GUAYAQUIL: CUANDO LA MUERTE SALIÓ A LA CALLE

Casi nadie que viva conoce el olor a muerte, ni aun quienes trabajan con ella conocen su olor sincero, el que es sin químico ni hielo. En la provincia de Guayas ahora lo conocen y viven con el olor a muerte en sus gargantas. Luego de la crisis sanitaria que colapsó la gestión de la muerte, saben de qué se trata morir en medio de una pandemia.

Las muertes se sucedían una tras otra y entre las vecinas se compartían los materiales para envolver al muerto o para cortar el petulante olor: un reciclaje comunitario para compartir lo poco que había y se sabía para salir del horror. Cintas, sábanas, plásticos y bolsas; llamar aquí o allá, hacer fuego, quemarlo todo, quemar al muerto, mediatizarlo.

Guayas es una provincia del litoral ecuatoriano con 4.5 millones de habitantes y es el principal puerto del país. Ecuador actualmente es uno de los países de la región con la tasa de mortalidad más alta: 24,8 por cada 100.000 habitantes, calculada sobre la cifra oficial de muertes por Covid-19  como resultado de la prueba PCR (1). Sólo en Guayas han muerto más de 1.500. Entre el 1 y el 8 de abril el país llegó a su pico con un promedio de 1.000 muertes por día. Recién el 14 comenzaría a descender a las 700. Según el Observatorio Social del Ecuador existen inconsistencias en las cifras provinciales de personas fallecidas confirmadas con Covid-19 que emite el Centro de Operaciones de Emergencias Nacional.

Durante abril, imágenes con ataúdes apostados en las calles y en las entradas de los hogares inundaron las pantallas. En ese momento, un enorme velatorio colectivo hubiese podido copar toda Guayaquil y sus alrededores. Como ciudad capital de la provincia de Guayas reúne casi el 70% de lxs habitantes y es también la segunda más poblada de Ecuador.

Vamos a contar la historia de Kattia Ponce Anastacio, una mujer que convivió con el cadáver de su tío cinco días sin que Criminalística llegara a retirarlo. Cuando por fin se lo llevaron le dijeron algo que Kattia no imaginó que pudiese cumplirse y hoy lo entiende como una profecía:

– Esta es la última vez que lo ve, no sé sabe qué va a pasar con el cuerpo – le contestaron.

Eso fue en su casa de la parroquia Febres Cordero, la madrugada del 1 de abril de 2020. Desde entonces, Kattia y un centenar de personas reclaman por la aparición de los cuerpos de sus familiares fallecidxs en el contexto del nuevo coronavirus. El Estado reconoce que no puede dar ninguna respuesta sobre el paradero. No los llaman desaparecidos pero en realidad es lo que son, algunos ni siquiera tienen acta de defunción. Hay familias que recibieron cuerpos equivocados y hay otros cuerpos que siguen sin aparecer. La vida de Kattia y su familia ha sido un continuo y todavía parece que el cuerpo del tío está en el mismo mueble donde murió, apretado en capas de plástico transparente junto a la muerte que sigue en su sala.

Freddy David Anastacio Alvarado tenía 65 años y una diabetes controlada, que no le impedía trabajar y llevar una vida activa junto a la familia. Era el tío materno de Kattia y eran muy cercanos:

–él nos ayudaba y nosotros lo ayudábamos – recuerda Kattita, como él la llamaba con cariño.

Aunque tenía hijos, Freddy la quería como a una hija propia y por eso elegía vivir con ella en su casa de la calle Nicolás Augusto González.

La parroquia Febres Cordero es el barrio más extenso y poblado de toda Guayaquil, constituido a partir de las migraciones campo-ciudad, catalogado como nido de delincuencia, también se ha convertido en lugar de procesos de reconversión urbana para el negocio inmobiliario.

Cuando la pandemia dejó de ser noticia del otro lado del mundo y llegó a las calles de Guayaquil, el tío Freddy comenzó a sentir dolores corporales y una fuerte tos que lo mantenía postrado. Una semana después, con cuidados y agüitas, él no mejoraba y la preocupación familiar hizo que el 25 de marzo fueran al Hospital de Guayaquil. Como no presentaba fiebre, síntoma asociado al Covid19, se negaron a darle atención y lo enviaron a su casa.

Kattia se lamenta al pensar que si él hubiese sido atendido, hoy estaría con vida.

Dicen que ya en ese momento había personas enfermas hasta en los baños del hospital por la falta de camas y oxígeno.

De ahí a la muerte masiva era sólo un paso.

Volvieron al hospital a los dos días porque el tío empeoraba y el 911 nunca respondió a sus llamadas: una vez allí les dijeron que no podían hacer nada por él. A las 6 de la tarde de ese día falleció en su cama de enfermo, un mueble típico de una sala de estar.

No teníamos valor para sacarlo a la calle

Antes, nuestros pueblos preexistentes, enterraban a sus muertos. Sabían cómo hacerlo, había quienes se preparaban especialmente para acompañar y contener en esas situaciones. Todavía, en algunos rincones de este mundo, hay comunidades campesinas, indígenas, que también saben cómo hacerlo. Conservar los cuerpos, respetar su memoria, garantizar su descanso y armonía con el todo.

La conformación del Estado Nación, como gran administrador de la sociedad vino también a administrar la muerte y organizar su burocracia. La desnaturalización y extrañamiento de la muerte fue parte del ideario impuesto por la colonización que invadiría abya yala a mediados del siglo XV.

Achille Mbembe, un filósofo camerunés planteó en 2011 el concepto de necropolítica para entender cómo la vida se subordina al poder de la muerte en África. Dice que la proliferación de armas y mundos de muerte, lugares donde las personas se encuentran tan excluidas que en realidad viven como muertas vivientes, son una muestra de que en los territorios del sur global existe una política de la muerte, en lugar de una política de la vida. Morimos porque estamos marginadas, empobrecidas, racializadas, esclavizadas. En ese sentido, el covid19 no ha igualado a nadie sino que ataca justo en las desigualdades más profundas.

El 911, número global para llamar ante las emergencias, también colapsó durante la crisis sanitaria en Guayas. La familia de Kattia y lxs vecinxs llamaban sin parar y desde distintos teléfonos con igual respuesta. Ese insoportable llame y llame circular que nunca encontraba atención del otro lado del satélite, en algún momento contestó: informaron entonces que el tío había muerto en su casa y que necesitaban que se lo llevaran; por protocolo dijeron que en las próximas tres horas irían a su domicilio.

