriva de los efectos del cambio climático a
los que la quema contribuye con una importante emisión de gases de efecto invernadero, como dióxido de carbono (C02), metano, hollín, óxido nitroso, ozono y vapor de agua. Demostrando la interdependencia entre derechos humanos y protección de la naturaleza.

Testimonios de los ancianos de la comunidad dan cuenta de estos imactos. Pego Enomenga , anciano de la comunidad de Miwaguno recuerda: “Antes el río no crecía tanto. Estaban crecidos pero no se desbordaba. Ahora el agua cubre los cultivos. Hay mucha agua. Antes no existían destrozos. Ahora los cultivos se cubren de agua. Las casas parece que
se van en el río”.

Los efectos del cambio climático identificados en la zona van desde inundaciones irregulares e impredecibles, cambios
en los ciclos vegetales, pérdida de efectividad de los conocimientos ancestrales, sequías, afectaciones a la flora y fauna de la zona y su consecuente alteración de los ciclos de vida naturales, así como otros fenómenos derivados del cambio climático.

Esta demanda es la primera que se realiza sobre cambio climático en Ecuador, y puede dar un ejemplo al mundo de que se puede hacer justicia ante las crisis climáticas que sufren los pueblos.” Las organizaciones firmantes, junto a los Pikenani, -ancianos de la comunidad Waorani y parte accionante de esta demanda-, solicitamos al Estado ecuatoriano que se acepte la acción de protección interpuesta y en consecuencia, se declare la existencia de una violación de los derechos humanos y de la naturaleza, que se ordene el cese de los actos que dan origen a esta infracción como es la quema y venteo de gas en el Bloque 14 y que se establezca una efectiva reparación para todas las víctimas.

Contacto:

Ivonne Yánez, Acción Ecológica

ivonney@accionecologica.org

Fuente: Accion Ecologica

GUAYAQUIL: CUANDO LA MUERTE SALIÓ A LA CALLE

Casi nadie que viva conoce el olor a muerte, ni aun quienes trabajan con ella conocen su olor sincero, el que es sin químico ni hielo. En la provincia de Guayas ahora lo conocen y viven con el olor a muerte en sus gargantas. Luego de la crisis sanitaria que colapsó la gestión de la muerte, saben de qué se trata morir en medio de una pandemia.

Las muertes se sucedían una tras otra y entre las vecinas se compartían los materiales para envolver al muerto o para cortar el petulante olor: un reciclaje comunitario para compartir lo poco que había y se sabía para salir del horror. Cintas, sábanas, plásticos y bolsas; llamar aquí o allá, hacer fuego, quemarlo todo, quemar al muerto, mediatizarlo.

Guayas es una provincia del litoral ecuatoriano con 4.5 millones de habitantes y es el principal puerto del país. Ecuador actualmente es uno de los países de la región con la tasa de mortalidad más alta: 24,8 por cada 100.000 habitantes, calculada sobre la cifra oficial de muertes por Covid-19  como resultado de la prueba PCR (1). Sólo en Guayas han muerto más de 1.500. Entre el 1 y el 8 de abril el país llegó a su pico con un promedio de 1.000 muertes por día. Recién el 14 comenzaría a descender a las 700. Según el Observatorio Social del Ecuador existen inconsistencias en las cifras provinciales de personas fallecidas confirmadas con Covid-19 que emite el Centro de Operaciones de Emergencias Nacional.

Durante abril, imágenes con ataúdes apostados en las calles y en las entradas de los hogares inundaron las pantallas. En ese momento, un enorme velatorio colectivo hubiese podido copar toda Guayaquil y sus alrededores. Como ciudad capital de la provincia de Guayas reúne casi el 70% de lxs habitantes y es también la segunda más poblada de Ecuador.

Vamos a contar la historia de Kattia Ponce Anastacio, una mujer que convivió con el cadáver de su tío cinco días sin que Criminalística llegara a retirarlo. Cuando por fin se lo llevaron le dijeron algo que Kattia no imaginó que pudiese cumplirse y hoy lo entiende como una profecía:

– Esta es la última vez que lo ve, no sé sabe qué va a pasar con el cuerpo – le contestaron.

