Tres experiencias de lucha en tiempos de despojo y resistencia

¿Cómo ha sido la participación de las mujeres en las luchas por la defensa del territorio? ¿Qué cambios ha significado esta presencia en las comunidades y organizaciones? ¿Cuáles son sus aportes a las estrategias de resistencia?

Esas inquietudes y el afán por hacer visible y fortalecer la participación de las mujeres en los movimientos de resistencia al extractivismo fueron el origen de Tres experiencias de lucha en tiempos de despojo y resistencia, que pone la mirada en el movimiento en contra de la Presa El Zapotillo, en Jalisco, que amenazaba con inundar a Temacapulín, Acasico y Palmarejo; también analiza la resistencia a la termoeléctrica y gasoducto en el estado de Morelos, referente histórico de la lucha zapatista por “tierra y libertad”; finalmente, nos deja atisbar en la resistencia del pueblo Chontal, en Oaxaca, contra un proyecto minero a cielo abierto, donde los sistemas normativos tradicionales (usos y costumbres) ―característicos de los pueblos originarios― han dado lugar a estrategias para ampliar los derechos agrarios de las mujeres y con ello, su participación en las decisiones sobre el territorio.

Esta investigación se realizó en colaboración con el Grupo Territorio Género y Extractivismo, conformado por investigadoras, integrantes de organizaciones de la sociedad civil y colectivos que han acompañado algunas de las luchas contra megaproyectos en diversos estados de nuestro país. Esperamos que este libro sirva para seguir dando pasos hacia un nuevo orden sociopolítico, cada vez más urgente, basado en la igualdad social y de género, el respeto al medio ambiente y los derechos de los pueblos.

Para leer la revista completa, cliquea aquí:

https://desinformemonos.org/tres-experiencias-de-lucha-en-tiempos-de-despojo-y-resistencia/

Por: Hilda Salazar (coordinadora)

Publicado originalmente en Fundación Heinrich Böll-México

Tomado de: desinformemonos.org

 

Fuente: Radio Temblor

Los TLCs se sustentan sobre el modelo extractivo y profundizan el impacto de las deudas sobre los cuerpos y territorios.

 
 
La red Jubileo Sur/ Américas, Acción Ecológica y el IEETM comparten el presente compendio de investigaciones sobre Efectos de los Tratados de Libre Comercio en tres países de la región México, Colombia, Chile, y la región de Centroamérica.
Se trata de un proceso de que busca acercarnos a análisis, derivados de las experiencias construidas en las luchas permanentes, así como a las diversas y graves implicaciones de estos instrumentos del poder corporativo en la vida de las comunidades y los territorios.
 
Busca también acercarnos a los desafíos que enfrentan los pueblos al afirmarse en la defensa y el cuidado de la red de la vida.

Ver los informes:

Megaproyectos y extractivismo son contrarios a la dignificación de la vida de los pueblos

Los megaproyectos como el Tren Maya y el Corredor Interoceánico, así como los proyectos extractivistas, son «contrarios a la dignificación de la vida de los pueblos» por promover el despojo, la explotación y la destrucción de los territorios y la vida comunitaria, aseguraron comunidades mayas de la Península de Yucatán y pueblos de México y el mundo.

Durante un encuentro de pueblos en resistencia del campo y la ciudad en territorio maya, las comunidades aseguraron que los megaproyectos «articulan estrategias de reordenamiento» de los territorios con el fomento del turismo masivo, la agroindustria, la industria energética, inmobiliarias, megagranjas porcícolas y avícolas y proyectos occidentales de explotación y extractivismo.

Indicaron que para introducir los megaproyectos, las empresas y gobiernos destruyen la naturaleza pero también la vida comunitaria, al fomentar la división de los pobladores por «la ambición con promesas de beneficios económicos».

A las estrategias de despojo y destrucción se suma la llegada y profundización de la militarización y la proliferación de bases militares, «y con ellas el incremento de la represión, la intimidación y la violencia que impacta de manera más fuerte en el cuerpo territorio de las mujeres y las disidencias sexuales», señalaron.

Por ello, reunidos en Calakmul, Campeche, las comunidades exigieron respeto a su derecho a la libre determinación y el paro inmediato de los dos proyectos de reordenamiento del territorio: «el mal llamado Tren Maya que, insistimos, NO ES MAYA, porque no es para los mayas sino para los grandes capitales, y el Corredor Interoceánico».

