Ellas alimentan al mundo: “El acceso a la tierra es una condición fundamental para el empoderamiento económico de las mujeres rurales”

“Ellas alimentan al mundo: tierra para las que trabajan” es un trabajo conjunto elaborado por la organización sin fines de lucro We Effect y el medio de comunicación feminista LatFem. Una investigación que se corre del predominante escenario urbano para poner el foco en las dificultades y las resistencias de las mujeres rurales de América Latina y el Caribe.

La pandemia del COVID-19, que, si bien atenuada, aún persiste, agravó un cuadro de problemas muy complejo en América Latina. A la pobreza estructural que aqueja a la región hace décadas se sumó la avanzada de una serie de gobiernos neoliberales que pugnaron por profundizar la matriz desigual del capitalismo. Los partidos más progresistas, y con un cáliz redistribucionista de la riqueza un poco menos injusto, retrocedieron enormemente ante los poderes políticos y económicos concentrados que, en tándem con funcionarios judiciales afines de cada país, persiguieron a los principales dirigentes del progresismo con el objetivo de ponerle punto final a esa etapa histórica.

Si bien no pudieron llevar a cabo del todo su misión, el deterioro experimentado en los últimos años es notable. Según datos de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), la cantidad de personas en situación de pobreza extrema aumentó de 81 a 86 millones, un incremento entre 2020 y 2021 de un 0,7%, lo que equivale a un retroceso de 27 años en materia de igualdad. Es claro que la pandemia del COVID-19 y la crisis económica que provocó tuvo mucho que ver, pero que en tan solo dos años se retrocedan el equivalente a tres décadas da muestra del grave cuadro socioeconómico que ya presentaba la región, con problemas que anteceden por mucho a la nueva avanzada neoliberal y la situación sanitaria extraordinaria.

La crisis preexistente, que agravó la pandemia, impactó con mayor crudeza en los sectores de bajos recursos. Según proyecciones de las Naciones Unidas, entre 720 y 811 millones de personas en el mundo pasaron hambre en 2020, 161 millones más que el año anterior. El parate económico y la insuficiente respuesta estatal generaron más daño en aquellas personas que no pudieron trabajar desde sus casas y vieron desaparecer sus ingresos, ya de por sí insuficientes. Pero dentro de este amplio universo, las mujeres rurales, campesinas, indígenas y afrodescendientes fueron particularmente afectadas. Y, paradójicamente (o no tanto), quienes menos cobertura mediática tuvieron.

Tierra para las que trabajan

Esas identidades fueron el foco de análisis de la investigación conjunta de la organización sin fines de lucro We Effect y el medio de comunicación feminista LatFem. El resultado fue el trabajo “Ellas alimentan al mundo: tierra para las que trabajan”, un detallado informe que analiza, con perspectiva de género, la contradicción de que el campesinado, que produce la mitad de los alimentos del mundo, tiene escaso acceso a los derechos de propiedad sobre la tierra. Según un estudio de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO, por sus siglas en inglés) del año pasado, el 1% de las granjas más grandes del mundo tienen el 70% de la titularidad de la tierra a nivel global. Y en el caso de las mujeres rurales, como explica el documento, el problema es aún peor: aunque el 70% de ellas tienen acceso a tierra para producir, solo el 30% tiene el terreno a su nombre.

Ellas alimentan al mundo profundiza sobre las causas estructurales del desigual acceso a la tierra en cinco países de América Latina y el Caribe: Bolivia, Colombia, Guatemala, El Salvador y Honduras. En diálogo con Acción por la Biodiversidad, María Paz Tibiletti, periodista de LatFem y autora junto con Azul Cordo y Damaris Ruiz del informe, explicó los ejes que guiaron la investigación: “Desde LatFem teníamos la certeza de que son las campesinas, indígenas y afrodescendientes quienes alimentan al mundo, pero poco sabíamos sobre sus trayectorias de vida, sus proyectos y redes comunitarias, sobre cómo producen y acceden a la tierra, cómo se organizan ante las violencias machistas y para defender sus territorios. Queríamos escuchar sus voces y conocer sus historias, sus proyectos y propuestas para el Buen Vivir, y por eso entrevistamos a mujeres campesinas y defensoras de la tierra de Bolivia, Colombia, Guatemala, Honduras y El Salvador, para tener sus relatos en primera persona”.