En la espera pasaron cinco días. Las personas que vivían junto a Kattia y Freddy pasaban día y noche afuera, porque el olor era invivible y no tenían valor para sacar al muerto a la calle, como tantxs de sus vecinxs habían hecho.

Sin trabajo ni dinero, con lo poco que tenían, intentaban que el muerto conservara su dignidad y se mantuviera lo mejor posible, respetando a su vez a quienes vivían en las casas linderas conviviendo con el olor a muerte.

La noche del 31 de marzo Kattia hizo un último llamado desesperado al 911, amenazante dijo que si no buscaban el cuerpo de su tío iba a subir fotos y videos a las redes sociales.

– Todo el mundo está sacando a sus familiares a las veredas y están subiendo fotos, hágalo – le dijeron.

El descuido en la vida y en la muerte

La creatividad siempre ha estado del lado de los pueblos. Y después de días de esperar a que el Estado ecuatoriano se llevara al muerto, la familia de Kattia tomó la iniciativa de mediatizar lo que estaban viviendo. Decidieron incendiar el mueble que se había convertido en lecho de muerte del tío, filmarlo y difundirlo para que se volviera viral.

El mueble estaba impregnado del olor a muerte y ya nadie podía soportarlo. Primero tuvieron que mover el cuerpo y lo apoyaron en el piso, envuelto en un sin fin de nuevos plásticos que intentaban contener el mal olor y evitar que los líquidos se desparramaran. La hoguera se quería hacer en la calle pero el sillón no pasaba por la puerta y hubo que probar distintas maneras para sacarlo, la peripecia no fue fácil. Al mismo tiempo había que intentar tocar todo lo menos posible y mantener los tapabocas, guantes y cubre zapatos puestos, porque en medio de toda la tragedia familiar y la tristeza infinita de perder a un ser querido, no eran inmunes a la pandemia que estaba azotando a la ciudad.

Una vez afuera, al sillón se le sumaron las sábanas y la ropa que había estado en contacto con el cadáver y arrastraba el olor a muerte. Descargando la impotencia por no poder enterrar al muerto y seguir adelante, lxs familiares se fueron desprendiendo también de su ropa, para que todo junto se quemara para siempre.

Una se pregunta cuánto le cuesta a una familia trabajadora de la parroquia Febres Cordero comprar muebles para su casa o ropa para vestirse, pero en un contexto desesperado, esta se presentó como la única opción viable.

La madrugada del 31 de marzo, la periodista Silvie Chávez publicó el video de Kattia sobre la quema del mueble en twitter con un texto que aseguraba que estaban quemando el cuerpo de  Freddy. Antes del amanecer la policía llegó a la casa de Kattia con la acusación de que había quemado el cadáver del tío, pero el olor a muerte enseguida les demostró que seguía ahí. Un ejemplo de cómo las fake news pueden usarse como mecanismo de presión popular frente a un Estado ausente y negador.

Sin embargo, la policía que llegó a su casa tampoco podía llevarse al muerto, ejemplo de cómo la burocracia se mantiene intacta en una crisis sanitaria. Kattia les suplicó que llamaran al departamento de Criminalística, porque las tres horas del 911 se habían convertido en una tortura de cinco días.

Cuando finalmente llegaron los funcionarios, completaron el formulario de defunción del Instituto Nacional de Estadística y Censos con los datos de Freddy David Anastacio Alvarado, quien habría fallecido de una neumonía no especificada.

–¿A dónde se lleva el cuerpo de mi tío?– preguntó Kattia.

– Esta es la última vez que lo ve, no sé sabe qué va a pasar con el cuerpo – Aun con esa respuesta vaga, le informaron que lo llevaban al Hospital del Guasmo Sur, dependiente del Ministerio de Salud Pública de Ecuador. Es un institución ampliamente cuestionada en el contexto de la pandemia, con una investigación en curso por presunta negligencia de parte de funcionarios en el manejo de identificación de cadáveres y otra pesquisa por un posible sobreprecio en la adquisición de bolsas para cadáveres.

El 19 de mayo, en medio de un allanamiento, la policía descubrió treinta cuerpos sin identificar en un contenedor del Hospital del Guasmo Sur y se estima que en total son más de 150, algunos en avanzado estado de descomposición.

Cuando Kattia fue a reclamar el cuerpo de su tío para el entierro le dijeron que no estaba registrado su ingreso pero que a cambio de 50 dólares un camillero podía buscar el cadáver en los contenedores que amontonaban lxs muertxs. Muchas personas pagaron pero los cuerpos no aparecieron. La familia de Kattia no tenía ese dinero y ese día comenzó su peregrinación por instituciones para dar con el cuerpo de Freddy.

Kattita no quiere conjeturar sobre qué sucedió con el cuerpo de su tío, solamente quiere verlo y llevarlo a camposanto. Las funerarias y cementerios también vivieron el colapso, aunque aprovecharon la desesperación de la población para aumentar los valores de sus servicios; la familia de Kattia se acercó a Parque La Paz, una empresa que reúne a una decena de cementerios privados de Guayaquil, brindando variedad de opciones para la muerte en mausoleos, nichos, bóvedas y lotes, al mismo tiempo que realiza misas y charlas virtuales sobre el universo funerario.

Mientras buscaban el cuerpo del tío, quisieron ganar tiempo y reservar una bóveda en Parque La Paz, una fila de personas de al menos un kilómetro tenía las mismas intenciones, reservar un lugar para el ser querido.

Los camposantos en Guayaquil también extendieron sus lotes y aumentaron su trabajo haciendo espacio para los ataúdes que se amontonaban sin entierro. Profesionales de la salud estaban cobrando hasta 300 dólares para completar los formularios que exigían en el cementerio para otorgar bóveda. Es que el capitalismo impuesto, incluso en pandemia global, hace que ni siquiera puedas enterrar a tu muerto si estás empobrecida.

Quizás esa llamada sin contestar, el hospital que se niega a brindar atención a Freddy, una kilométrica fila para comprar en dólares una bóveda en un cementerio, la acusación siempre al pueblo, los cadáveres amontonados en contenedores y cuerpos desaparecidos, son la perfecta metáfora para explicar que lo que sucedió en Guayaquil no fue solamente una crisis sanitaria sino el colapso de la gestión de la muerte en un mundo donde la necropolítica es LA política.