A continuación el comunicado completo:

En este día 4 Ix, día de energía femenina, con el permiso de nuestros ancestros y ancestras, desde las tierras sagradas de Calakmul, nos hemos convocado y nos encontramos, primero para pedir perdón a nuestra Madre Tierra por lo que no hemos sido capaces de hacer por salvarla de las garras del capitalismo extractivista que la viola y la destruye, pero también para reconocer y compartir los esfuerzos organizados realizados y también para enlazar nuestro pensamiento, corazón y voluntad con otros, otras y otres que también luchan.

Reunidos y reunidas colectivos, colectivas, organizaciones, personas indígenas y no indígenas, del campo y de la ciudad que amamos el territorio y defendemos la vida, que llegamos desde distintas regiones: norte, centro y sur de Quintana Roo, norte y sur de Yucatán, sur de Campeche, Istmo de Tehuantepec, Tabasco y centro de México y también de Colombia, Nicaragua y Alemania; compartimos nuestra palabra con la intención de que esta llegue a los corazones de todas aquellas personas que como nosotros, nosotras y nosotres resisten y luchan contra los despojos, explotación y la muerte de este sistema capitalista, colonial y patriarcal hacia los pueblos del mundo y contra la Madre Tierra.

Nuestra historia de resistencia es ancestral, luchamos hoy, como antes lo hicieron nuestras abuelas y abuelos por la defensa de la vida y la dignidad, como lo hizo Jacinto Canek, como lo hizo Jacinto Pat, como lo hizo Maria Uicab. Aquí estamos y aquí seguiremos, porque la garra de la dominación colonial se extiende hasta nuestros días, la colonización no ha acabado y por lo mismo la lucha de resistencia sigue viva.

HOY DENUNCIAMOS:

Como hemos denunciado en muchas ocasiones, que en la península de Yucatán y la región sur sureste de México, estamos enfrentando la imposición de megaproyectos con visiones occidentales de desarrollo económico que nada tienen que ver con nuestras formas de vida y con nuestra mirada que como pueblos tenemos de lo que significa el desarrollo.

Este despojo, explotación y destrucción para nuestros pueblos está pensado desde arriba por los malos gobiernos pensando en el beneficio del gran capital sin importar que esas acciones vayan contra la vida en todas sus manifestaciones. Entre ellos el mal llamado Tren Maya y el Corredor Interoceánico, que articulan estrategias de reordenamiento de nuestros territorios como el fomento del turismo masivo, la agroindustria, la industria energética, inmobiliaria, mega granjas porcícolas y avícolas, proyectos occidentales de explotación y extractivismo contrarios la dignificación de la vida de los pueblos.

Declaramos que estos megaproyectos afectan de manera integral la vida de las comunidades porque además de todas estas estrategias de acaparamiento del territorio y sus bienes naturales, vemos venir con ellos la militarización, la proliferación de bases militares y con ellas el incremento de la represión, la intimidación y la violencia que impacta de manera más fuerte en el cuerpo territorio de las mujeres y las disidencias sexuales.

Afirmamos que estos proyectos no son casuales ni desarticulados sino que son pensados como un mecanismo de exterminio hacia nosotros y nosotras. Atentan contra nuestra vida como pueblos pero también contra toda la vida, porque talan los montes, deforestan, despojan y desintegran las comunidades, dañan los ecosistemas donde habitan los animales y los vientos sagrados, dañan a las abejas y la milenaria actividad de la apicultura, contaminan el agua con sus agroquímicos envenenando la tierra, el aire, el agua y nuestra salud. No nos quieren vivos, nos quieren muertos o al menos debilitados y esclavizados. No quieren que haya vida para nuestros hijos e hijas. En medio de todo este despojo, devastación, enfermedad y muerte ¿dónde vamos a reproducir nuestra cultura para que ellos y ellas tengan una buena vida?

Además, desarticulados, fragmentados, deshermanados, confrontados nos quieren. Al gobierno y su patrón el gran capital le conviene que no estemos unidos, por eso es que instalan el conflicto entre nuestros pueblos, nos dividen comprando consciencias aprovechándose de la necesidad económica. Mienten y engañan fomentando la ambición con promesas de beneficios económicos que nunca serán para nosotros.

EXIGIMOS:

Respeto a nuestro derecho a la libre determinación reconocido en los tratados internacionales firmados por México para los pueblos y comunidades indígenas y el paro inmediato de sus dos proyectos de reordenamiento del territorio: el mal llamado Tren Maya que insistimos NO ES MAYA, porque no es para los mayas sino para los grandes capitales y el Corredor Interoceánico.