Las mujeres rurales, campesinas, indígenas, de pueblos originarios y afrodescendientes no solo son la fuerza mayoritaria de producción de alimentos, sino que juegan roles fundamentales al interior de sus pueblos y comunidades, como guardianas de las semillas nativas y criollas o como protectoras de la riqueza biológica del continente. Por eso, si bien la investigación se centra en la falta de titularidad de las tierras y las consecuencias que eso conlleva (como la imposibilidad de acceder a créditos financieros por no contar con garantía, por ejemplo), también echa luz sobre las resistencias que se tejen día a día. “Como activistas y periodistas feministas estamos convencidas de que es importante denunciar todo lo que precariza las vidas de niñas, adolescentes, mujeres, lesbianas, travestis y trans en América Latina y el Caribe, pero también es necesario contar todo lo que hacen por estar vivas y construir un presente y un futuro con vidas dignas, con justicia de género, social y ambiental”, explicó Tibiletti.

A las dificultades para ser propietarias se suman las deficiencias en relación al tamaño y el estado de la tierra, ya que la mayor parte de ellas producen en parcelas pequeñas (menos de dos hectáreas) y de mala calidad. “Esto no solo hace que estén expuestas a situaciones de precariedad laboral sino que también se traduce en otras vulneraciones en sus derechos sociales, culturales, y, especialmente, en los derechos a la alimentación y a la autonomía económica”, desarrolló la periodista, y diferenció que “la situación no es la misma en cada país, cada uno tiene sus complejidades y particularidades. Por ejemplo, Honduras se destaca por ser el país con mayor porcentaje de titularidad colectiva o comunitaria, y esto tiene que ver con una larga tradición de organizaciones campesinas e indígenas en el país, mientras que en el resto la mayoría de las mujeres accede a la tierra a través de la herencia”.

A falta de Estado, soluciones comunitarias

Una de las conclusiones más graves de la investigación es que, si bien el 57% de las mujeres consultadas declara haber tenido dificultades para acceder a alimentos durante la pandemia, sólo el 7% de ellas acudió a las autoridades locales o nacionales y, en su mayoría, resolvieron el problema por sus propios medios o con el apoyo de su comunidad. Esto demuestra la poca confianza que se tiene en las instituciones estatales para poder dar respuestas rápidas y efectivas ante problemáticas acuciantes, como lo es la falta de alimentos. Pero también ilustra la importancia de las soluciones colectivas. Según Tibiletti, “eso da cuenta del rol fundamental que tienen las redes de cuidado y solidaridad que se crean en y entre las comunidades para garantizar sus derechos. La investigación pone en evidencia la falta de políticas públicas específicas para las mujeres rurales y campesinas y que la gran mayoría no sienten que sus demandas y sus voces sean tenidas en cuenta en la elaboración de propuestas para el sector rural, así como tampoco en el desarrollo de proyectos sobre los territorios de sus comunidades”.

– Foto de Jesper Klemedsson.

El trabajo de LatFem y We Effect no solo se queda en el análisis, sino que brinda una serie de propuestas para poder revertir esta situación de desigualdad estructural, como “implementar medidas tendientes a fortalecer y facilitar la incidencia de las comunidades en el diseño e implementación de leyes y políticas públicas” o “impulsar proyectos de ley que faciliten el acceso y uso de los bienes comunes de las poblaciones rurales, campesinas, indígenas, de pueblos originarios y afrodescendientes, especialmente para las mujeres”, entre varias otras iniciativas.

Un trabajo articulado entre las organizaciones campesinas, las comunidades rurales, las instituciones públicas, los organismos internacionales y los medios de comunicación es el camino para que, como asevera la investigación, “las mujeres campesinas, rurales, indígenas, de pueblos originarios y afrodescendientes tengan acceso y control de la tierra, una condición fundamental para su empoderamiento económico, su autonomía y su derecho a una alimentación justa”.