Desaparecidxs del Covid19 en Guayaquil

En la actualidad existe discrecionalidad en el manejo de la información en Ecuador. Según el Observatorio Social de Ecuador, el Centro de Operaciones de Emergencias Nacional no cruza datos con el registro de defunciones a cargo de la Dirección General de Registro Civil, Identificación y Cedulación, por lo que la cifra de muertes no corresponde aún a la realidad. El Observatorio creó el sitio web www.covid19ecuador.org donde se sistematiza la información oficial, aunque aclaran que no hay acceso a datos desagregados para poder realizar una comprensión integral de los efectos de la pandemia en al población.

Kattia y otras personas que también buscan los cuerpos de sus familiares han tenido reuniones, visitado oficinas, brindado entrevistas, hecho plantones y presentaciones judiciales exigiendo por su aparición. La última semana de junio un juez aceptó una acción de protección presentada por la Defensoría del Pueblo sobre el extravío de cuerpos durante la emergencia, reconociendo la vulneración de derechos de las víctimas.

Para Kattia es una buena noticia, la aparición del Estado luego de tres meses de interrogantes. Ella aun no puede creer el vuelco que dio su vida, la forma en que tuvo que salir a la visibilidad pública y dar entrevistas contando la terrible historia de su familia, que es la de toda Guayaquil.

En este momento en que el dinero y la comida escasean terriblemente, Kattia rescata la unión familiar frente al desastre, la solidaridad frente al desespero.

Por: Ayelén Correa Ruau

(1) Reacción en Cadena de Polimerasa, por sus siglas en inglés.

(2)

 

Acción Ecológica: Recuperar la naturaleza en las ciudades

Acción Ecológica Propone- Agenda Ecologista para la Transición #4

Las ciudades experimentaron grandes cambios durante este tiempo de confinamiento por la emergencia sanitaria debido a la pandemia del COVID-19. Uno de estos cambios fue un temporal respiro ambiental.

Los índices de contaminación del aire en el Distrito Metropolitano de Quito (DMQ) descendieron totalmente, los niveles de ruido igual, así como se dio una recuperación de parques y quebradas. Fue posible el avistamiento de especies que normalmente no ocurre; imágenes de volcanes, amaneceres y atardeceres circularon en redes sociales mostrando un paisaje normalmente oculto por la polución.

La emergencia hizo evidente la existencia de redes de producción de alimentos, de huertas urbanas, normalmente invisibles por la vorágine urbana. Al mismo tiempo, políticas erradas como el cierre de ferias agroecológicas, el decomiso de alimentos de pequeños comerciantes y las dificultades para garantizar el abastecimiento de alimentos sanos, dejaron al descubierto las limitaciones institucionales y el desconocimiento de mecanismos para potenciar la comercialización de alimentos.

Caminatas y transporte en bicicleta mostraron su utilidad y las primeras medidas urbanas de movilidad fueron encaminadas a la construcción de ciclovías emergentes.

Esto nos debe llevar a repensar el modelo urbano construido, a tomar medidas para mantener y sostener esta pausa ambiental y lograr que las medidas que adoptemos se encaminen a la recuperación de la naturaleza en la ciudad y a garantizar el sostenimiento de sus habitantes. Es cuestión de prioridades.

PROPUESTAS

Hacia una transición energética urbana

La energía que usemos puede marcar la diferencia, no solo para hacer frente al cambio climático, sobre todo para tener un ambiente sano que fortalezca nuestra capacidad para enfrentar actuales y nuevas enfermedades. La transición energética no es solo un asunto de cambio climático, es también de salud pública.

Una de las claves para enfrentar la post emergencia está en el tránsito del uso de combustibles fósiles a energías renovables, limpias y descentralizadas; destinar recursos a sistemas de transporte público alternativo; eliminar los subsidios a los sistemas de transporte contaminantes existentes.

El modelo de desarrollo sigue siendo expansivo a pesar de la supuesta retórica de cambio. Se sigue posicionando al automóvil privado como el modo de transporte de preferencia y se invisibiliza los graves efectos que tiene en la sociedad, el ambiente y el espacio público.

Implementar un modelo de transporte público sostenible para el DMQ significa una transición energética hacia medios de transporte no contaminantes (eléctricos), como medida encaminada a enfrentar el cambio climático y a su vez para enfrentar crisis como la actual. Las ciclovías deben pasar de emergentes a permanentes.

La limitación que el transporte público tendrá por mucho tiempo lleva a pensar en que se tiene que mantener el teletrabajo en los sectores que se pueda, y preparar el espacio público para recibir a todos las y los ciudadanos que ya no pueden quedarse más en casa por supervivencia.

El sistema de transporte debe ser multimodal y garantizar la accesibilidad universal. Por razones económicas, ambientales, de salud pública y de justicia social, es hora de avanzar hacia la municipalización del transporte público en el DMQ, cuyo control ha estado en manos de grupos de poder privado durante demasiado tiempo. La manera de implementar la transición energética y la mejora del servicio es la municipalización del transporte público en el Distrito.

Otras acciones como modificar el calentamiento de agua basado en el gas o la electricidad por sistemas solares también son parte de este cambio de matriz energética, que además contribuyen a alcanzar otras sustentabilidades, como la reducción del consumo de agua.

Transformar el espacio urbano

La movilidad y el espacio público son dos caras de la misma moneda y van de la mano de la política pública de planificación y construcción de un nuevo modelo de desarrollo urbano, que debe recuperar el espacio público para la gente.

La necesidad de implementar intervenciones urbanas que nos permitan generar espacios para la gente en medio de la pandemia y de cara al distanciamiento físico, es aún más urgente. La creación de muchas más zonas seguras para bicicletas y peatones, es imperativo. La flexibilidad del uso de los carriles asignados a las personas, para espacio de juego y recreación.

La invitación a cambiar el modelo de desarrollo a uno compacto nos permitirá trabajar de manera más efectiva los espacios públicos vitales para que cada barrio logre implementar la tan deseada ciudad de los 15 minutos de cercanía. Las tiendas, la zapatería, la lavandería, la panadería, el carpintero, y otros servicios, dinamizan los barrios y se vuelven necesarios para evitar las grandes concentraciones y desplazamientos.

Que la creación de ciclovías emergentes vaya de la mano con la necesaria protección a la población en las aceras; las aceras siguen siendo uno de los espacios más olvidados de la ciudad, al seguir manteniendo ese silencio cómplice sobre su mal uso como estacionamiento.