Invitamos a todas aquellas personas que al igual que nosotros, nosotras, nosotres se preocupan e indignan por la gravedad de la situación que vivimos, a sumarnos a una lucha articulada entre los pueblos, del campo y de la ciudad, indígenas y no indígenas, estudiantes, trabajadores y trabajadoras, jóvenes, jóvenas. Articular los esfuerzos en defensa de la tierra y del territorio, de la madre naturaleza y del territorio simbólico y sagrado de los pueblos: las lenguas, las prácticas sagradas tradicionales y la memoria. Lo que en suma es la defensa de la vida.

Xpujil, Calakmul, territorio maya

4 ix, 7 keej

13 de noviembre de 2022

Fuente: Desinformémonos

 

Fuente: Radio Temblor

¡Hagamos milpa agroecológica!

Familias campesinas de Coyuca de Benítez, Guerrero, optan por la producción agroecológica de alimentos.

Diversificación de cultivos, sinónimo de biodiversidad alimentaria. La Lima, Coyuca de Benítez, Guerrero. Foto: Marcos Cortez

En las diferentes comunidades de México, la milpa mesoamericana se manipula de acuerdo al entorno agroecológico de cada región. Su diversidad poliforme es un agroecosistema polifuncional en donde el maíz es el cultivo principal y cohabita simbióticamente con una diversidad de cultivos como el frijol, calabaza, chile, jitomate, quelites, entre otros cultivos locales. Por lo que, hacer milpa constituye hasta nuestros días un elemento primordial para garantizar alimentos básicos, con sus usos y aplicaciones no sólo caseras. No obstante, nuestro país se convirtió en uno de los principales compradores de maíz, pese a las decenas de razas y ciento de variedades de maíz nativo que tienen su origen aquí. La milpa pasó al uso exclusivo de maíz y con una lógica productivista; es decir, incrementar sólo la producción de maíz híbrido, dejando a la deriva las semillas nativas y otros cultivos que dan vida al sistema milenario. Además, la implementación de estrategias agroalimentarias gubernamentales no responde a las necesidades de alimentación y abatimiento de la pobreza de los grupos a los que los programas van dirigidos.

Regmaíz: germinación colorida

Ante estas problemáticas, campesinos de Coyuca de Benítez decidieron en 2009 gestar la Red de Campesinos Guardianes del Maíz Nativo (Regmaíz) para proteger, conservar y mejorar sus maíces nativos cultivados bajo el sistema milpa, agregando practicas agroecológicas como innovación local. Durante su caminar, entre el 2013-2020, se encontraron los siguientes resultados: el incremento de rendimientos de 2 a 3.8 toneladas por hectárea; la cosecha de otros productos complementarios, la disminución del uso de herbicidas y fertilizantes químicos, obtención de semilla criolla mejorada en la propia parcela. De esta manera, cultivos acompañantes como sandia, pepino y melón tienen promedios arriba de 1,200 kilos por hectárea, mientras que jitomate, chile o tomate, se siembra en sublotes al lado o entreverado del maíz, alcanzando una producción de 550 kilos en su conjunto. El escalonamiento es una ventaja de la milpa, durante el desarrollo del maíz, se pueden sembrar cultivos de ciclo corto y largo; porte bajo y alto, como lo hacen diversas familias de la Costa Grande.

Por lo tanto, la fortaleza de la milpa no está en la alta productividad de un solo cultivo por separado, sino en la integralidad que le da su entretejido vínculo armonioso, que fortalece y representa un ahorro en especie y valor económico para las familias. En este caso peculiar, el modelo agroecológico se acentúa en una lógica no capitalista, que aspira a ser rentable, pero cuyo fin no es lograr la rentabilidad, sino que sea económicamente viable. Se trata de preservar la tierra, agua y monte, proporcionar a la naturaleza lo que se ha derrochado en las últimas décadas, y hacerlo con buenas prácticas, que ayuden a mejorar el entorno de una forma integral.

Milpa Agroecológica: una estrategia campesina

Esta forma de hacer la milpa los campesinos de Regmaiz le llaman milpa agroecológica, que consiste en el uso de variedades locales, tolerantes a la sequía y adaptadas a cada zona, con uso de abonos orgánicos y verdes, biofertilizantes, manejo agroecológico de plagas y enfermedades, diversificación, asociación y rotación de cultivos, conservación de suelos, selección de semillas nativas y una serie de técnicas que la hacen posible.

