Orígenes e historias de los días de muertos en México

“Nuestro culto a la muerte es culto a la vida”, escribió Octavio Paz en su ensayo El laberinto de la soledad. Por la manera en la que celebramos la muerte, los mexicanos nos convertiríamos en aquel pueblo que, en lugar de temerle, la conmemora con felicidad. ¿De dónde viene esta actitud ante el deceso? Las opiniones se dividen entre un origen prehispánico y otro cristiano.

Entierros prehispánicos

Desde el Pleistoceno —alrededor del año 13000 a.C. — en las cuevas de lo que hoy es Quintana Roo, se desarrollaron rituales ligados a la defunción. En el Preclásico prehispánico —entre 2000 a.C. y 200 d.C. —, aparece una amplia diversidad de tradiciones funerarias regionales: entierros bajo las casas en el centro de México o sepulturas en espacios alejados en el Occidente del país. En el periodo Clásico —200 a 900 d.C. — destacan las variaciones en las imaginerías mortuorias: mientras la iconografía maya abunda en representaciones de inframundos acuáticos poblados por animales y seres semidescarnados, las maquetas de las tumbas de tiro1 se limitan a replicar la existencia de los vivos.

​Los relatos de viajes a espacios míticos son frecuentes en los documentos sobre las civilizaciones prehispánicas que se redactaron tras la Conquista. El relato de la travesía de los gemelos del Popol Vuh por el Xib’alb’a alude a ríos, barrancos y árboles espinosos, al cruce de un raudal de sangre y otro de agua y a la llegada de los hermanos a seis casas donde los señores de la muerte los ponen a prueba. Son también frecuentes en muchas zonas de México las menciones de difuntos que, transformados en animales, estrellas, dioses o montañas, intervienen en la existencia de los vivos.

Sobre las costumbres mexicas se describieron ceremonias a los fallecidos que tenían lugar en, al menos, nueve de las dieciocho veintenas del ciclo anual. En esos momentos, el pueblo guerrero del altiplano celebraba danzas, cantos y la confección de ofrendas que variaban en función de la clase social a la que pertenecían los muertos. En los códices Tudela y Telleriano-Remensis, algunos de los compiladores consideran que tales rituales eran análogos a las fiestas cristianas de Todos Santos y los Fieles Difuntos. Tal vez a partir de estas comparaciones es que nació la idea de las raíces prehispánicas de la celebración del Día de Muertos.

Saturnino Herrán, *La ofrenda*, 1913.

Las costumbres cristianas

Si bien la rememoración de los propagadores del cristianismo había sido importante desde el inicio del culto, fue en 609, cuando el papa Bonifacio IV instituyó el Día de Todos los Santos al dedicar el Panteón de Roma —que antes evocaba a los dioses paganos— a la Virgen y los santos mártires, para lo cual se trasladaron reliquias desde distintas catacumbas de la ciudad. En el siglo VIII se comenzó a honrar también a los apóstoles, los confesores y los justos. Gregorio IV (827-844) extendió la solemnidad a toda la Iglesia latina y desplazó la fecha al 1 de noviembre, la época del año en que los infieles solían celebrar ritos paganos por el fin de las cosechas. La fiesta integró, desde entonces, elementos celtas y romanos subsistentes en distintas regiones de Europa.

​            A finales del siglo X, San Odilón de Cluny asignó la fecha del 2 de noviembre para la conmemoración general de los muertos en la fe. La contigüidad con el Día de Todos los Santos, intercesores de la humanidad, propició que pronto la nueva fiesta fuera adoptada por otras congregaciones y diócesis. La idea del Purgatorio, aceptada por la Iglesia en 1274 y ratificada por el Concilio de Trento en 1563, también jugó un papel importante en la difusión de la conmemoración del Día de los Fieles Difuntos, que se convirtió en una forma de socorrer a las almas en pena con rezos y limosnas. Así, los cristianos adquirieron la posibilidad de ganar la salvación para sus muertos y para sí mismos a través de la realización de obras pías.

El sincretismo novohispano

Con esos antecedentes, los evangelizadores en la Nueva España se encontraron en una compleja situación: si las semejanzas con los rituales prehispánicos facilitaban la difusión de Todos Santos y el Día de los Fieles Difuntos, esas mismas similitudes entrañaban el riesgo de confusión. Así se expresaba al respecto Diego Durán:

“Como ellos tenían sus fiestas de difuntos, una de difuntos menores y otra de mayores creo —y sin creo— podremos afirmar que mezclaran algo de ello con nuestra fiesta de difuntos […] Preguntando yo por qué fin se hacía aquella ofrenda el día de los santos, respondiéronme que hacían aquello por los niños, que así lo usaban antiguamente”.

​La dedicación del día de Todos los Santos a los niños sería, a la postre, una de las particularidades que adquirieron en México estas celebraciones.

​Con la celebración de los días de muertos y la idea del Purgatorio, se propagó también la imaginería barroca: capillas y altares mostraban calaveras, esqueletos y una Muerte antropomorfizada (imágenes de raigambre prehispánica) asociados a las almas en el fuego siendo socorridas por santos. La finalidad era infundir en la población que vivía un complejo mestizaje, una conciencia sobre la finitud de la existencia y la necesidad de prepararse para la salvación. La fundación de numerosas cofradías de la Buena Muerte y de las Ánimas del Purgatorio contribuyó a mantener estos cultos en toda la sociedad y a tejer una red de solidaridad entre vivos y muertos, y entre ricos y pobres, a través de la caridad. En varias ciudades había animeros que, por las noches, recorrían las calles pidiendo, con una campanilla, limosnas para sufragio de las almas. Parece factible que de ahí se desprendieran, en parte, cultos populares como los del Ánima Sola o la Santa Muerte.

La muerte barroca

Durante la Colonia, las ceremonias a los muertos llegaron a extenderse por todo noviembre, “el mes de las ánimas”. En estas celebraciones había dos vertientes, una pública y otra privada.

​En el ámbito más visible destaca la exposición, en diferentes templos, de reliquias para su veneración durante Todos Santos. También se montaban estructuras de cuerpo escalonado, llamadas catafalcos de ánimas, sobre las que se exponían imágenes y textos alusivos a la muerte. Doblaban las campanas todo el día 2 y, al término de la misa, se llevaba a cabo una procesión por las iglesias con responsos2 en cada sepultura. En estas fechas se trasladaban los huesos de las parroquias a los osarios adyacentes, con vigilia y misa cantada.