Esta es una oportunidad histórica para cambiar la faz de esta ciudad; una que cuando llueva no permita que la gente sea bañada por los autos que pasan a velocidades extremas, una que cuando hace sol, encontremos espacios de sombra y descanso. Una que devuelva la autonomía social a los niños, niñas, adolescentes y adultos mayores; una que más allá del tema actual de la salud, nos permita tener el espacio adecuado para caminar o conversar con algún vecino o amigo del barrio.

Salir del círculo vicioso de creer que el auto es la extensión de los pies y sobre todo superar la idea de que esa es la realidad de todos. Menos de la cuarta parte de la población se moviliza en auto privado y hoy, más que nunca, ese 62% que viajaba en bus, va a necesitar las condiciones para optar por caminar o ir en bici.

La ciudad no sólo debe mirarse a sí misma, debe volver la mirada al campo

En estos tiempos de pandemia se hizo visible el rol vital del campo para alimentar a la ciudad. No sólo hay que recuperar los espacios públicos para garantizar el disfrute, con espacio para arbolado y vegetación que sean parte importante del paisaje; hay que recuperarlos para quese conviertan en lugar de encuentro, intercambio, producción y comercialización de alimentos sanos. Hay que fortalecer la presencia de las ferias agroecológicas en los barrios.

Hay que transformar los parques en laboratorios urbanos, en centros de investigación para la producción de alimentos, de plántulas para los huertos familiares, de arbolado urbano con plantas nativas, en jardines botánicos para la salud. Terrenos baldíos y públicos bien pueden destinarse a la producción de alimentos orgánicos en las ciudades, tan necesarios para desarrollar un segmento económico importante de empleo e ingresos familiares urbanos.

No solo tenemos que mirar a lo rural como el lugar de donde nos abastecemos de energía y alimentos, debemos también preocuparnos de lo que les enviamos de retorno , de lo que la ciudad excreta. Es momento de reducir la cantidad de desechos sólidos que generamos, de tratar las aguas residuales que descargamos a quebradas y ríos. Es necesario separar los desechos en la fuente, adoptar como acciones concretas la separación de desechos domiciliaria y comercial, apoyar el trabajo de recicladores, elaborar ordenanzas para prohibir los plásticos de un solo es imprescindible, al mismo tiempo que se incentiva a quienes reducen la generación de desechos sólidos y comercializan con envases retornables.

El derecho a la ciudad y la naturaleza con derechos

La naturaleza con derechos también significa recuperar la ciudad para sus habitantes. La democracia, el ambiente y la salud no pueden ir separados.

Si las decisiones que se toman sobre lo público tienen cada vez menos acuerdos sociales, durante la emergencia sanitaria ha sido peor. Con la gente recluida, con espacios de encuentro prohibidos, se vuelve aún más imprescindible democratizar la toma de decisiones, la participación y acuerdos para las políticas que se implementen. Que no medren quienes siempre se han beneficiado de los recursos y las políticas excluyentes.

Propuestas y voces ciudadanas urbanas existen, y han sido muy activas en demandar cambios urbanos, que han sido planteados durante mucho tiempo desde el cabildo cívico por ciudadanos, organizaciones barriales, comunas, gremios, ecologistas. Son actores sociales que se organizan para crear canastas y redes de solidaridad y pueden hacer sus barrios vivibles y solidarios. Son quienes deben decidir sobre sus espacios y como los quieren transformar. Que sepan los administradores urbanos que estamos vigilantes de las acciones que realicen y de las decisiones que tomen de espaldas a la sociedad.

Acción Ecológica

ACCÍON ECOLÓGICA: LA RED 5G, ¿OTRA PANDEMIA?


Acción Ecológica Opina- Serie Coronavirus #13

Los actuales teléfonos celulares utilizan ondas electromagnéticas de radiofrecuencia para transmitir y recibir señales (1). De acuerdo a la tecnología y el método que utilizan, se les conoce como 3G o 4G. Pero recientemente ha surgido una nueva generación de red inalámbrica, la “5G”, que utiliza ondas electromagnéticas con frecuencias más altas, exponiendo a la salud humana y el ambiente a riesgos severos.

Justamente para enfrentar los peligros de las ondas electromagnéticas la Organización Mundial de la Salud creó el Proyecto Internacional EMF (2) y existe la Comisión Internacional sobre Protección a Radiaciones No-ionizantes (ICNIRP). Esta última ha establecido restricciones (3) al uso de la Red 5G por la posible afectación a la salud desde niveles leves a agudos y crónicos.

Ya se conoce que los teléfonos celulares y las ondas wifi penetran en el cuerpo humano y provocan un aumento de la temperatura en los tejidos, pudiendo ocasionar daños en los mismos si la exposición es elevada. También causan problemas de salud como trastornos del sueño, problemas de memoria o déficit de atención en niños y niñas. La Agencia Internacional de Investigación sobre el Cáncer (IARC) de la OMS concluyó en 2011 que, dependiendo del rango de radiofrecuencias, los campos electromagnéticos pueden ser cancerígenos para los seres humanos (4). Todos estos efectos nocivos serán mucho peores con la tecnología 5G: podrían aparecer alteraciones del ritmo cardíaco, cambios genéticos y del metabolismo, deterioro cognitivo, alteraciones en la función y calidad de los espermatozoides, daños neurológicos (5) o cáncer cerebral.

Muchos representantes de organizaciones ambientalistas, científicos y médicos, conscientes de los efectos perjudiciales para los seres humanos y el medio ambiente, han hecho llamados internacionales para detener la implantación de la red 5G en la tierra y en el espacio. Sostienen que el “despliegue de la 5G constituye un experimento sobre la humanidad y el medio ambiente que bajo el prisma del derecho internacional puede definirse como un crimen contra la humanidad (6)”. Con estos llamados, a los cuales miles de personas se siguen sumando, se pide una moratoria a la red 5G, considerando los severos riesgos para los humanos de esta nueva tecnología (7) e incluyen cientos de referencias a estudios, muchos de los cuales también dan cuenta del impacto sobre la flora y la fauna. Hormigas, insectos voladores, aves, anfibios, roedores, mamíferos, árboles y otros animales y plantas, inclusive el mundo microbiano, no podrán escapar de las ondas 5G, por lo cual se pueden alterar muchos ciclos biológicos. Por ejemplo, para las abejas y otros insectos polinizadores significará una mayor desgracia, siendo un factor determinante para la agricultura mundial (8).