Eso fue en su casa de la parroquia Febres Cordero, la madrugada del 1 de abril de 2020. Desde entonces, Kattia y un centenar de personas reclaman por la aparición de los cuerpos de sus familiares fallecidxs en el contexto del nuevo coronavirus. El Estado reconoce que no puede dar ninguna respuesta sobre el paradero. No los llaman desaparecidos pero en realidad es lo que son, algunos ni siquiera tienen acta de defunción. Hay familias que recibieron cuerpos equivocados y hay otros cuerpos que siguen sin aparecer. La vida de Kattia y su familia ha sido un continuo y todavía parece que el cuerpo del tío está en el mismo mueble donde murió, apretado en capas de plástico transparente junto a la muerte que sigue en su sala.

Freddy David Anastacio Alvarado tenía 65 años y una diabetes controlada, que no le impedía trabajar y llevar una vida activa junto a la familia. Era el tío materno de Kattia y eran muy cercanos:

–él nos ayudaba y nosotros lo ayudábamos – recuerda Kattita, como él la llamaba con cariño.

Aunque tenía hijos, Freddy la quería como a una hija propia y por eso elegía vivir con ella en su casa de la calle Nicolás Augusto González.

La parroquia Febres Cordero es el barrio más extenso y poblado de toda Guayaquil, constituido a partir de las migraciones campo-ciudad, catalogado como nido de delincuencia, también se ha convertido en lugar de procesos de reconversión urbana para el negocio inmobiliario.

Cuando la pandemia dejó de ser noticia del otro lado del mundo y llegó a las calles de Guayaquil, el tío Freddy comenzó a sentir dolores corporales y una fuerte tos que lo mantenía postrado. Una semana después, con cuidados y agüitas, él no mejoraba y la preocupación familiar hizo que el 25 de marzo fueran al Hospital de Guayaquil. Como no presentaba fiebre, síntoma asociado al Covid19, se negaron a darle atención y lo enviaron a su casa.

Kattia se lamenta al pensar que si él hubiese sido atendido, hoy estaría con vida.

Dicen que ya en ese momento había personas enfermas hasta en los baños del hospital por la falta de camas y oxígeno.

De ahí a la muerte masiva era sólo un paso.

Volvieron al hospital a los dos días porque el tío empeoraba y el 911 nunca respondió a sus llamadas: una vez allí les dijeron que no podían hacer nada por él. A las 6 de la tarde de ese día falleció en su cama de enfermo, un mueble típico de una sala de estar.

No teníamos valor para sacarlo a la calle

Antes, nuestros pueblos preexistentes, enterraban a sus muertos. Sabían cómo hacerlo, había quienes se preparaban especialmente para acompañar y contener en esas situaciones. Todavía, en algunos rincones de este mundo, hay comunidades campesinas, indígenas, que también saben cómo hacerlo. Conservar los cuerpos, respetar su memoria, garantizar su descanso y armonía con el todo.

La conformación del Estado Nación, como gran administrador de la sociedad vino también a administrar la muerte y organizar su burocracia. La desnaturalización y extrañamiento de la muerte fue parte del ideario impuesto por la colonización que invadiría abya yala a mediados del siglo XV.

Achille Mbembe, un filósofo camerunés planteó en 2011 el concepto de necropolítica para entender cómo la vida se subordina al poder de la muerte en África. Dice que la proliferación de armas y mundos de muerte, lugares donde las personas se encuentran tan excluidas que en realidad viven como muertas vivientes, son una muestra de que en los territorios del sur global existe una política de la muerte, en lugar de una política de la vida. Morimos porque estamos marginadas, empobrecidas, racializadas, esclavizadas. En ese sentido, el covid19 no ha igualado a nadie sino que ataca justo en las desigualdades más profundas.

El 911, número global para llamar ante las emergencias, también colapsó durante la crisis sanitaria en Guayas. La familia de Kattia y lxs vecinxs llamaban sin parar y desde distintos teléfonos con igual respuesta. Ese insoportable llame y llame circular que nunca encontraba atención del otro lado del satélite, en algún momento contestó: informaron entonces que el tío había muerto en su casa y que necesitaban que se lo llevaran; por protocolo dijeron que en las próximas tres horas irían a su domicilio.