​Por otro lado, los dones alimentarios constituyeron el rasgo más importante de la esfera doméstica. En España se hacía, sobre las tumbas de las iglesias, una ofrenda de pan, vino y cera, denominada “oblada”; los presentes permanecían durante la misa y luego eran recogidos por los curas. En algunas regiones solía repartirse un pan llamado “bodigo” (término derivado de votivo) junto con otras comidas, a personas desfavorecidas que, de alguna manera, representaban a los desamparados del Purgatorio, en cuyo honor se hacía el socorro. Tales usos llegaron a América y es posible que, para personas indígenas, las ofrendas de los europeos sobre las sepulturas tuvieran correspondencia con su costumbre de alimentar a los muertos. Esta clase de prácticas resultaron especialmente atractivas a la población por permitirle el desarrollo de una relación de reciprocidad directa con las ánimas: los fieles hacían sufragios para su pronta liberación y, a cambio, los muertos intercedían por ellos al alcanzar la Gloria.

Sin embargo, la Iglesia era una institución que cobraba cuotas por diversos servicios religiosos. El interés de algunos sectores sociales por evitarlas, así como por perpetuar ritos mortuorios no canónicos —como el Cabo de Año—,3 propició que, a la larga, predominaran las ceremonias privadas sobre las públicas y se popularizaran los altares familiares. Claudio Lomnitz se refiere a ello como la “domesticación del culto a los muertos”.

La muerte se moderniza

Mientras aquí se volvían cada vez más espectaculares las ceremonias a los difuntos, en el Viejo Mundo la Ilustración había conducido a una actitud más sobria. Aunque provinieran de Europa, para las élites educadas y los viajeros de los siglos XVIII y XIX, algunas prácticas ya resultaban extravagantes. Durante las Reformas Borbónicas, el racionalismo que imperaba en el gobierno condujo, por razones sanitarias, a modificar las costumbres de sepultura: los entierros dejaron de hacerse en las iglesias para trasladarse a panteones a las afueras de las poblaciones. La muerte ahora parecía algo que debía mantenerse distante de la cotidianidad y aquellos símbolos mortuorios que antes inspiraban temor, como las calaveras, ahora se empleaban con humor e ironía.

​Al tiempo que inventaban el culto conmemorativo a los héroes nacionales, cuyos restos se trasladaban a lugares de honor, los gobiernos de distintas facciones que se sucedieron a lo largo del muy convulso primer siglo de la época independiente (el XIX), tuvieron que decidir si las fiestas del 1 y el 2 de noviembre habían de preservarse o suprimirse. Varios sectores las vieron como símbolos de atraso; sin embargo, después de su triunfo, los liberales optaron por mantenerlas debido al costo político que hubiera implicado su eliminación.

​La ritualidad pública comenzó a adquirir un aire festivo en las grandes urbes. En la Plaza de Armas de la Ciudad de México, además de ofrecerse diversos productos, se vendían juguetes y golosinas y se presentaban espectáculos alusivos a la muerte. Bajo el gobierno del emperador Maximiliano, se popularizaron las representaciones de Don Juan Tenorio, de José Zorrilla, obra romántica que otorga un papel destacado a los difuntos. Textos como los de Guillermo Prieto e Ignacio Manuel Altamirano señalan que ricos y pobres se encontraban distanciados, tanto en el pomposo paseo del Zócalo —que para el Porfiriato se había extendido a la Alameda— como en las visitas al cementerio. No sin prejuicio, afirman que el abundante consumo de pulque por parte de los menos favorecidos durante la costumbre de ir a “llorar el hueso” solía provocar desorden.

​Fue en ese ambiente de tensiones de clase que, durante las últimas décadas del siglo XIX, la prensa comenzó a difundir aquellos textos que, con el nombre de calaveras, recurrían al tema de la muerte para satirizar la manera idealizada en que la oficialidad trataba a ciertos personajes públicos. A la par, los grabadores Manilla y Posada publicaban imágenes en las que, a fin de mostrar su obsolescencia, representaban como esqueletos a los porfiristas.

​La desmedida mortalidad que provocó la Revolución marcaría, luego, una violenta ruptura con la tradición decimonónica. La reconstrucción ideológica emprendida a inicios del siglo XX condujo a la revaloración de la cultura popular como atributo de identidad; mejores tecnologías de la información, como el cine y la radio, facilitaron la propagación por el orbe de los nuevos símbolos de mexicanidad. Serguei Einsestein, en ¡Qué viva México! (1930); Diego Rivera, en Día de Muertos (1944) y en Sueño de una tarde dominical en la Alameda Central (1947); Malcolm Lowry con Bajo el volcán (1947); y Juan Rulfo en Pedro Páramo (1955) fueron algunos de los muchos intelectuales que, a través de sus obras, promovieron el exotismo de la festividad mexicana de la muerte. Hay que señalar que la mayoría de ellos desarticula el Día de Muertos de la esfera católica y transforma lo religioso en adhesión nacional.

La muerte mexicana en el mundo contemporáneo

Durante la segunda mitad del siglo XX, el Estado emprendió diversas campañas para difundir el ya secularizado festejo como alternativa a la penetración de la tradición estadounidense de Halloween. Entre ellas, la inclusión, en la década de 1980, de ofrendas a los difuntos en los libros de texto de la SEP bajo el rubro de “nuestras tradiciones”. Además de impulsar el turismo de cementerios, con Mixquic y Janitzio como principales destinos, se promovió una artesanía mortuoria que se inspiraba tanto en las obras de los grandes maestros como en las facturas populares de épocas anteriores. El rol de la ofrenda pasó así, del intercambio ritual a la conmemoración.

​El cambio de milenio trajo consigo otras importantes transformaciones. En 2008, la UNESCO dotó de universalidad al Día de Muertos al reconocerlo como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad. Ese nuevo estatus no solo provocó que aumentara el interés internacional, sino también que las empresas hayan comenzado a invertir en su temática e iconografía. Mattel creó una versión de los muñecos Barbie y Ken con traje “mexicano” y pintura facial de calavera, la empresa china Xigua vende esferas navideñas decoradas con coloridos cráneos, y en la tienda de aplicaciones Playstore se pueden descargar videojuegos sobre el mismo tema. Las intervenciones cinematográficas han tenido aún mayor impacto pues, más allá del impulso que dio al desfile de Día de Muertos el filme James Bond 007: Spectre, de Sam Mendes (2015), películas como Coco, de Lee Unkrich (2017) han emulado las concepciones mexicanas del deceso para propagar el discurso individualista de la búsqueda de la libertad.

​            Un cambio mayor es el que trajeron consigo los “teléfonos inteligentes” y las redes sociales. Hoy no basta con visitar el cementerio o poner un altar al interior de la vivienda, se requiere dejar constancia de ello en imágenes y videos que se propagan por el planeta. La celebración de Día de Muertos adquiere así una dimensión performática en la que, por su participación en actos colectivos, las personas adscriben a título individual la polisémica esfera de la mexicanidad.