Una característica de la red 5G es el uso de una tecnología en forma de haz, que permite que los campos electromagnéticos se enfoquen más directamente, por ejemplo, sobre una persona que está usando su celular. Para esto se requiere la instalación de antenas en cada cuadra y serán millones de estaciones conectadas a más de 20.000 satélites adicionales en el espacio. Esto hará que el nivel de exposición a las ondas electromagnéticas de alta frecuencia sea constante y extremo. Nadie podrá escapar. Se calcula que hoy en día todo ser humano ya está rodeado de miles de aparatos que emiten ondas electromagnéticas, muchos de ellos con conexión inalámbrica. Al terminar el 2020 más de 25 mil millones de dispositivos en el mundo estarán conectados a internet, muchos de los cuales a través de los celulares. Es lo que se conoce como el Internet de las Cosas (9). La siguiente fase será el Internet de las Personas (10). Algunos marcapasos para el corazón ya tienen conexión a internet, o empresas en Estados Unidos que han colocado chips subcutáneos a sus empleados. Esto supone un elevado riesgo para su salud porque son altamente cancerígenos (11). Con la tecnología 5G esto será aun peor. La industria de la salud (farmacéuticas, seguros, hospitales privados, y hasta compañías de defunciones) anhela que cada ser humano lleve un chip bajo la piel. Pero, aun sin necesidad de chips dentro de las personas, solo con nuestros teléfonos conectados a la tecnología 5G, los sistemas de vigilancia podrán acceder a la vida privada de todas las personas para saber qué enfermedades tienes, qué comes, qué compras, qué lees, con quién hablas o te reúnes.

En el Ecuador ya se pretende el despliegue de la red 5G. Con el artículo 4 de la Política del Ecuador Digital (12), se quiere “Fomentar la licitación de espectro de nuevas bandas para la masificación de 4G y despliegue de 5G, impulsando tecnologías emergentes como el Internet de las Cosas y Big Data”, y “Facilitar el despliegue de redes 5G y fibra óptica al hogar, para mejorar la creciente demanda de calidad y capacidad en la transmisión de datos”. Al parecer nadie que redactó estos artículos en el Ministerio de Telecomunicaciones del Ecuador se había dado el trabajo de leer al menos una parte de la extensa bibliografía que hay sobre los impactos de la red 5G. O acaso, ¿no será que intereses corporativos transnacionales de la comunicación están detrás de la red 5G sin importarles los cuestionamientos científicos y la salud de los 17 millones de ecuatorianos y ecuatorianas?

El despliegue de la 5G en Ecuador no solo que contradice el artículo 73 de la Constitución, como parte de los Derechos de la Naturaleza, que dice que el “Estado aplicará medidas de precaución y restricción para las actividades que puedan conducir a la extinción de especies, la destrucción de ecosistemas o la alteración permanente de los ciclos naturales”; sino que también vulnera el artículo 313 que señala que el Estado administrará, regulará, controlará y gestionará los sectores estratégicos de conformidad con los principios de sostenibilidad ambiental, precaución y prevención.

Con base en el principio de precaución se debe impedir que la tecnología 5G sea desplegada en nuestro país. Ya hay experiencias similares: el cantón suizo de Ginebra, el Concejo Municipal de Roma, parlamentarios alemanes y británicos, han pedido detener el despliegue de las redes 5G en sus jurisdicciones hasta que existan estudios científicos independientes que demuestren que no son perjudiciales para la salud humana y el ambiente.

Pero en algunos otros países ya se está utilizando ampliamente la tan cuestionada tecnología. Si bien el uso de celulares y la red 5G no tiene que ver con el aparecimiento de la pandemia, actualmente, el nuevo coronavirus está sirviendo como justificación para el despliegue de la 5G (13). Según el gobierno chino la 5G podría servir para mitigar el impacto económico provocado por la pandemia, y para esto promoverá el desarrollo integrado de internet industrial, redes de automóviles y atención médica, todos 5G plus. Esto se acoplará al Sistema de Crédito Social (SCS) chino, con el cual, según el filósofo surcoreano Byung-Chul Han (14), no hay “ningún momento de la vida cotidiana que no esté sometido a observación. Se controla cada clic, cada compra, cada contacto, cada actividad en las redes sociales. A quien cruza con el semáforo en rojo, tiene trato con críticos del régimen o pone comentarios críticos en las redes sociales, le quitan puntos; por el contrario, a quien compra por Internet alimentos sanos o lee periódicos afines al régimen le dan puntos. Quien tiene suficientes puntos obtiene un visado de viaje o créditos baratos, pero quien cae por debajo de un determinado número de puntos podría perder su trabajo. En China es posible esta vigilancia social porque hay un irrestricto intercambio de datos entre los proveedores de Internet y de celulares y las autoridades”. Así, mientras contiene al virus, con la tecnología 5G el gobierno chino podría recopilar millones de datos individuales y colectivos de la población para futuros usos.

En Ecuador, a través de las redes sociales todo lo que hacemos está en la nube, registrado, monitoreado, interpretado y utilizado en función del mercado; con la red 5G, esta situación llegará hasta un control social extremo, junto a las otras tecnologías como el Big Data, el Internet de las Cosas, los análisis predictivos, la Inteligencia Artificial, la machine learning, el blockchain (15), los sistemas de inteligencia del Estado, de quererlo, podrían llegar a saber todo lo que cada persona dice o hace, en dónde y con quién.

La 5G es mucho más que telefonía celular, es algo impredecible para la salud, al ambiente, y la sociedad. Así, con el miedo implantado por el Covid-19, cualquier crítica a la vigilancia digital podría ser acallada. Ninguna persona, animal o planta estará libre del alcance de las ondas 5G, ni de la vigilancia constante. Resulta atemorizante saber que la 5G con sus miles de satélites y cámaras infrarrojas estará en todas partes, siguiéndonos. Y cuando el virus amaine, esta tecnología servirá para que los gobiernos puedan perseguir, reprimir a las personas y acallar las voces críticas.