En la espera pasaron cinco días. Las personas que vivían junto a Kattia y Freddy pasaban día y noche afuera, porque el olor era invivible y no tenían valor para sacar al muerto a la calle, como tantxs de sus vecinxs habían hecho.

Sin trabajo ni dinero, con lo poco que tenían, intentaban que el muerto conservara su dignidad y se mantuviera lo mejor posible, respetando a su vez a quienes vivían en las casas linderas conviviendo con el olor a muerte.

La noche del 31 de marzo Kattia hizo un último llamado desesperado al 911, amenazante dijo que si no buscaban el cuerpo de su tío iba a subir fotos y videos a las redes sociales.

– Todo el mundo está sacando a sus familiares a las veredas y están subiendo fotos, hágalo – le dijeron.

El descuido en la vida y en la muerte

La creatividad siempre ha estado del lado de los pueblos. Y después de días de esperar a que el Estado ecuatoriano se llevara al muerto, la familia de Kattia tomó la iniciativa de mediatizar lo que estaban viviendo. Decidieron incendiar el mueble que se había convertido en lecho de muerte del tío, filmarlo y difundirlo para que se volviera viral.

El mueble estaba impregnado del olor a muerte y ya nadie podía soportarlo. Primero tuvieron que mover el cuerpo y lo apoyaron en el piso, envuelto en un sin fin de nuevos plásticos que intentaban contener el mal olor y evitar que los líquidos se desparramaran. La hoguera se quería hacer en la calle pero el sillón no pasaba por la puerta y hubo que probar distintas maneras para sacarlo, la peripecia no fue fácil. Al mismo tiempo había que intentar tocar todo lo menos posible y mantener los tapabocas, guantes y cubre zapatos puestos, porque en medio de toda la tragedia familiar y la tristeza infinita de perder a un ser querido, no eran inmunes a la pandemia que estaba azotando a la ciudad.

Una vez afuera, al sillón se le sumaron las sábanas y la ropa que había estado en contacto con el cadáver y arrastraba el olor a muerte. Descargando la impotencia por no poder enterrar al muerto y seguir adelante, lxs familiares se fueron desprendiendo también de su ropa, para que todo junto se quemara para siempre.

Una se pregunta cuánto le cuesta a una familia trabajadora de la parroquia Febres Cordero comprar muebles para su casa o ropa para vestirse, pero en un contexto desesperado, esta se presentó como la única opción viable.

La madrugada del 31 de marzo, la periodista Silvie Chávez publicó el video de Kattia sobre la quema del mueble en twitter con un texto que aseguraba que estaban quemando el cuerpo de  Freddy. Antes del amanecer la policía llegó a la casa de Kattia con la acusación de que había quemado el cadáver del tío, pero el olor a muerte enseguida les demostró que seguía ahí. Un ejemplo de cómo las fake news pueden usarse como mecanismo de presión popular frente a un Estado ausente y negador.

Sin embargo, la policía que llegó a su casa tampoco podía llevarse al muerto, ejemplo de cómo la burocracia se mantiene intacta en una crisis sanitaria. Kattia les suplicó que llamaran al departamento de Criminalística, porque las tres horas del 911 se habían convertido en una tortura de cinco días.

Cuando finalmente llegaron los funcionarios, completaron el formulario de defunción del Instituto Nacional de Estadística y Censos con los datos de Freddy David Anastacio Alvarado, quien habría fallecido de una neumonía no especificada.

–¿A dónde se lleva el cuerpo de mi tío?– preguntó Kattia.

– Esta es la última vez que lo ve, no sé sabe qué va a pasar con el cuerpo – Aun con esa respuesta vaga, le informaron que lo llevaban al Hospital del Guasmo Sur, dependiente del Ministerio de Salud Pública de Ecuador. Es un institución ampliamente cuestionada en el contexto de la pandemia, con una investigación en curso por presunta negligencia de parte de funcionarios en el manejo de identificación de cadáveres y otra pesquisa por un posible sobreprecio en la adquisición de bolsas para cadáveres.