​            Si volvemos a nuestra pregunta inicial, podemos responder, en síntesis, que el origen del Día de Muertos no es único y que, aun cuando algunos elementos provengan de la época prehispánica o la cristiandad primitiva, las prácticas actuales no podrían ser comprendidas sin considerar el sincretismo, la domesticación, la patrimonialización y la universalización que ocurrieron en los quinientos años posteriores a la Conquista. Nuestra ceremonia aparece, de hecho, como una estructura capaz de albergar manifestaciones muy diversas; habríamos de pensar, tal vez, que su riqueza no radica tanto en su invariabilidad sino en la flexibilidad creativa que el motivo de la muerte despierta.

Publicado originalmente en UNAM Global

 

Fuente: Desinformemonos

Al 3° Encuentro Nacional Antirrepresivo por los Derechos Humanos

 

Desde la Autoconvocatoria por la Suspensión del Pago y la Investigación de la Deuda  saludamos el Encuentro organizado por Memoria, Verdad y Justicia, en la convicción de que después de 40 años de la recuperación de las libertades democráticas en nuestro país hay una gran deuda pendiente en materia de la garantía de las condiciones dignas para la vida de la clase trabajadora y el pueblo. Pasaron 40 años y tenemos el 43% de la población en la pobreza, un 8% sumergido en la miseria y 6 de cada 10 niños y niñas son pobres.

Como el pueblo lucha, se está llevando adelante una gran campaña de estigmatización contra los piqueteros, contra los docentes, contra el feminismo, aparecen políticos negacionistas como Villarruel y se avanza en el cercenamiento de las libertades democráticasc on reformas constitucionales reaccionarias como en Jujuy y varias provincias. Esto es así porque es total el sometimiento de la clase política tradicional a los dictados del FMI y al pago de la estafa de la deuda externa usuraria con una política de saqueo extraccionista y de sometimiento financiero que inevitablemente tendrá consecuencias en el avance de los intentos represivos. Hoy más que nunca necesitamos la más amplia unidad en la acción para defender nuestros derechos, las libertades democráticas y enfrentar la colonización del país de la mano del gran capital y el FMI.

Los abrazamos fraternalmente

AUTOCONVOCATORIA POR LA SUSPENSION DEL PAGO Y LA INVESTIGACION DE LA DEUDA

– Buenos Aires, 30 de septiembre de 2023

 

Fuente: Autoconvocatoria por el pago y suspensión de la deuda

A 50 años del Golpe de Estado en Chile, por la autodefensa de la vida

                                               11 DE SEPTIEMBRE DE 2023, REGIÓN DEL BIOBIO, SUR DE AMERICA LATINA.

50 años del Golpe de Estado en Chile,

Por la autodefensa de la vida y la Humanidad.

 ¡Todo el Poder para los Pueblos!

Yo paso el mes de septiembre

Con el corazón crecido

De pena y de sentimiento

Del ver mi pueblo afligido

Y el pueblo amando la patria

Y tan mal correspondido

Yo canto a la diferencia, Violeta Parra

En este día solemne, al conmemorar el quincuagésimo aniversario del golpe de estado que dejó una huella imborrable en la historia de los Pueblos, alzamos nuestras voces con un profundo sentido de memoria, justicia y esperanza. Recordamos con profundo respeto y dolor los eventos que llevaron a la interrupción violenta de un sueño colectivo de progreso y participación popular. A la vez, honramos la memoria de quienes resistieron con coraje y dignidad, enfrentándose a la represión y luchando por una sociedad más justa y equitativa.

 Un día como hoy, hace medio siglo, las Fuerzas Armadas, con el apoyo de la derecha política, los grandes empresarios, y la intervención de Estados Unidos, continuaron con sus ansias de poder de la manera más bestial que se reconoce a nivel latinoamericano, al atacar la voluntad popular y desatar una brutal represión contra el pueblo chileno y mapuche, como era la tónica en todo el cono sur y lo sigue siendo como es evidente.

Hace cincuenta años, el golpe de Estado represento las fuerzas oscuras de la avaricia, la complacencia política y la ambición desmedida, donde se alinearon todos estos para orquestar un ataque que trascendió la mera destitución de un líder o un gobierno, sino contra EL MOVIMIENTO POPULAR QUE REBASABA LA INSTITUCIONALIDAD VIGENTE, que buscaba construir una sociedad más justa, más solidaria y más soberana. Fue una afrenta a la esencia misma de la democracia popular y un ataque calculado contra un proyecto que buscaba empoderar al pueblo chileno, garantizando derechos fundamentales y promoviendo la participación activa en la construcción de un futuro mejor, en especial por LAS VÍAS AUTÓNOMAS E INDEPENDIENTES DEL ESTADO Y EL CAPITAL, COMO FUERON LAS EXPRESIONES MÚLTIPLES DE PODER POPULAR.

La dictadura que siguió al golpe dejó profundas heridas, que siguen cicatrizando en el Pueblo. Queremos enfatizar que la dictadura cívico militar que se instaló tras el golpe violó sistemáticamente los derechos humanos de miles de personas: las torturó, las asesinó, las hizo desaparecer, las exilió, las censuró, las empobreció. La dictadura impuso un modelo económico neoliberal que benefició a unos pocos y precarizó la vida de la mayoría. La dictadura dejó una herencia de impunidad, desigualdad y exclusión que aún persiste en nuestra sociedad.

Todos los actos perpetrados en esa época aún nos duelen profundamente, y reafirmamos nuestro compromiso de asegurar que tales atrocidades nunca vuelvan a ocurrir. Donde no quepa la impunidad; el castigo a los culpables se deje de cubrir de marañas judiciales y defensas corporativas de parte de la institucionalidad más rancia. El nunca más del poder no sirve para la lucha popular. Nuestro compromiso es que la verdad, la reparación, el juicio y castigo a quienes cometieron dichas barbaridades sea realidad. Donde las personas que sufrieron la violencia más atroz de los agentes del Estado no queden en actos simbólicos de este actual gobierno, vinculado al mismo bloque dominante que sigue justificando el golpe, sino que este compromiso se haga carne para que el pasado reciente sea una enseñanza a millones de jóvenes en la actualidad, donde la justicia popular pueda cumplir con lo que reclamado hace ya tanto tiempo. Denunciamos la complicidad de aquellos que priorizaron intereses personales y económicos sobre la vida y el bienestar del pueblo.