 

ACCIÓN ECOLÓGICA

8 de abril de 2020

 

FUENTES Y MÁS INFORMACIÓN:

(1) OMS. ¿Qué son los campos electromagnéticos? https://www.who.int/peh-emf/about/WhatisEMF/es/
(2) OMS. INTERNATIONAL EMF PROJECT. Campos electromagnéticos y salud pública.https://www.who.int/docstore/peh-emf/publications/facts_press/fact_spanish.htm
(3) ICNIRP. Guidelines for limiting exposure to electromagnetic fields (100 kHZ to 300 GHZ). 2020.https://www.icnirp.org/cms/upload/publications/ICNIRPrfgdl2020.pdf
(4) OMS. Agencia Internacional de Investigación sobre el Cáncer. IARC classifies radiofrequency electromagnetic fields as possibly carcinogenic to humans. 2011. https://www.iarc.fr/wp-content/uploads/2018/07/pr208_E.pdf
(5) Torres. et al. 2001. Los campos electromagnéticos en la telefonía celular y su interacción con el sustrato neuronal. Chile. https://www.redalyc.org/pdf/114/11400901.pdf
(6) Llamamiento internacional para detener la implantación de la red 5G en la Tierra y en el espacio. 2015. https://static1.squarespace.com/static/5b8dbc1b7c9327d89d9428a4/t/5dbf71116164d93f9b72940e/1572827412595/Llamamiento+internacional+para+detener+la+implantaci%C3%B3n.pdf
(7) LLamamiento de ciéntificos por una Moratoria de la 5G. 2017http://www.peccem.org/Llamamiento.EU.5G.Appeal.2017.html
(8) Naranjo, et al. De la A a la Z. Abejas y polinización en Ecuador y el mundo. Acción Ecológica. 2019.http://www.rallt.org/PUBLICACIONES/Polinizadores%20de%20la%20A%20la%20Z.pdf
(9) https://es.wikipedia.org/wiki/Internet_de_las_cosas
(10) El cuerpo humano será el centro del ‘Internet de las Cosas’. 2014. https://www.ticbeat.com/tecnologias/el-cuerpo-humano-sera-el-centro-del-internet-de-las-cosas-infografia/
(11) “Conectar nuestros cuerpos a Internet: ¿evolución o amenaza?” La Vanguardia. 2019.https://www.lavanguardia.com/tecnologia/20191212/472183647294/internet-cambios-en-nuestra-vida-inteligencia-artificial-internet-de-las-cosas.html
(12) Ecuador. MINISTERIO DE TELECOMUNICACIONES. Acuerdo Ministerial 15. Registro Oficial 69 de 28/10/2019. https://www.derechoecuador.com/registro-oficial/2019/10/registro-oficial-no69–lunes-28-de-octubre-de-2019
(13) En el Capítulo 1, Temporada 3 (Caída en picada) de la serie de ciencia ficción de la televisión británica BLACK MIRROR se recrea un mundo en el que todo funciona con un puntaje social que puede ser calificado a través de los teléfonos celulares. El SCS de China no es ciencia ficción, es una realidad
(14) La emergencia viral y el mundo de mañana. Byung-Chul Han, el filósofo surcoreano que piensa desde Berlín. El País, España. https://elpais.com/ideas/2020-03-21/la-emergencia-viral-y-el-mundo-de-manana-byung-chul-han-el-filosofo-surcoreano-que-piensa-desde-berlin.html?ssm=whatsapp
(15) Ver: NATURALEZA 2.0: BITCOIN, BLOCKCHAIN Y EL NUEVO EXTRACTIVISMO.https://www.naturalezaconderechos.org/2019/09/02/segundo-dialogo-sobre-derechos-de-la-naturaleza-ciencias-para-una-naturaleza-con-derechos/#more-15189 y https://www.youtube.com/watch?v=CB4HjNAsRxY&t=416s

 

Fuente: https://www.facebook.com/notes/acción-ecológica/la-red-5g-otra-pandemia/2844845698941390/

Deuda Ecológica y Coronavirus

El coronavirus puso en la agenda internacional la urgencia de suspender los pagos de la deuda externa de los países del Sur, para atender la crisis sanitaria y alimentaria. A pesar de ello y de las demandas de organizaciones e instituciones del Ecuador para que el Gobierno suspenda el pago de los Bonos Global 2020, en este mes de marzo, en plena crisis del virus, lo pagó aduciendo la necesidad de hacerlo para poder acceder a nuevos créditos. El Ecuador destina actualmente más de 7.000 millones de dólares anuales para pago de deudas. Suspender este pago implicaría contar con recursos propios para atender a la crisis y no recurrir a nuevo endeudamiento.

Uno de los aportes desde el ecologismo fue establecer una relación directa de la deuda externa con la devastación ambiental, a eso llamamos deuda ecológica. La ecuación es sencilla, a más deuda más devastación.

En la base de la pandemia están los impactos sociales, económicos y ambientales porque se alteraron las relaciones dentro del mundo natural. Y el sistema de endeudamiento fue una de las causas que provocó este desbalance.

Por un lado están los condicionamientos y ajustes sociales y ambientales que se han aplicado a través de los acuerdos con el FMI y el BM, para garantizar el pago de la deuda externa, lo que ha significado mayor empobrecimiento de la población y la actual crisis de los sistemas de salud, que no pueden responder a la emergencia sanitaria para combatir el COVID19.

Por otro, la deuda externa ha sido uno de los mecanismos para impulsar la explotación petrolera y minera, expansión del agronegocio, construcción de represas y grandes infraestructuras, que han causado deforestación, pérdida de biodiversidad, contaminación por desechos industriales del suelo, aire y fuentes de agua, provocando enfermedades, desnutrición y desplazamiento de poblaciones hacia las ciudades en situaciones de marginación lo que agrava las condiciones de contagio del virus.

La deuda externa ha generado así una inmensa deuda social y ecológica con los pueblos del Sur. Ya no sólo se trata de la deuda con las economías tradicionales del norte global, sino también con los países emergentes, particularmente con China. El Ecuador adeuda a China más de 6000 millones de dólares. Tras esta deuda se encuentra la explotación minera a gran escala, ampliación de la frontera petrolera, construcción de represas e hidroeléctricas, que además de ser un fracaso tecnológico, han provocado destrucción ambiental. Recordemos cómo desapareció la más bella cascada del Ecuador. Debido a los compromisos adquiridos por el endeudamiento ahora se pretende entrar al Yasuní, a sacar petróleo cuyo valor no compensa ni el de la extracción.

El coronavirus afecta a toda la humanidad y da lecciones a todos los países. Nos dice que es más importante la salud que la economía, que la salud debe ser pública y democrática, que no se puede actuar a espaldas de la sociedad, que la transparencia de la información es la mejor protección y sobre todo que el planeta está poniéndonos límites.

La antigua agenda del No pago de la deuda externa recobra vigencia. Se deben suspender los pagos y anular la deuda externa, y utilizar estos fondos para responder de forma inmediata y adecuada a la crisis sanitaria, alimentaria y económica en especial de los pueblos y de sectores con mayor riesgo, debido a sus condiciones sociales, económicas y ambientales. También se debe detener la contratación de nuevo endeudamiento que significará continuar esclavizados a condicionamientos y pagos de la deuda y sus inconmensurables impactos.