Los campesinos describen la agricultura ecológica o agroecológica, como: “una agricultura que no atenta contra el medio ambiente, contra la vida misma, que no contamina y que utiliza prácticas sostenibles en lugar de agrotóxicos”. Para ellos significa asegurar su medio de subsistencia buscando resiliencia local, frente al modelo global agroindustrial. La milpa agroecológica es parte de un proceso generacional y hereditario que se centra en la economía campesina familiar y una agricultura tradicional que se produce sobre todo para el autoconsumo con empleo de mano de obra familiar, y complementada con la contratación de otros jornaleros para sacar los trabajos, situación que ha generado discrepancias internas al proceso, porque requiere mucha mano de obra durante los primeros años para lograr la recuperación de los suelos y mejorar la producción. De cara a estas tensiones internas y externas, lo que busca la milpa agroecológica son nuevas formas de hacer agricultura independiente del petróleo. Sus principios tienen sus bases en la diversidad, la sinergia y el reciclaje, así como en aquellos procesos sociales basados en la participación y organización comunitaria.

Por esa razón, la milpa agroecológica no sólo permite la producción de variados alimentos, sino también proporciona otras acciones conjuntas que requieren organización de la familia para lograr la biofabricación de sus propios insumos que usarán en la parcela durante la siembra del temporal, hasta la cosecha y venta regional en mercados locales, espacios ganados por ellos mismos.

En este sistema, la agroecología busca recuperar el conocimiento tradicional utilizando algunos elementos científicos. Se enfoca en generar un diálogo de saberes, para lo cual, los dos tipos de conocimientos son importantes –tradicional y científico–. Esta combinación de conocimientos se forja en intercambios y reflexiones sobre el contexto actual: semillas, autosuficiencia, seguridad y soberanía alimentaria. Este nuevo conocimiento se nutre de fuentes ilimitadas: el saber popular o conocimiento local y el conocimiento que portan actores no locales. Los conocimientos diferentes que se intersectan e interactúan entre sí, entendidas como construcciones sociales de la realidad diferente, pero no por ello irreconciliables.

La agricultura familiar campesina, base fundamental de las milpas agroecológicas en Coyuca de Benítez. Foto: Marcos Cortez

En resumidas cuentas, estas dinámicas son valiosas, pues diversifican de manera holística las actividades productivas, pasan de ser resguardo o defensa familiar a una estrategia colmada de alternativas al desarrollo impulsadas desde ámbitos locales. La recuperación de la autosuficiencia alimentaria en Guerrero y en México debe iniciarse a partir de las experiencias que contribuyan a mejorar la situación socioambiental y socioecológica, pero también la viabilidad socioeconómica, abriendo oportunidades equitativas y justas, basadas en principios de economía social y solidaria. Pues, el fin productivo de la familia no es lograr las máximas ganancias, sino ramificar sus mundos de vida, desde la misma cotidianidad campesina.

 

Fuente: Radio Temblor

La agricultura regenerativa aumenta las cosechas y restaura la naturaleza

Parada en su maizal en el estado de Chiapas, rodeada por montañas y selvas secas, María Luisa Gordillo Mendoza parece preocupada. “Dijeron que éramos unos cerdos por sembrar así”, dice de la reacción de otros agricultores ante sus campos cubiertos con hojas de maíz y salpicados de palos larguiruchos.

Sin embargo, el poco ortodoxo método de siembra de Mendoza en Chiapas, en el sureste de México, está ganando reconocimiento por restaurar la salud de los suelos, además de generar más dinero para los agricultores, sumando tierra para la conservación y almacenando carbono en el terreno.

Tradicionalmente, dice Mendoza, los productores de la región limpiaban sus campos al prepararlos para plantar, quemando los rastrojos que quedaban en el suelo y rociando agroquímicos: herbicidas para matar las hierbas y fertilizantes para mejorar los cultivos.

“Mi papá me enseñó lo mismo —dice Mendoza a Mongabay—, pero mi parcela se hizo muy pobre, tan pobre que se puso arenosa y dura, así que el maíz, si acaso crecía, no daba mucho”.

La caída en la productividad del terreno de Mendoza refleja una tendencia mayor en el Corredor Seco de América Central, la región de bosque tropical seco que va de Chiapas a Panamá. Ahí las cosechas escasas y la alta inseguridad alimentaria, vinculadas con el cambio climático y con la degradación del suelo, son algunos de los principales impulsores de la deforestación, según un informe de 2019.