Pero el pueblo chileno no se rindió ni se resignó. Frente a la barbarie, resistió con dignidad y valentía. Desde el primer día del golpe, hubo manifestaciones, huelgas, protestas, sabotajes, acciones armadas y otras formas de lucha contra la dictadura. Miles de hombres, mujeres, jóvenes, niñas y niños arriesgaron sus vidas por defender la democracia de los pueblos y la libertad. Muchos partidos, organizaciones y movimientos populares, además personas anónimas mantuvieron viva la llama de la rebeldía y la esperanza en cada lugar donde podían luchar.

Al mirar hacia atrás, encontramos inspiración en la resistencia valiente y tenaz que emergió incluso en los momentos más oscuros. Múltiples sectores populares se unieron en una lucha desigual pero imprescindible por la justicia y la libertad, donde no solo se quería derrocar al tirano, sino también revertir los cambios profundos de la contrarrevolución neoliberal y toda su institucionalidad generada en base a la muerte y miseria. Esa llama de resistencia sigue ardiendo en nuestros corazones, recordándonos que el espíritu del pueblo nunca puede ser subyugado por la opresión.

Hoy, a 50 años del golpe, rendimos homenaje a todas y todos los que lucharon contra la dictadura y a todas y todos los que siguen luchando por una sociedad ecosocialista, feminista y decolonial. Reconocemos el proceso que vivió Salvador Allende y la Unidad Popular, de las expresiones político militares que lideraron en especial el MIR en esa época, pero sobre todo reivindicamos principalmente el MOVIMIENTO POPULAR CONCIENTE DE SU PROTAGONISMO EN LA HISTORIA, reivindicamos por sobre todo las expresiones múltiples de PODER POPULAR, reivindicamos con orgullo el desarrollo más avanzando que se pudo generar en esos breves y cortos años como fueron LOS COMANDOS COMUNALES, LOS CORDONES INDUSTRIALES, LAS JAP,  TOMAS DE TERRENO, LAS CORRIDAS DE CERCO, DE LA PRODUCCIÓN Y REPRODUCCIÓN POPULAR Y AUTÓNOMA COMO UNA FUENTE DE INSPIRACIÓN PARA LAS NUEVAS GENERACIONES. Todo esto da luces de un proceso de emancipación que se sigue fraguando en los sectores populares. Hoy recordamos que el sueño de construir un mundo mejor no ha muerto ni morirá jamás.

Al conmemorar esta triste efeméride, también reconocemos la sincronía histórica que nos conecta con el presente. El año 2019 vio el resurgimiento de la voz del pueblo chileno, exigiendo un cambio profundo en la estructura social, económica y política. El mismo anhelo de emancipación social que palpita en los años 70 reverbera en la actualidad, recordándonos que la lucha por la justicia y la igualdad es continua y trasciende las generaciones.

el pueblo chileno ha vuelto a despertar y a movilizarse por sus derechos y demandas. La Rebelión de octubre de 2019 fue una expresión masiva y diversa del descontento popular con el sistema neoliberal impuesto por la dictadura. Sin embargo, sabemos que este proceso no es suficiente ni garantiza por sí solo el cambio profundo que anhelamos. Por eso, debemos seguir organizándonos, movilizándonos y luchando por nuestros derechos y demandas. Debemos ser vigilantes y crític@s frente a los intentos de cooptación o manipulación por parte de los poderes fácticos que quieren mantener el statu quo, como han demostrado hasta la fecha con sus pactos de impunidad liderados por el actual presidente Boric, el cual solo le dio la mano al asesino de Piñera en un momento crucial para la historia de Chile.

Lucharemos para que nunca más esta institucionalidad creada en función de los intereses de  los Luksic, Los Matte, Los Piñera, Los Angelini, y en el general los grandes capitales trasnacionales, sometan a los Pueblos como el Chileno o Mapuche, el que sigue en un proceso de resistencia abierta contra la militarización del Wallmapu, liderado por el parlamento y el actual gobierno, perseguido y reprimido por las policías, militares y aparatos de inteligencia, cómplices de toda la burguesía que solo sirven de defensores de mezquinos intereses que destruyen la vida con tal de asegurar negocios a costa de todo a su paso.

Hoy, más que nunca, reafirmamos nuestra convicción de que el poder verdadero reside en el pueblo. La transformación auténtica solo puede ser lograda cuando cada voz es escuchada, cada perspectiva es valorada y cada derecho humano es respetado. Tenemos por delante nuevamente el desafío de ser protagonistas de nuestra propia historia, como lo fueron los hombres y mujeres que hicieron posible la generación de una apuesta de emancipación. Observada a escalas globales, donde la humanidad se juega la vida. En este aniversario, comprometemos nuestros esfuerzos a construir una sociedad donde la memoria de los caídos inspire la construcción de un futuro más inclusivo, donde el poder popular comunitario sea la fuerza motriz del cambio y donde la esperanza florezca incluso en medio de las adversidades.

En memoria de las y los que sufrieron y cayeron, en honor a las y los que resistieron y lucharon, renovamos nuestra promesa de continuar el camino hacia la plenitud de nuestros derechos, la dignidad y sobre todo, la armonía donde la humanidad y los ecosistemas estén en el centro del quehacer político social. Que esta conmemoración sea un recordatorio vivo de que el pueblo es el protagonista indiscutible de su historia y que, unidos, podemos tejer un futuro digno para todos los Pueblos de nuestra América Morena y el Mundo.

¡¡Impulsemos el Poder Popular Comunitario en nuestros territorios!!

¡¡Por una Sociedad Ecosocialista, Feminista y Decolonial!!

LA COMUNIDAD                ESCUELA POPULAR PERMANENTE

 

Fuente: Desinformemonos

Día Mundial del Agua [Producción sonora]

El Día Mundial del Agua se celebra el 22 de marzo de cada año para “llamar la atención sobre la importancia de este elemento, defender la gestión sostenible de los recursos hídricos” y asegurarnos de que “todas las personas tendrán acceso a agua y saneamiento gestionados de manera segura para el año 2030”. Aunque esta última meta es parte de los Objetivos de Desarrollo Sostenible, firmados en el 2015 por todos los Estados miembros de las Naciones Unidas, aún estamos muy lejos de lograr el acceso al agua para todas las personas que habitamos este planeta. 

Por esta razón, en Radio de Derechos Indígenas de Cultural Survival preparamos un programa especial para reflexionar sobre la importancia del agua, visibilizar algunas de las problemáticas a las que nos enfrentamos los Pueblos Indígenas en relación con el acceso a ella, así como las consecuencias que trae la explotación minera en nuestros territorios, como la escasez de agua y la contaminación de ríos, arroyos y aguas subterráneas. Conoceremos los casos de la comunidad aymara de Tiquipa, en Bolivia, afectada por la contaminación del Río Katari, así como la amenaza que se vive en México frente a un nuevo impulso minero que pretende llevarse a cabo en “zonas de riesgo hídrico extremadamente alto”.