Pero la deuda ecológica es más vigente que nunca. No se trata solamente del empobrecimiento y saqueo de las economías del Sur, ni de contar con recursos para la salud de los seres humanos, esto sería una visión antropocéntrica. Se trata de recuperar las posibilidades de que la especie humana se mantenga en el planeta, ya no como una plaga, sino como parte de las relaciones de armonía y cuidado de la casa común. Y aquí las poblaciones hoy empobrecidas tienen mucho que decir, saben vivir con menos recursos, mantienen, a pesar de la globalización, del FMI y del BM, selvas, territorios y relaciones de complementariedad que deben ser protegidas.

Si algo nos ha enseñado el coronavirus es la necesidad urgente de parar este modelo capitalista y sus mecanismos de saqueo, y buscar una transición hacia formas de vida autónomas, comunitarias y armónicas con la naturaleza.

Esto significa replantearnos relaciones de igualdad, complementariedad y colaboración entre las personas, las sociedades y la naturaleza. Respetar la diversidad cultural y natural, las formas de vida de los pueblos indígenas, campesinos, afrodescendientes, pescadores, sus territorios y autodeterminación. Priorizar el cuidado de la tierra, el agua, el aire y las posibilidades de reproducción de la vida. Garantizar las mejores condiciones para la producción agroecológica campesina y precautelar la soberanía alimentaria de los pueblos. Repensar las economías locales y nacionales y la solidaridad internacional. Transformar las ciudades en lugares sustentables. Propender al consumo consciente, sano y respetuoso del ambiente. Transitar hacia la soberanía energética, alternativa y descentralizada. Promover formas de organización democrática, participativa y autónoma para la toma de decisiones locales, nacionales e internacionales. Restaurar de forma integral los ecosistemas afectados por las actividades extractivas, agronegocio, megainfraestructuras. Conservar y defender los derechos de la naturaleza; garantizar el sumak kawsay para las actuales y futuras generaciones.

ACCIÓN ECOLÓGICA

PAGAR ES MORIR: ¡QUEREMOS VIVIR!

Tiempos excepcionales exigen medidas excepcionales y coordinadas de manera internacional. Si lo primordial para el gobierno ecuatoriano – y demás gobiernos latinoamericanos – es la vida humana, la moratoria y renegociación inmediata de las deudas externas es urgente.

«Cuando un Estado se ve en la necesidad de declararse en quiebra,

lo mismo que cuando un individuo se ve en tal necesidad,

entonces una quiebra limpia, abierta y confesada

es la medida que a la vez menos deshonra al deudor

y menos perjudica al acreedor.»

-Adam Smith (1776)

La prioridad de la Humanidad debe ser la lucha por la vida. La pandemia mundial del coronavirus ha jaqueado al planeta. Incluso, se ha acelerado la tendencia hacia una nueva crisis financiera global (que ya se veía venir), quizá mucho más grave que la crisis de 2007-2009. Tal situación puede ir cerrando el acceso al financiamiento desde los mercados internacionales, tema complejo sobre todo para aquellos países exportadores de un petróleo cuyo precio se va acercando a mínimos históricos de un poco más de 20 dólares por barril.

Semejante contexto plantea al Ecuador un período muy difícil: los ingresos petroleros son nulos (o hasta negativos); la emisión de nueva deuda externa en los mercados internacionales es casi inviable (mucho más con un índice de riesgo país que marca más de 3.600 puntos); prácticamente carecemos de instrumentos de política monetaria y cambiaria, pues estamos atados a una moneda que se aprecia en momentos que los países vecinos viven fuertes devaluaciones de sus monedas locales; y, lo más grave, es la existencia de un sistema de salud frágil y golpeado por toda una época de “austeridad”. Estamos obligados, más que nunca, a llevar un manejo responsable y humano de los recursos del país.

En este punto, las deudas pesan. Luego del intento histórico en 2008 de auditar la deuda pública, el Ecuador pronto volvió al endeudamiento irresponsable. Al inicio se lo hizo con China, y luego, incluso cuando los precios del crudo bordeaban los 100 dólares por barril, en 2014 el gobierno de entonces retomó relación con el Fondo Monetario Internacional (FMI) para bendecir la colocación de bonos en los mercados financieros. Desde entonces, el endeudamiento externo sobre todo vía bonos creció drásticamente, en condiciones costosas en términos de tasas de interés y plazos. Para colmo, el actual gobierno no ha podido contener el endeudamiento agresivo pese a los acuerdos que alcanzó con organismos multilaterales, con el FMI a la cabeza. Acuerdos que han intentado imponer condiciones que profundizan la condición del Ecuador de mero exportador de materias primas, y abaratar agresivamente la mano de obra en compensación a la falta de política cambiaria.

Como resultado de semejante dinámica, a enero de 2020 el Ecuador registró una deuda pública externa de 41.769 millones de dólares, de los cuales: 6.057 millones corresponden al saldo de deuda con China; 11.980 millones corresponden a deuda mantenida con organismos internacionales (BID, CAF, Banco Mundial, FMI y otros); 18.857 millones corresponden a deuda en bonos cuyo vencimiento fluctúa entre 2020 y 2035; y 4.875 millones corresponden a deudas con bancos y otros acreedores menores. A esto cabe agregar 16.790 millones de deuda interna, concentrada principalmente en bonos vendidos al Banco del IESS, el BIESS. En total, la deuda pública – a enero de 2020 – asciende a 58.559 millones de dólares.

Estos saldos demuestran un problema estructural serio develado en especial desde fines de 2014: por más deuda que se adquiera, la economía ecuatoriana (y sobre todo el empleo) no ha sido capaz de superar un estancamiento de más de 5 años (2015-2020). Pero aún más urgente es la implicación inmediata de esa deuda: para marzo de 2020 el país debe pagar 1.230 millones de dólares por servicio de deuda pública (capital e intereses), distribuidos en 944,4 millones para deuda externa y 285,8 millones de deuda interna. Del pago por deuda externa destacan 325 millones correspondientes al vencimiento del saldo de los Bonos Global 2020, deuda que no impugnó oportunamente el gobierno anterior.