El 19 de mayo, en medio de un allanamiento, la policía descubrió treinta cuerpos sin identificar en un contenedor del Hospital del Guasmo Sur y se estima que en total son más de 150, algunos en avanzado estado de descomposición.

Cuando Kattia fue a reclamar el cuerpo de su tío para el entierro le dijeron que no estaba registrado su ingreso pero que a cambio de 50 dólares un camillero podía buscar el cadáver en los contenedores que amontonaban lxs muertxs. Muchas personas pagaron pero los cuerpos no aparecieron. La familia de Kattia no tenía ese dinero y ese día comenzó su peregrinación por instituciones para dar con el cuerpo de Freddy.

Kattita no quiere conjeturar sobre qué sucedió con el cuerpo de su tío, solamente quiere verlo y llevarlo a camposanto. Las funerarias y cementerios también vivieron el colapso, aunque aprovecharon la desesperación de la población para aumentar los valores de sus servicios; la familia de Kattia se acercó a Parque La Paz, una empresa que reúne a una decena de cementerios privados de Guayaquil, brindando variedad de opciones para la muerte en mausoleos, nichos, bóvedas y lotes, al mismo tiempo que realiza misas y charlas virtuales sobre el universo funerario.

Mientras buscaban el cuerpo del tío, quisieron ganar tiempo y reservar una bóveda en Parque La Paz, una fila de personas de al menos un kilómetro tenía las mismas intenciones, reservar un lugar para el ser querido.

Los camposantos en Guayaquil también extendieron sus lotes y aumentaron su trabajo haciendo espacio para los ataúdes que se amontonaban sin entierro. Profesionales de la salud estaban cobrando hasta 300 dólares para completar los formularios que exigían en el cementerio para otorgar bóveda. Es que el capitalismo impuesto, incluso en pandemia global, hace que ni siquiera puedas enterrar a tu muerto si estás empobrecida.

Quizás esa llamada sin contestar, el hospital que se niega a brindar atención a Freddy, una kilométrica fila para comprar en dólares una bóveda en un cementerio, la acusación siempre al pueblo, los cadáveres amontonados en contenedores y cuerpos desaparecidos, son la perfecta metáfora para explicar que lo que sucedió en Guayaquil no fue solamente una crisis sanitaria sino el colapso de la gestión de la muerte en un mundo donde la necropolítica es LA política.

Desaparecidxs del Covid19 en Guayaquil

En la actualidad existe discrecionalidad en el manejo de la información en Ecuador. Según el Observatorio Social de Ecuador, el Centro de Operaciones de Emergencias Nacional no cruza datos con el registro de defunciones a cargo de la Dirección General de Registro Civil, Identificación y Cedulación, por lo que la cifra de muertes no corresponde aún a la realidad. El Observatorio creó el sitio web www.covid19ecuador.org donde se sistematiza la información oficial, aunque aclaran que no hay acceso a datos desagregados para poder realizar una comprensión integral de los efectos de la pandemia en al población.

Kattia y otras personas que también buscan los cuerpos de sus familiares han tenido reuniones, visitado oficinas, brindado entrevistas, hecho plantones y presentaciones judiciales exigiendo por su aparición. La última semana de junio un juez aceptó una acción de protección presentada por la Defensoría del Pueblo sobre el extravío de cuerpos durante la emergencia, reconociendo la vulneración de derechos de las víctimas.

Para Kattia es una buena noticia, la aparición del Estado luego de tres meses de interrogantes. Ella aun no puede creer el vuelco que dio su vida, la forma en que tuvo que salir a la visibilidad pública y dar entrevistas contando la terrible historia de su familia, que es la de toda Guayaquil.

En este momento en que el dinero y la comida escasean terriblemente, Kattia rescata la unión familiar frente al desastre, la solidaridad frente al desespero.

Por: Ayelén Correa Ruau

(1) Reacción en Cadena de Polimerasa, por sus siglas en inglés.

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