Puede escuchar, descargar y compartir este programa de forma gratuita.

Escuche producción sonora aquí:

Musicalización: 

Música de introducción:

– “Burn Your Village to the Ground” de The Halluci Nation. Derechos de autor, propiedad de The Halluci Nation. Usada bajo su permiso. 

Música de fondo: 

– Sonido de río y sonido de aves. Uso libre. 

– “El agua” de Tonatiuh de la Cruz. Derechos de autor, propiedad de Tonatiuh de la Cruz. Usada bajo su permiso. 

– “Indios Tilcara”, “Sueño en Paraguay” y “Los pastores” de Chancha Vía Circuito. Derechos de autor, propiedad de Chancha Vía Circuito. Usada bajo su permiso. 

– “Huaves” de Tezkayoloh. Derechos de autor, propiedad de Tezkayoloh. Usada bajo su permiso. 

Voces:

– Verónica Amaro Quispe, comunidad Tiquipa, Bolivia. 

– Roberto Aruquipa Amaro, Presidente de la Coordinadora de Defensa, Desarrollo y Medio Ambiente del Río Katari y el Lago Titicaca de la Central Agraria Quiripujo, Bolivia.  

– Luis Flores Mendoza, comunidad Tiquipa, Bolivia. 

– Carmen Rosa Herrera, integrante del Instituto de Investigación y Acción para el Desarrollo Integral (IIADI), Bolivia. 

– Integrantes de la Red Mexicana de Afectadas y Afectados por la Minería (REMA). 

– Raquel Xiloj, Maya K’iche, Cultural Survival, Guatemala. 

– Guadalupe Pastrana, Nahua, Cultural Survival, México. 

Producción y edición:

– Guadalupe Pastrana, Nahua, Cultural Survival, México. 

Imagen:

– Cultural Survival. 

Enlaces: 

Día Mundial del Agua. 

Informe: “Explotación de litio en México. ¿Interés público o extractivismo transnacional?”. 

Esta es una producción de Radio de Derechos Indígenas. Nuestros programas son gratuitos para escuchar, descargar y difundir.

Fuente: Radio de Derechos Indígenas

 

Fuente: Radio Temblor

Rosa Luxemburg: huelga de masas y estrategia revolucionaria

El 5 de marzo de 1871 nació en Zamość (Polonia) Rosa Luxemburg, una de las principales referentes teóricas y políticas del marxismo del siglo XX. En esta oportunidad, a modo de homenaje y reivindicación de su actualidad, publicamos como artículo independiente un fragmento del prólogo del autor a la compilación de sus escritos, titulada Socialismo o Barbarie y publicada por Ediciones IPS en 2021.

El texto aborda los debates sobre huelga de masas, partido y sindicatos, a partir del balance de la Revolución rusa de 1905, la importancia de la huelga de masas como herramienta de la lucha de clases y la polémica de 1910 con Karl Kautsky sobre “estrategia de desgaste” vs. “estrategia de derrocamiento”, dos intervenciones fundamentales de Rosa Luxemburg para discutir los problemas de estrategia revolucionaria desde el marxismo.

Por otra parte, este debate puede ilustrar algunas de las discusiones alrededor de la perspectiva de la huelga de masas en el movimiento que se está dando en estos días en Francia en torno a la lucha contra la reforma de las jubilaciones, un tema tratado en otro artículo de esta edición de nuestro semanario.

La conquista de derechos democráticos por medio de la lucha de clases. Bélgica, 1902

En la controversia con Bernstein, en un comienzo, los dirigentes sindicales no se involucraron abiertamente. Con estrechez pragmática, ellos no veían qué relación podía tener esta polémica con su práctica cotidiana. Sin embargo, de las filas de la fracción de los socialistas franceses simpatizantes del revisionismo surgió Alexandre Millerand, quien entre 1899 y 1902 integró el gobierno de Waldeck-Rousseau como ministro, pasando a la historia como el primer socialista en participar en un gobierno capitalista, una práctica de colaboración de clases que luego sería generalizada entre los socialdemócratas a partir de 1914 y entre los estalinistas más adelante. Luxemburg combatió el “ministerialismo socialista”, dedicándole un folleto considerable, llamado La crisis socialista en Francia (1901).

Poco después, el revisionismo influiría en el resultado de un hecho muy importante de la lucha de clases en Bélgica [1]. En ese país había una monarquía con un parlamento elegido solo por voto masculino y calificado que iba en desmedro de los sectores populares. En abril de 1902 tuvo lugar allí una gran huelga política por la conquista del derecho al sufragio igualitario. La huelga política de masas era un medio de lucha que el movimiento obrero europeo (y en particular el belga, muy combativo) venía utilizando desde la última década del siglo XIX, principalmente para pelear por derechos democráticos. Siendo un hecho de trascendencia internacional, la huelga belga suscitó un debate en la prensa de la socialdemocracia alemana, donde se destacaron las intervenciones críticas de Rosa Luxemburg y Franz Mehring, por un lado, y la del laborista belga e importante dirigente de la Segunda Internacional, Émile Vandervelde, simpatizante de los revisionistas alemanes.

La reforma electoral fue derrotada. A la pelea por las conclusiones de la derrota Luxemburg dedicó dos textos presentes en esta antología, “Una cuestión táctica” y “El experimento belga”, donde combate el frente político de conciliación de clases con los liberales, de lucha “contra los conservadores”. Los revisionistas belgas pensaban que la vía más económica para conseguir conquistas democráticas estaba en las negociaciones parlamentarias sin lucha, sin “asustar a los aliados”. Cuando la lucha estalló de todos modos, los dirigentes sindicales socialistas entraron a la zaga de las masas, y dieron la orden de retirada cuando la pelea apenas estaba comenzando. El aparato político y sindical jugó aquí un rol conservador, de freno de la acción y no de potenciador. Por primera vez en el movimiento socialista se planteó la posibilidad de que este pudiera terminar jugando un rol antirrevolucionario.

“Donde más feliz vivo es en medio de la tormenta” [2]. Huelga de masas, partido y sindicatos, la Revolución rusa de 1905 y Europa Occidental

El estallido de la Revolución rusa de 1905 fue vivido por Rosa Luxemburg como el acontecimiento más importante de su vida hasta ese entonces. En diciembre de 1905 decidió partir en secreto hacia la Polonia rusa, uno de los principales centros revolucionarios. En 1906, fue apresada por varios meses, hasta que logró salir y se dirigió a Finlandia, a muy pocos kilómetros de San Petersburgo, la capital de la Revolución. Allí conoció personalmente a Lenin. A partir de sus propias experiencias y del intercambio amistoso con Lenin, a pesar de las diferencias previas, la revolucionaria polaca escribió Huelga de masas, partido y sindicatospor encargo de los socialdemócratas de Hamburgo.