En momentos que el país necesita volcar todos los recursos posibles a enfrentar la crisis sanitaria del coronavirus, el pago de 1.230 millones de dólares por servicio de la deuda pública simplemente es inhumano. Ninguna obligación financiera puede estar por encima de la urgencia de salvar vidas. Por ello, consideramos que durante el tiempo que dure la crisis del coronavirus, el Ecuador debe suspender el servicio de su deuda pública. Pero no debería hacerlo de forma arbitraria (danto pretextos a los mercados financieros para ampliar la especulación reflejada en el riesgo país). Más bien, Ecuador debe alegar una suspensión del servicio de la deuda por razones humanitarias, e invitar de urgencia a otros países de la región a pronunciarse, como es el caso dramático de Argentina.

A partir de un pronunciamiento coordinado y con el mayor respaldo regional posible, se podría incluso forzar una moratoria generalizada de deuda externa, como sucedió en 1931 y 1932: el “Año Hoover”, impulsado por el presidente estadounidense Herbert Hoover (que llegó tarde, por cierto, y ya no pudo frenar lo peor de la gran recesión de los años 30). Con una moratoria en el pago y en el cobro del servicio de la deuda externa, sin sanciones de ninguna especie, sobre todo los países más vulnerables podrán enfrentar con mayores recursos la crisis del coronavirus e incluso la recesión que se nos viene encima. Tanto las grandes potencias, como los organismos multilaterales y la banca internacional, deberían entender el momento y aceptar la moratoria.

Por su parte, los organismos multilaterales como el FMI deberían facilitar recursos a los países más vulnerables. En ese punto, y pensando que la crisis del coronavirus quizá dure meses, el Ecuador podría acudir a los Instrumentos de Financiación Rápida del FMI, buscando plazos y tasas de interés excepcionales. Mientras, se debería solicitar al Banco Mundial el apoyo en programas urgentes de expansión de capacidad instalada hospitalaria.

Tiempos excepcionales exigen medidas excepcionales y coordinadas de manera internacional. Si lo primordial para el gobierno ecuatoriano – y demás gobiernos latinoamericanos – es la vida humana, la moratoria y renegociación inmediata de las deudas externas es urgente. Hoy las palabras de ese gran luchador en contra de la deuda externa, fallecido prematuramente en el año 2000, Manolo Barreno, adquieren total sentido: “Pagar es morir, queremos vivir”.-

Sociedades al Aislamiento y Aislados al Exterminio

Acción Ecológica Opina- Serie Corona Virus #2
El coronavirus pareciera ser un ejercicio de simulación de aquellos estrenados en películas en donde la crisis de salud se enfrenta con medidas militares, en refugios y con sistemas individualistas de protección. Es una crisis en la que se ocultan otros problemas de salud, la respuesta es el miedo y se restringen los espacios de la solidaridad e inclusive el de los afectos.

Ya se ha señalado que la epidemia del coronavirus COVID-19 es un reflejo de la degradación ambiental. Las enfermedades transmitidas de animales a seres humanos están creciendo a medida que los hábitats naturales son destruidos y son invadidos por especies introducidas que van dejando de ser biodiversos; se crean condiciones para un solo tipo de especie invasora o para el monocultivo y granjas de animales.

La Amazonía, al igual que otros territorios biodiversos, vive un problema por la reducción y fragmentación de hábitats por la contaminación petrolera, por la expansión minera y por la proliferación de especies invasoras, con problemas de deforestación y cambios en el clima.

El deterioro ambiental también debilita los sistemas inmunológicos de las poblaciones humanas. Para la gente en la Amazonía, por ejemplo, la contaminación petrolera ha significado el cáncer, desnutrición y empobrecimiento en general.

Mucho saben los pueblos indígenas del impacto de los virus, que exterminaron pueblos enteros por su inocencia inmunológica. En América, la llegada de los europeos esa vez significó la muerte del 90% de la población amerindia en los primeros 100 años de conquista y colonización.

En Ecuador el pueblo Waorani, por ejemplo, sufrió un exterminio masivo por el virus de la gripe cuando entraron las operaciones petroleras en su territorio, porque los trabajadores portaban virus para los que ellos no tenían defensas, ni conocimientos propios de cómo tratarlos. De igual manera entró la Hepatitis B y D, afectando casi a la mitad de la población adulta Waorani, en ciertos lugares de su territorio. Algo similar ocurrió con el pueblo Tsáchila, impactado por la viruela a fines del siglo XIX y principios del siglo XX tras incursiones asociadas con la explotación del caucho. Hoy, en esos territorios sacrificados, aun viven pueblos que transitan libres por la selva.

Pero la crisis del coronavirus, de acuerdo al Ministro de Recursos Naturales No Renovables obligará al país a aumentar la explotación de todo lo que se pueda, lo más rápido posible. Petróleo y minería están en la mira para generar recursos para la crisis. Entre lo anunciado están las 8 plataformas dentro del área de amortiguamiento de la zona intangible, que es el territorio de los Pueblos Tagaeri y Taromenane en situación de Aislamiento Voluntario.

Se ha suspendido el ingreso de turistas al Yasuní. Pero ¿y el ingreso de las petroleras? Tomemos en cuenta que la presencia de los técnicos y trabajadores petroleros es una amenaza letal. Muchos de esos trabajadores son población de riesgo porque viajan, tienen familiares que vienen de algunos de los territorios más golpeados por el coronavirus: China y España. La mayoría de empresas de servicios y operadoras en el Yasuní son de China, entre estas CNPC, Andes Petroleum, Petroriental, Sinopec y CPEB, y la más antigua es española, la REPSOL.

Aun superándose esta crisis, ese virus vino para quedarse. Si algo ha aprendido la humanidad sobre los virus, es que se multiplican, se dispersan y mutan. La sola amenaza de iniciar operaciones en el Ishpingo es una sentencia de muerte para los Tagaeri y Taromenane.

¿Qué se va a hacer para blindar a los pueblos del Yasuní, de reciente contacto y sin contacto, del contagio de este nuevo virus? La historia nos dice cuán frágiles son a estas enfermedades virales.

Ojalá, que de la crisis que vivimos nos quede la sensibilidad e inteligencia para actuar preventivamente. Para protegernos y proteger a los demás, para reforzar los lazos de humanidad y solidaridad, y no para aprovecharla, como lo anticipa la doctrina del shock, tomando medidas que en otras situaciones resultarían inaceptables: privatización de campos petroleros -como el de Sacha-, o pasar por alto las prohibiciones de minería a gran escala. Ojalá que las declaraciones del nuevo Ministro de Recursos Naturales No Renovables no pasen de ser el típico exabrupto que resulta del miedo, para enfrentar la crisis que estamos viviendo.

ACCIÓN ECOLÓGICA