Te invitamos a descargar el informe completo (PDF), haciendo clic en el siguiente enlace:

Ellas alimentan al mundo(8,64 MB)

Entrevista de Ignacio Marchini – ignaciomarchini@gmail.com 

Fotografía de portada: Anders Hansson.

Fuente: Agencia de Noticias Biodiversidadla – www.biodiversidadla.org

 

Fuente: Radio Temblor

8 de marzo ¡¡¡Nada que celebrar!!! No más mujeres caídas

Queremos igualdad

Que se nos respete

Que se nos valore 

Que se nos escuche 

En 1975, La Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) designó el 8 de marzo día internacional de la mujer.

¿Por qué esta fecha y no otra?

La fecha no fue escogida al azar, si no que conmemora la historia donde cientos de mujeres que se manifestaron con la idea de alcanzar una igualdad salarial respecto a los hombres y mejores condiciones laborales todo esto ocurrió en una fábrica de textiles conocida como ‘garment workes’. Estos hechos se produjeron el 8 de marzo de 1875 en Estados Unidos Nueva York.

La manifestación dejó como resultado 120 trabajadoras asesinadas a manos de la policía, situación que dos años después fue fundamental para crear el primer sindicato femenino de la historia. Más tarde, en 1908, alrededor de 15,000 mujeres trabajadoras salieron a las calles de Nueva York bajo el lema de ‘Pan y Rosas’, manifestándose contra las jornadas interminables, las condiciones inhumanas y los bajos salarios, pero fue hasta tres años después que se daría el suceso que marcó de manera definitiva el movimiento feminista.

El 25 de marzo de 1911 sucedió el desastre industrial con más víctimas mortales de la ciudad de Nueva York (catalogado así por la Organización Internacional del Trabajo (ILO); 146 mujeres murieron en un incendio en la fábrica textil Triangle Shirtwaist a causa de derrumbes, quemaduras e intoxicación por humo. La tragedia se dio después de que los propietarios de la fábrica sellaran las salidas del edificio.

Este suceso trajo cambios en la legislación laboral, además del nacimiento del Sindicato Internacional de Mujeres Trabajadoras Textiles. Clara Zetkin, en la II Conferencia Internacional de Mujeres Socialistas de Copenhague en 1920 fue quien lanzó la propuesta, aprobada por unanimidad, de conmemorar el Día Internacional de la mujer en el mes de marzo con el objetivo de lograr el voto para la mujer. 

Es una fecha para recordar y reivindicar derechos de la mujer aún por conseguir como: Luchar contra la desigualdad salarial, erradicar la violencia, acoso y explotación sexual, ocupar puestos directivos en empresas, participación de las mujeres en política, erradicar el machismo y la violencia de género desde el nacimiento. Todos los 8 de marzo las mujeres de todos los continentes a menudo separadas por fronteras nacionales y diferencias étnicas, lingüísticas, culturales, económicas y políticas se unen para conmemorar la lucha de las mujeres por la igualdad, el reconocimiento y ejercicio efectivo de sus derechos. El pedido por una justicia anti patriarcal.

¿Por qué el color violeta para la celebración de este día?

En los inicios de la lucha feminista, las tonalidades escogidas por las sufragistas inglesas en 1908 fueron el morado, el blanco y el verde. La activista inglesa, Emmeline Pethick, lo explicaba así: “El violeta, color de los soberanos, simboliza la sangre real que corre por las venas de cada luchadora por el derecho al voto, simboliza su conciencia de la libertad y la dignidad. El blanco simboliza la honradez en la vida privada y en la vida política. Y el verde simboliza la esperanza en un nuevo comienzo. Sin embargo, la explicación más extendida es la de la tragedia sucedida en la fábrica téxtil, Triangle Shirtwaist, de Nueva York. 

Las mujeres que confeccionaban camisas de hombre y estas prendas, supuestamente, eran de color lila. La leyenda cuenta que el humo que salía de la fábrica después del incendio, y que se podía ver a kilómetros de distancia en toda la ciudad de Nueva York, era de color violeta. Por ello, el color que tiñe las calles cada 8 de marzo es el violeta.