Mendoza afirma que en un año con buenas lluvias cosecharía a lo mejor 2.5 toneladas por hectárea. Algunas veces las secas terminaron con toda la cosecha de su padre, recuerda, obligando a la familia a sobrevivir buscando plátanos y fruta de pan, un producto que usaban los mayas antiguos. Estos días, sin embargo, con asistencia técnica y trabajando para mejorar la salud de los suelos, sus cosechas de maíz han aumentado hasta 8.5 toneladas por hectárea.

“Por el subsuelo hoy hay agua suficiente ahí abajo inclusive tras cuarenta días de sequía”, dice Mendoza señalando sus campos salpicados de verde.

Estudios en campo

“El maíz en particular es uno de los productos más dañinos para los recursos naturales, principalmente por su manejo y porque algunos programas de gobierno han animado la destrucción de los recursos naturales”, dice Walter López Báez, coordinador en Chiapas y director de vinculación del Instituto Nacional de Investigaciones Forestales, Agrícolas y Pecuarias (INIFAP) del gobierno mexicano.

Báez, que ha trabajado con agricultores en la región por más de treinta años, cuenta a Mongabay que, aunque la productividad de las cosechas inicialmente aumentó después de que en los años cuarente se impulsó la Revolución verde en México —un modelo productivo que promovía variedades de alta productividad y el uso de fertilizantes y pesticidas químicos—, las cosechas empezaron a caer hace unos veinte años, a pesar del uso intensivo y continuado de agroquímicos.

En 2010 el INIFAP trabajó con The Nature Conservancy (TNC) para analizar 300 parcelas en Chiapas —entre ellas la de Mendoza— y encontraron que los suelos tenían altos niveles de acidez y de aluminio, que les faltaban nutrientes y que estaban altamente compactados por los tractores. Esto implicaba que las raíces no podían ir hondo, creando problemas de drenaje. Todos ello, según Báez, signos de un mal manejo del suelo.

“Los productores decían que el suelo estaba cansado”, dice Báez. “Es agricultura extractiva en la que no le devuelves nada al suelo, a diferencia de lo que pasa en los bosques”.

Con base en investigaciones en Guatemala y Honduras, el equipo empezó a experimentar con la siembra intercalada de maíz con especies que ayudan a los suelos a recuperarse, concentrándose en dos de ellas que son clave: la legumbre rastrera canavalia —conocida en el sureste de México como frijol espada— y la guama (Inga edulis), un árbol leguminoso.

Esta práctica es parte de la agroforestería, un sistema agrícola que combina los árboles con el cultivo de productos agrícolas y la cría de ganado, que no solamente produce alimentos, sino que sostiene la biodiversidad, acumula contenidos orgánicos en los suelos, aumenta los niveles de agua y captura carbono de la atmósfera.

Tanto la guama como la canavalia son parte de la familia de las fabáceas, de los frijoles, y como tales tienen raíces que fijan nitrógeno en el suelo. También crecen con rapidez, haciéndolas una “fábrica permanente de biomasa”, ofreciendo cobertura orgánica en la superficie del terreno que mantiene la humedad del suelo, rompe los nutrientes para otras plantas y previene el crecimiento de malezas, reduciendo con ello la necesidad de herbicidas.

Investigaciones muestran que usar métodos tradicionales llevó a una cosecha promedio de 3.5 toneladas por hectáreas, con una inversión de alrededor de 17,000 pesos (unos 865 dólares) por hectárea, según dijo Báez a Mongabay. Sin embargo, una inversión adicional de entre 6,000 y 9,500 pesos (312 y 480 dólares) por hectárea podría llevar las cosechas a hasta siete toneladas por hectárea en el primer año y mantener ese nivel constante en adelante.

Si bien este aumento en los ingresos es importante para los productores, Báez dice que también tiene beneficios comunitarios mayores: aumenta la disponibilidad de agua, reduce las partículas que flotan en el aire y salen de los incendios y capturan más carbono de la atmósfera. Adicionalmente, el INIFAP encontró que los métodos regenerativos alivian los suelos compactados, permitiendo que la humedad penetre más hondo en el suelo inclusive durante las sequías.