El folleto de 1906 fue escrito pensando en cómo hacer para traducir la Revolución de 1905 a la socialdemocracia alemana, cómo ponerla a tono con lo que su autora consideraba que era una nueva época que se abría en la que se debería ir abandonando la vieja práctica que se reducía, mayormente, a una combinación entre tácticas electorales y luchas sindicales sin una relación muy diáfana con un futuro socialista y una revolución que se percibía como algo muy lejano. Luxemburg provocó planteando que los “atrasados” obreros rusos tenían muchas lecciones que enseñarles a los “avanzados” alemanes. La principal conclusión que sacó de 1905 es que planteaba una hipótesis revolucionaria articulada en torno a la idea de la huelga de masas. Ya no era una precondición absoluta para una acción obrera eficaz poseer un enorme aparato al estilo de la socialdemocracia occidental. La emergencia espontánea de la huelga de masas como motor de la revolución había sido algo que ninguna organización había podido prever. Era un proceso de luchas que habían ido de lo político a lo económico y volvieron, enriquecidas, al momento político, donde el movimiento obrero a lo largo del país fue haciendo su propia escuela, poniendo en pie instituciones nuevas, más adecuadas para la lucha, y así cobrando conciencia de sus propias fuerzas, al tiempo que mostrándose como una clase capaz de ejercer un poder estatal y reagrupar en torno suyo a otras capas oprimidas del pueblo.

La huelga de masas como organizadora de las “reservas estratégicas”

Una particularidad de la Revolución de 1905 fue la creación de un nuevo tipo de organización obrera, más allá de las ya tradicionales de los partidos socialistas y los sindicatos: los consejos obreros, o soviets, que agruparon al conjunto de los trabajadores y los erigieron como un contrapoder frente al Estado. Los dirigentes rusos como Lenin o Trotsky otorgaron una gran importancia a estos organismos en sus balances. No fue el caso de Rosa Luxemburg, quien en Huelga de masas, partido y sindicatos solo se refiere al pasar al soviet de Petersburgo y, hasta sus escritos sobre la Revolución rusa en 1917, aparecen muy poco en su obra. El peso destacado de los soviets en las hipótesis estratégicas del marxismo revolucionario es posterior a la Revolución de Octubre de 1917. De todas formas, ya Trotsky y Lenin le habían dado peso a partir de 1905, pero esencialmente como una particularidad rusa. En ese sentido, Luxemburg, quien escribió su folleto como una elaboración teórica sobre la Revolución de 1905 destinada a un público alemán, más bien subsumió el rol organizador de los soviets dentro del marco más general de la huelga de masas. Para ella, ya desde las polémicas sobre Bélgica en 1902, luego la revolución de 1905 y las polémicas en el movimiento obrero alemán de esos años contra los dirigentes sindicales conservadores sobre la huelga de masas, esta última, en su concatenación de formas de lucha y como autoeducación del movimiento obrero, tendía a resolver el problema de la organización de las “reservas estratégicas” de la clase obrera que ni los partidos obreros ni los sindicatos llegaban a abarcar: es decir, al conjunto de la clase obrera en todas sus capas [3].

En Huelga de masas, partido y sindicatos, esta idea de la huelga de masas como “organizadora” del movimiento obrero en su conjunto se combina también con los conceptos de “conciencia de clase teórica y latente” vs. “conciencia de clase práctica y activa”:

En el caso del obrero alemán esclarecido, la conciencia de clase sembrada por la socialdemocracia es teórica y latente: en la etapa dominada por el parlamentarismo burgués no puede, por norma, ponerse en movimiento como acción directa de masas; es el resultado, en el terreno de las ideas, de la suma de las cuatrocientas acciones paralelas de las circunscripciones durante la lucha electoral, de las muchas huelgas económicas parciales, etc. En la revolución, cuando las masas irrumpen en el campo de batalla político, la conciencia de clase se vuelve práctica y activa.

Estos conceptos son interesantes, ya que aportan a una visión no lineal ni evolutiva de la conciencia obrera, ya que, como señalamos más arriba, no hay en su formulación un orden férreo donde la primera (si la entendemos en el sentido de un fuerte Partido Socialdemócrata y sindicatos desarrollados) tenga que ser sí o sí el punto de partida para la segunda (como capacidad de acción en la lucha de clases). La revolución muchas veces ahorra y salta etapas en la formación de la conciencia. Luxemburg utiliza esta imagen para discutir contra los dirigentes sindicales alemanes reacios a la acción y que apostaban solo a la educación política pacífica de la clase obrera por medio de las elecciones y, a lo sumo, a acciones sindicales muy limitadas y respetando a rajatabla la legalidad, y le opone la rápida escuela de maduración política del proletariado ruso en el fuego de la revolución. Es un antídoto teórico contra la idea del “partido educador” en sentido escolar.
Se podría decir que el punto hasta donde llega la hipótesis estratégica de Luxemburg le permite estar armada teóricamente lo suficiente como para desafiar tanto a los dirigentes sindicales que veían a sus limitadas organizaciones como el único cauce posible para el movimiento de masas de la clase obrera, así como a los dirigentes del propio Partido Socialdemócrata alemán que iban a la rastra de esos dirigentes sindicales.

A través de la prueba de la Revolución de 1905, las diferencias entre las dos grandes fracciones de la socialdemocracia rusa empezaban a quedar claras. Ahora se trataba del programa y la relación con la burguesía liberal. Estas dos cuestiones fueron puestas al orden del día por la revolución y llevaron a dos balances opuestos. Las dos alas de la socialdemocracia rusa, bolcheviques y mencheviques, mantuvieron desde sus orígenes que la Revolución rusa se dividiría en dos grandes etapas separadas entre sí por un largo período de desarrollo: una primera etapa, democrático-burguesa, y una segunda etapa, socialista. A efectos prácticos, ambas tendencias esperaban y se preparaban para la primera etapa, la burguesa, de la revolución. Esta idea se consideraba una parte incuestionable de la “ortodoxia” marxista, no solo en Rusia, sino en todo el movimiento socialista internacional; a saber, que un país atrasado con un proletariado minoritario –como Rusia– era inmaduro para el socialismo. El único que desafió este “dogma” fue León Trotsky, que ya desde 1905 sostenía que en Rusia, como parte integrante del sistema mundial capitalista, las tareas inmediatas de la revolución serían burguesas, pero que estas, llevadas a cabo por una dictadura del proletariado apoyada por los campesinos, se combinarían rápidamente, articulándose con las primeras tareas de la revolución socialista, dando a la revolución un carácter permanente, sin una división en etapas históricas independientes, un poco en el sentido de lo que ya había adelantado Marx en sus cartas a la populista Vera Zasúlich.