Las mujeres panameñas también alzamos nuestra voz, hablamos alto y claro. 

Si, a la igualdad de género. No al maltrato por parte del estado, ni de la sociedad. 

Nos habla Fermina Urriola Rodríguez mujer campesina de la comunidad de Los Mendozas en San Francisco Veraguas, Feminista comunitaria, lideresa de la organización “Red Ecológica Social Agropecuaria de Veraguas” (RESAVE).

Nos dice lo siguiente: 

¨Hablar de la igualdad de género, es un tema amplio, la primera vez que escuché sobre la igualdad de género fue en las capacitaciones que obtuve. Para nosotras las mujeres no es nada fácil, ya que al salir de nuestros hogares e involucrarnos a luchar, hay muchos obstáculos en el camino, en especial de parte de la pareja ya que no nos dejan participar, y aún cuando esa persona no acepta que como mujer tenemos los mismos derechos, convencerlos de este pensamiento que la mujer puede hacer un gran trabajo igual al hombre, tanto fuera de casa como dentro de casa, que dedicamos tiempo a nuestro hogar, también podemos dedicar tiempo a luchar y seguir adelante por nuestras convicciones.

Si recapacitaran y lucharan junto a nosotras sería distinto, pero lamentablemente para las mujeres campesinas e indígenas de la provincia de Veraguas se hace difícil, siento que no hay una equidad de género, hay mujeres que sufren, las consecuencias de este tipo de discriminación de parte del género masculino y la misma sociedad, pero esto no es motivo para quedarnos allí sin hacer nada hay que seguir, unirnos a mujeres que luchan por los mismos derechos a que nos reconozcan por igualdad de género. Que a veces no lo hacemos por miedo al qué dirán y nos quedamos estancadas sin voz. A pesar de todos este desafió actualmente, vemos mujeres qué se suman a la lucha se atreven a hablar para defender los recursos que nos provee el sustento diario, como mujer campesina lucho con (RESAVE) por nuestros territorios, el agua y deseo que más compañeras se sumen, que salgan y no teman, ya que por experiencia propia aún hay mujeres que no tienen esa igualdad con su pareja y se sienten atemorizadas, si seguimos con miedo no podemos salir a defender nuestros derechos.

Así que en este día Internacional de la mujer exhorto a todas las mujeres indígenas, campesinas, afros, de nuestro Panamá a unirnos a luchar en contra de las desigualdades contra la mujer de igual manera contra la desigualdad contra los pueblos, como mujeres resistentes y luchadoras tomar conciencia de los conflictos que nos afectan como mujer y como sociedad, No dejar que el poder estatal se apodere de todo, e inculcarle a nuestras hijos e hijas el valor de la igualdad, para seguir adelante. Ese es el objetivo, enseñar a la familia a que se involucre, y aprendan a resistir y luchar unidos en igualdad en los conflictos que nos rodean, este sería mi mensaje en este día. MUJER, de nosotras depende no solo el mejoramiento de una familia si no del país, muchas gracias y un gran saludo, a aquellas mujeres en resistencia y luchadoras que hacen un esfuerzo por salir adelante, bendiciones Dios nos ilumine para seguir en la búsqueda de mejores días, muchas gracias. ¨ 

Nuestro mensaje enérgico y de rechazo ante un modelo de desarrollo explotador, discriminador, racista y agresor. Que no solo violenta nuestra integridad como mujeres, sino también a nuestro entorno, pensamiento, sueños y modo de vida.

Como cada día, nos posicionamos como mujeres, madres, hijas y productoras de la esperanza contra toda agresión proveniente del capitalismo voraz como se da por medio del saqueo de nuestros bienes ecológicos por el extractivismo minero, de aguas y tierras.

Nuestras solidaridad con otras hermanas, compañeras y mujeres en resistencia, así como a sus pueblos.

Seguimos luchando, seguimos caminando por otro modelo de vida solidario. ecológico y justo.

Equipo de mujeres del Colectivo Voces Ecológicas COVEC

 

Fuente: Radio Temblor

Despojo, feminicidios y discriminación, principales violencias contra mujeres y disidencias en los pueblos

Mujeres y disidencias sexo-genéricas de distintas entidades denunciaron las violencias que sufren por parte del Estado, el crimen organizado y los extractivismos empresariales, y que se reflejan en el despojo territorial, los feminicidios y transfeminicidios y la discriminación, durante el Encuentro Regional Mujeres y Disidencias en Defensa del Territorio «El Istmo es Nuestro», realizado el pasado 26 de febrero.

Una a una, las mujeres y disidencias que participaron en el Encuentro compartieron las experiencias de violencia tanto en sus comunidades como en las ciudades, entre las que destacaron la discriminación por sus preferencias e identidades sexuales, la exclusión sistemática y persecución, los feminicidios y transfeminicidios, la violencia económica y el despojo territorial por parte de los gobiernos y empresas a través de los megaproyectos.

Durante el Encuentro, expusieron las problemáticas que atraviesan las mujeres y disidencias en los estados de Oaxaca, Veracruz, Estado de México, Morelos y Jalisco. Entre ellas, señalaron la resistencia y organización frente a la imposición del Corredor Transístmico, el Proyecto Integral Morelos, los parques eólicos, las mineras, el crecimiento industrial y el turismo.

Por otra parte, añadieron que también en los espacios comunitarios de sus pueblos son víctimas de violencia machista, que se refleja en la discriminación por sus identidades y preferencias sexuales hasta en la negación para participar en proyectos y toma de decisiones.

Frente al panorama, en el Encuentro las mujeres y disidencias acordaron la creación procesos de formación y búsqueda de información «para construir argumentos que no puedan desmentir» aquellas empresas que pretenden entrar a sus territorios, así como continuar con la organización de espacios para compartir las experiencias y estrategias de lucha desde cada comunidad.

A continuación el comunicado completo:

A LAS MUJERES Y DISIDENCIAS SEXO-GÉNERICAS

QUE LUCHAN CONTRA EL PATRIARCADO, EL CAPITALISMO Y POR LA VIDA EN MÉXICO Y EL MUNDO

C O M U N I C A D O

Marzo 2022

Este pasado sábado 26 de febrero de 2022, nos reunimos en Juchitán, Oaxaca, mujeres y disidencias sexo-genéricas de diferentes geografías y procedencias a compartir nuestras experiencias de vida y lucha, desde lo personal, hasta lo colectivo, en pequeño y en grande, desde el cuerpo y en el territorio, después de un largo día de trabajo y diálogo, hemos reflexionado lo que consideramos importante difundir y compartir:

Desde pequeñxs se nos impone la división sexual de los roles de género (la división de tareas entre niñas y niños), lo cual genera violencia al rechazar tareas de cuidado y trabajo doméstico, que se considera son únicamente solo para las mujeres; además a las niñas nos inculcan el matrimonio y la maternidad como único camino de vida. Todo esto se replica en nuestras organizaciones y luchas, limitando nuestra participación en procesos organizativos.

En nuestros hogares y comunidades, como mujeres y disidencias sexo-genéricas sufrimos discriminación por nuestra forma de vestir, de expresar nuestras identidades y preferencias sexuales. Somos etiquetadas como “rebeldes” por ser mujeres divorciadas, organizadas, por decidir dar prioridad a otras actividades que no tienen relación con las labores del hogar o el cuidado de nuestras familias. No nos permiten descansar, aportar ideas, impulsar y encabezar procesos o proyectos que surjan de nuestros propios intereses, menos aún si éstos se salen de lo aceptado.

La violencia económica es otra de las violencias que sufrimos, esta se manifiesta en las madres solteras, las casadas a las que su esposo cela porque les va mejor económicamente, las que optan por modelos de vida autogestivos y, en general, se expresa en todos aquellos ámbitos en que las mujeres y disidencias sexo-genéricas decidimos romper con lo socialmente aceptado/construido. En esta violencia también entra la dependencia económica de las mujeres con sus maridos/parejas/familias, así como a la escasa oferta laboral para mujeres y disidencias sexo-genéricas.