A partir del acuerdo sobre el carácter burgués de la Revolución rusa, bolcheviques y mencheviques plantearon estrategias diferentes. Por ello, los mencheviques sostenían que la burguesía debía dirigir “su” revolución y formar un gobierno provisional revolucionario propio, en el que los socialistas no debían participar ni comprometerse políticamente, sino ejercer una “oposición revolucionaria extrema”, lo que en realidad implicaba una presión desde el exterior para hacer avanzar a la burguesía, pero dejando siempre la dirección de la revolución en manos de esa clase. Por el contrario, los bolcheviques contemplaban un gobierno revolucionario junto a los campesinos (que Lenin resumía en la fórmula “dictadura democrática de los obreros y campesinos”) para que la clase obrera dirigiera la revolución burguesa y convocara una Asamblea Constituyente verdaderamente radical-democrática, llevando la revolución hasta el final, algo que la propia burguesía no podía hacer y ante lo que los sectores intermedios, por sí solos, vacilaban. Una vez que la revolución burguesa se consumara, los bolcheviques se retirarían del gobierno y pasarían a ejercer una oposición extrema para preparar la etapa socialista de la revolución. Luxemburg desarrollaría una perspectiva con muchos puntos de contacto con la de los bolcheviques [4]. Es interesante la formulación que hace al respecto Luxemburg, que si bien sigue aceptando el marco de la revolución burguesa, empieza a ver una forma intermedia que la conecta muy estrechamente con la revolución proletaria, quizás con cierto mayor énfasis que los bolcheviques pero sin llegar a la concepción de Trotsky, afirmando que sería “menos como el último eslabón de la vieja revolución burguesa y más como la precursora de la nueva serie de revoluciones proletarias de Occidente”.

En este sentido es que, superando lo fundamental de sus antiguas diferencias con Lenin, en 1906 escribe el texto en polaco “Blanquismo y socialdemocracia”, donde muestra su acercamiento y colaboración con el dirigente bolchevique.

El debate de 1910 sobre las dos estrategias

Algunos años más tarde, la polémica en torno a la huelga de masas retornaría, pero ahora los contrincantes ya no serían la derecha revisionista y los dirigentes sindicales sino el “centro” y su principal representante, Kautsky, que hasta entonces había estado aliado a la izquierda de Luxemburg. El motivo fue, en 1910, la confluencia de una serie de luchas económicas con las protestas contra la reforma de la ley de voto calificado en Prusia, en lo que se conoció como el “debate de las dos estrategias”, donde las contribuciones más destacadas de Luxemburg son “¿Desgaste o lucha?” y “La teoría y la práctica”, ambas en este volumen. Rosa Luxemburg plantea una discusión muy interesante sobre el tiempo en la política revolucionaria. A pesar de formar parte del mismo partido, en la socialdemocracia alemana convivían dos ideas muy distintas respecto a los ritmos de la política. Hacia comienzos de la década de 1910 la visión oficial, predominante, es cada vez más la que algunos historiadores llaman “atentismo revolucionario” [5]. El SPD, en rasgos generales, creía cada vez más, como buena parte de la Segunda Internacional ya desde entonces, que los socialistas nadaban “con la corriente a favor” y que el objetivo socialista estaba garantizado, por lo cual la actitud de la socialdemocracia debería ser fundamentalmente expectante, relativizando el rol activo de intervención de los socialistas. Este “atentismo revolucionario”, o también “radicalismo pasivo” o “teoría de la espera pasiva”, estos dos últimos términos acuñados por el marxista neerlandés residente en Alemania y también parte de la izquierda del SPD, Anton Pannekoek [6], se fue profundizando a medida que se acercaba la Primera Guerra Mundial. No obstante, esto implicaba todavía una ubicación centrista del conjunto del SPD, que combinaba una política práctica cada vez más parlamentarizada y acotada a los márgenes de maniobra estrechos de la legalidad prusiana, junto con un discurso y una perspectiva aún formalmente revolucionarios y de adhesión al marxismo. Esta evolución crecientemente hacia la derecha del SPD se dio a partir del crecimiento de las enormes conquistas electorales y sindicales de la socialdemocracia y del empoderamiento de la burocracia sindical, la fuerza más conservadora del partido, que ejercía, desde 1906, un derecho de veto permanente respecto de todas las políticas partidarias que involucraran a los sindicatos.

En la discusión de 1910, se trataba de dos cosas. Por un lado, de conducir una lucha por derechos democráticos (la conquista del sufragio universal igualitario) con todos los medios disponibles y de manera consecuente, sin amedrentarse ante los límites de la legalidad o de la “opinión pública” (o como había dicho contra Bernstein en la polémica contra el revisionismo, sin retroceder de miedo ante la leyenda del “ogro socialdemócrata que se come a los niños crudos”), y de esa manera ir forjando la experiencia de la clase obrera hacia la conquista del poder político.

Para Kautsky, la huelga de masas como estrategia estaba descartada en Alemania y en todo Occidente porque, según él, esta había surgido en Rusia debido a sus carencias, a su atraso y a su movimiento obrero poco desarrollado. Acusa a Rosa Luxemburg de romper con la tradición del partido y de buscar remplazar la “vieja táctica probada” basada en el Programa de Erfurt de 1891 por una nueva estrategia completamente nueva y distinta. Es entonces que Kautsky apela a una metáfora militar. A lo que él considera la orientación marxista tradicional de la socialdemocracia, sancionada desde Engels en adelante, la llama “estrategia de desgaste” (Ermattungsstrategie) y le adjudica a la revolucionaria polaca una nueva orientación puramente “luxemburguista”, a la que designa como “estrategia de derrocamiento” (Niederwerfungsstrategie). La fuente de esta terminología de Kautsky es la Historia del arte de la guerra, del académico militar Hans Delbrück, publicada por esos años. Esta obra es una aplicación del pensamiento estratégico del general prusiano Carl von Clausewitz a la historia militar [7]. Para Delbrück, abrevando en ejemplos que partían desde la Antigüedad, la estrategia de desgaste consistía en esquivar los golpes del enemigo, apostando a su desgaste, sin tener como objetivo la decisión de la guerra. La estrategia de derrocamiento consistía, por el contrario, en “reunir todas las fuerzas posibles, o por lo menos tantas como para contar con una victoria cierta” [8]. ¿Cómo traducía Kautsky estas categorías a la política socialdemócrata? Dividía las perspectivas de la lucha política en dos momentos, a los cuales correspondían dos estrategias distintas. En tiempos normales, en ausencia de revolución, la socialdemocracia debía seguir una política de desgaste, evitando entrar en combates con el enemigo y acumulando fuerzas propias, ganando diputados y conquistas sindicales, ateniéndose estrictamente a la ley. La estrategia de derrocamiento se correspondería con el momento de la revolución, apelando a la huelga de masas y a acciones decididas con el fin de conquistar el poder. Por este motivo, Kautsky se negaba en 1910 a que el SPD discutiera, en lo que él consideraba un momento no revolucionario, la perspectiva de la huelga de masas y que se tomaran acciones de lucha de clase decididas para impulsar la pelea por los derechos democráticos de voto universal, y proponía concentrar las energías del partido para preparar la intervención en las elecciones de 1912 (¡faltaban dos años!).