En los espacios comunitarios sobrevivimos a contextos de mucha violencia, que van desde las provenientes del Estado, el crimen organizado, los extractivismos empresariales, el despojo de nuestros territorios y también la violencia mortífera como son los feminicidios, transfeminicidios y toda forma de violencia contra nuestros cuerpos. En las periferias, las mujeres sobrevivimos al despojo de nuestras aguas, territorios y bienes comunes que son extraídos para las grandes ciudades, el extractivismo también incide en el aumento de enfermedades como el cáncer producto de la contaminación. Esta situación se agrava al no contar con acceso a la salud en nuestras comunidades.

En las ciudades sufrimos la exclusión sistemática y persecución al optar por formas de vidas que no se adaptan al sistema capitalista y patriarcal: cuando decidimos generar recursos económicos en planos informales se nos expulsa de espacios públicos, cuando construimos otras formas de relacionarnos con nuestro entorno y/o con otras personas se nos señala y discriminan. La pandemia del Covid-19 redujo nuestras opciones laborales y encima de eso, no nos permitían salir a vender.

También las mujeres y las disidencias sexo-genéricas sobrevivimos en territorios que están bajo el control del narcotráfico. Que no sólo empujan a las personas jóvenes a consumir sustancias sumamente dañinas para su salud, sino que evita que construyamos proyectos políticos desde abajo donde nos podamos organizar para denunciar o para construir otras formas de vivir, debido a las amenazas de muerte y atentados en contra de nuestras vidas e integridad física. Lo más complejo de ello, quizás, es que ya no hay mayor diferencia entre el Estado, el crimen organizado y la estructura militar/policial.

En el Istmo de Tehuantepec, Oaxaca, estamos sobreviviendo a los parques eólicos, que llegaron en 1994 y ninguna de las comunidades, mucho menos las mujeres, fueron consultadas al respecto. Esto afectó directamente nuestra flora, fauna y nuestras posibilidades para trabajar la tierra. Aumentó la contaminación y con ello afectó directamente nuestra salud. Además, con estos parques llegaron muchos hombres, obreros y trabajadores de las empresas, poniendo nuestros cuerpos en riesgo y convirtiendo a las niñas y mujeres de nuestra región en sus objetos de consumo. Tenemos pocas opciones para reproducir y defender la vida, por eso estamos organizadas.

El Istmo es un punto estratégico y generador energético para empresas privadas y trasnacionales, mientras que en nuestras comunidades padecemos la imposición de altas tarifas de electricidad a pesar de que nuestros hogares y vidas son muy austeras en el consumo energético. No sólo cargamos con el impacto sobre nuestros territorios, pareciera que además nos quieren cobrar dinero por despojarnos de nuestros territorios, aguas y vientos.

En el Estado de México y en general las periferias de las grandes ciudades, se ven despojadas de sus bienes comunes (agua, energía) para abastecer los centros. van en detrimento para abastecer zonas más privilegiadas con terribles consecuencias generadas por las grandes industrias, que fueron promesas de desarrollo que nunca se ha visto reflejado en nuestras vidas y en nuestra economía. Las afectaciones van desde el despojo de nuestros territorios, comunidades y la falta de alternativas para existir, hasta el aumento de enfermedades gracias a la alta contaminación y la imposibilidad de optar por formas más agradables para sobrevivir. Además, nuestras vidas como mujeres se encuentran en constante peligro en las calles, en las escuelas o trabajos, y muchas de nosotras, no estamos seguras ni tranquilas dentro de nuestros hogares. En todo momento vivimos bajo el yugo de la violencia feminicida y patriarcal.

En Morelos estamos en resistencia en contra la termoeléctrica, gasoductos, ampliación de autopista, minería y complejos turísticos. El turismo también es una forma de despojo, que nos quita territorio y nos arroja a servir a las personas turistas que llegan a contaminar nuestros territorios.

En Jalisco sobrevivimos al despojo por la industria y uno de nuestros ríos ha sido reconocido como uno de los más contaminados de Latinoamérica e incluso del mundo, según Naciones Unidas. Hace 40 años el municipio fue declarado de vocación industrial, conforme ha crecido la ciudad de Guadalajara ha crecido la contaminación porque el río sirve como desagüe de sus drenajes. Hay incineradores biológicos infecciosos. Es considerada una ciudad industrial porque produce mucho dinero, pero genera más daños a largo plazo por la contaminación. Hace dos años querían instalar una termoeléctrica y al momento de oponernos, el presidente dijo: “¿por qué se quejan de tener un enfermo renal en su casa si les da para trabajar?” En todas las casas hay enfermos renales, de cáncer, toda la industria produce múltiples enfermedades. Nos enfrentamos ante un monstruo que ha impuesto enfermedad y muerte y ha diluido nuestra identidad y fuerza como comunidad. Las empresas van de la mano con el gobierno y el crimen organizado, han fomentado todo este infierno medioambiental. No es casualidad, que Juanacatlán sea el que tiene mayor número de feminicidios, desapariciones, fosas. Esto hace que la gente viva con miedo y hace muy difícil que pueda organizarse.

En el Istmo, ahora tenemos también la amenaza del interoceánico. El cual va a afectar todo: van a derribar varias partes de bosque para ampliar las vías, contaminarán las aguas y con ello vendrán más enfermedades. Todo eso viene desde Chiapas hasta toda la región, todo el estado, y también el de Veracruz, en la parte de Oaxaca se están abriendo carreteras más grandes donde se van a conectar todos los megaproyectos. El interoceánico es una puerta para el gran capital y un muro de contención para las personas migrantes que intentan llegar a Estados Unidos. Por ello es clave compartir nuestras experiencias, para que las compañeras que resisten en el Istmo tengan referencia de la historia de los corredores industriales y los efectos negativos sobre las comunidades, la naturaleza y las mujeres. Los megaproyectos vienen acompañados de procesos de muchísimas violencias.

Ante todo, este contexto de despojo y muerte, hemos decidido y acordado lo siguiente:

– Construiremos redes de contrainformación para compartir experiencias sobre los distintos procesos que atravesaron nuestras comunidades, territorios y nosotras: las mujeres y las disidencias sexo-genéricas. Para esto, crearemos procesos de formación y búsqueda de información sobre las empresas que quieren entrar en nuestros territorios para construir argumentos que no puedan desmentir.

– Necesitamos más encuentros para compartir información y experiencias. Es necesario pensar en un encuentro nacional de mujeres en contra del despojo territorial y en repudio a la violencia que acompañan los megaproyectos de muerte y de desarrollo. En él, debemos hablar de lo que nos duele con otras compañeras, no juzgarnos entre mujeres y disidencias sexo-genéricas y generar redes de cuidado entre nosotrxs.

– Continuaremos movilizándonos en contra del gobierno y las empresas extractivistas.

– Es indispensable generar espacios socio educativos, lúdicos, de enseñanza y aprendizaje mutuo que sirva como espacio para compartir información y posibilite procesos organizativos.

– Convocamos a todos los procesos organizativos de mujeres, disidencias sexo-genéricas indígenas, rurales, urbanas y de quiénes viven todos los tipos de opresión a continuar creando alianzas de conocimientos, saberes y acción.

Desde Juchitán, Oaxaca:

¡CONTRA EL PATRIARCADO Y EL CAPITALISMO!

¡NUESTRAS LUCHA ES POR LA VIDA!

¡NI NUESTROS CUERPOS NI NUESTROS TERRITORIOS, SON MERCANCÍA!

¡SOMOS GUARDIANXS, DEFENSORXS, GUERRERXS, SOMOS TIERRA Y TERRITORIO!

¡AQUÍ ESTÁ LA RESISTENCIA TRANS Y TODA IDENTIDAD QUE NO SE APEGUE A LA NORMA ESTABLECIDA!

FUERA PROYECTOS EXTRACTIVISTAS Y NEOLIBERALES DE NUESTROS TERRITORIOS

¡EL ISTMO ES NUESTRO¡

NO DEL INTEROCEÁNICO

Tomado de: desinformemonos.org

Fuente: Radio Temblor