Para Luxemburg, este esquema consistía en una división extremadamente rígida, donde entre el momento no revolucionario y la revolución parecía no haber transición, sino un alto muro. ¿Cómo haría una clase educada en el respeto de la legalidad, en el electoralismo y en evitar el combate para cambiar súbitamente a una “estrategia de derrocamiento” y poner en práctica la huelga de masas confrontando con el Estado cuando llegara la revolución, como caída del cielo? Para la revolucionaria polaca, en ese esquema kautskiano solo contaba como real el primer momento, el no revolucionario. La estrategia de desgaste resultaría ser “nada más que parlamentarismo” y la revolución una consigna relegada a los días de fiesta [9].

Rosa Luxemburg apuntaba contra la burocracia sindical, su enemiga declarada desde 1905. En Alemania esa burocracia formaba parte del propio movimiento socialista y, en lo puramente formal, también decía adherir al “objetivo final”. Nuestra autora consideraba que el rol de Kautsky en esta polémica era el de cobertura teórica de esa misma capa social.

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NOTAS AL PIE
[1Para un desarrollo más exhaustivo de lo que viene a continuación, ver Guillermo Iturbide, “Rosa Luxemburg y Bélgica, 1902: en los orígenes del debate sobre la huelga de masas” y “Rosa Luxemburg, la huelga política y la hidra de la revolución: otra vez Bélgica”, ambos en el Semanario Ideas de Izquierda, laizquierdadiario.com/ideas-de-izquierda, 14/6/2020 y 5/7/2020, respectivamente.
[2Rosa Luxemburg, “Brief an Mathilde und Robert Seidel” (1910), en Rosa Luxemburg, Gesammelte Briefe, Band 3, Dietz Verlag, 1982, p. 160.
[3El concepto de reservas estratégicas proviene de la teoría militar de Clausewitz. En el comienzo del capítulo 13 (Libro 3) de De la guerra dice: “La reserva tiene dos propósitos que bien pueden distinguirse entre sí, a saber: primero, la prolongación y renovación de la lucha, y segundo, el uso contra contingencias imprevistas. La primera disposición presupone la utilidad de una aplicación sucesiva de la fuerza, por lo que no puede darse en la estrategia. Los casos en los que se envía un cuerpo de ejército a un punto que está cerca de ser desbordado deben incluirse, como es obvio, en la categoría de la segunda disposición, porque la resistencia que se ofrecerá en este caso no ha sido suficientemente prevista. De todas formas, un cuerpo destinado a la mera prolongación de la batalla y reservado para ello solo se situaría fuera del alcance del fuego, subordinado y asignado a quien mande en la batalla, por lo que sería una reserva táctica y no estratégica. No obstante, la necesidad de tener una fuerza preparada para casos imprevistos también puede darse en la estrategia, y en consecuencia también puede haber una reserva estratégica: pero solo cuando sean concebibles casos imprevistos”, C. v. Clausewitz, Vom Kriege, Hamburgo, Nikol Verlag, 2016, p. 218. Adaptándolo a los fines de la teoría marxista diremos que se refiere a la utilización del conjunto de la fuerza de la clase obrera, en particular de aquellos sectores de la retaguardia de las amplias masas obreras, en el marco de la estrategia revolucionaria. Sobre este concepto, ver Emilio Albamonte y Matías Maiello, Estrategia socialista y arte militar, Ediciones IPS-CEIP, 2017, p. 87 y ss., “La concentración de fuerzas y el problema de las reservas estratégicas”.
[4Ver Rosa Luxemburg, Was wollen wir? Kommentar zum Programm der Sozialdemokratie des Königreichs Polen und Litauens, 1906, Rosa Luxemburg, Gesammelte Werke, Band 2, Berlín 1972, pp. 37-89
[5Como por ejemplo Dieter Groh, Negative Integration und revolutionärer Attentismus. Die deutsche Sozialdemokratie am Vorabend des Ersten Weltkrieges, Frankfurt, Verlag Ullstein, 1973.
[6Anton Pannekoek, “Acciones de masas y revolución”(1912), marxists.org.
[7Franz Mehring ya había hecho una primera reseña de esta obra en 1908, donde señalaba que los marxistas debían estudiarla críticamente y apropiarse de ella, porque tenía muchas enseñanzas para la política revolucionaria. Ver Franz Mehring, “Eine Geschichte der Kriegskunst” (16/10/1908), en Franz Mehring, Zur Kriegsgeschichte und Militärfrage, Berlín, Dietz Verlag, 1967, pp. 134-200.
[8Hans Delbrück, Geschichte der Kriegskunst im Rahmen der politischen Geschichte, Erster Teil, Das Altertum, Berlín, Verlag von Georg Stilke, 1920, p. 129.
[9Para un desarrollo exhaustivo de la polémica de 1910 sobre las dos estrategias, ver Emilio Albamonte y Matías Maiello, Estrategia socialista y arte militar, Buenos Aires, Ediciones IPS-CEIP, cap. 1, “Sobre la estrategia en general”, pp. 41-137. Desde hace unos años viene desarrollándose un debate en torno a intentos de rescatar la estrategia kautskiana en la izquierda norteamericana impulsado por la revista Jacobin. Ver al respecto “(Dossier) Una introducción al debate sobre Kautsky”, Ideas de Izquierda, (11/8/2019). Recientemente se desarrolló otra polémica entre Rolando Astarita y Matías Maiello sobre el Programa de Transición de Trotsky, donde el primero tendía a reproducir el argumento kautskiano; para esto ver, particularmente, dos artículos de Maiello publicados en Ideas de Izquierda: “Una vez más sobre el Programa de Transición y el olvido de la estrategia” (15/8/2021) y “El Programa de Transición y la dinámica de la relación de fuerzas” (29/8/2021).