Conectando producción y conservación

“En un bosque hay mucha biodiversidad y, sin embargo, no hay fertilización química, no hay control, no hay uso de insecticidas ni de herbicidas, y el bosque es súper productivo y resiliente”, dice Alejandro Hernández, coordinador de TNC en Chiapas, alguien que ha trabajado en temas de conservación con comunidades en la región por más de cuarenta años. “Estamos copiando el modelo del bosque y aplicándolo usando sistemas agroforestales”.

Chiapas es el segundo estado más biodiverso de México y aporta el 30% del agua dulce del país, de forma que usar la agroforestería aquí se hace igualmente importante, según cuenta Hernández a Mongabay. Apunta que las emisiones de gases de efecto invernadero en el norte industrializado de México vienen principalmente de la industria y vehículos automotores, mientras que en el sur los principales emisores son la agricultura y la cría de ganado. En Chiapas, el 55% de los bosques del estado han sido desmontados para sembrar productos agrícolas o forrajeros.

Hernández dice que sistemas ineficientes de producción empujan a los productores y ganaderos ya sea a abandonar sus campos o a desmontar más terrenos forestales para tener tierra. Esto no resuelve el problema, dice, pues mantener estas malas prácticas solamente aumentan la necesidad de que haya más tierra después de apenas unos años, poniendo presión sobre los bosques restantes.

La solución requiere que los agricultores y ganaderos sean aliados, más que amenazas, dice Hernández. Al trabajar juntos con conservacionistas para encontrar modelos que sean económicamente atractivos para los productores, dice, los temas de seguridad hídrica y alimentaria podrían enfrentarse mientras que se puede detener la expansión agrícola hacia los bosques y restaurar los bosques perdidos.

“Creo que genera más empatía entre ambos lados, porque no estamos peleando”, dice Hernández. “Si lo hacemos bien habremos liberado para la restauración áreas en zonas marginales que no son buenas para la agricultura”.

En Chiapas TNC planean llevar a una escala masiva estos impactos a través de Visión 2030, una hoja de ruta para incorporar 2.5 millones de hectáreas de tierra a esquemas de agricultura y ganadería sustentables para 2030, además de restaurar o reforestar 1.4 millones de hectáreas de tierra. Además del maíz, el proyecto también se concentra en frijol y café, que crecen en muchas áreas del estado.

La iniciativa busca construir una amplia alianza. El fondo de cambio climático de la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat) aporta 340,000 dólares para el proyecto, mientras que el INIFAP aporta 150,000 dólares y TNC asegura fondos de su campaña internacional Planta mil millones de árboles.

Visión 2030 también formará parte de iniciativas más amplias por toda América Latina, como la estrategia de Agricultura y Ganadería Regenerativas, que logró restaurar cinco millones de hectáreas de suelos degradados y capturar 550 millones de toneladas de carbono en Argentina, Brasil y Colombia entre 2018 y 2020.

Las implicaciones climáticas

Un informe de la Convención de Naciones Unidas para Combatir la Desertificación muestra que la restauración de tierras puede ser una solución costeable para múltiples temas, incluyendo el cambio climático, la conservación de la biodiversidad y la migración forzada. Publicado en abril de 2022, el informe Global Land Outlook 2 anota que la salud de los suelos y la biodiversidad son las bases de las sociedades y las economías, y que más o menos 44 mil millones de dólares en productos y servicios económicos —más de la mitad del PIB global— depende en forma alta o moderada del capital natural.

“La tierra es realmente un tema que se pasa por alto, cuando probablemente debería ser el que más atención recibe, porque es donde vivimos”, dice Miriam Medel, la jefa de relaciones externas, política y defensa de la Convención, que lideró la producción del reporte. “La tierra —señala— es lo que conecta la biodiversidad y el cambio climático y los seres humanos con la naturaleza”.

Hablando con Mongabay en el lanzamiento del informe, Medel dijo que sus hallazgos mostraron que el 99 % de los recursos que los humanos usan vienen de la tierra y que el 99 % de las calorías que consumimos, inclusive si se las limitara solamente al pescado, vendrían de la tierra de una u otra forma.

El informe sobre la tierra también dice que, cuando se apoya en las políticas y regulaciones correctas, la salud mejorada del suelo puede aumentar no solamente la productividad y la biodiversidad en tierra, sino también la cantidad total de carbono capturado.

Llevar las soluciones a otra escala

La vista de suelos desnudos y de agricultores trabajando en sus campos con tanques de herbicidas en la espalda es todavía común en Chiapas, y si bien la Visión 2030 ofrece un mapa para un sistema alimentario positivo para la naturaleza en el estado, todavía queda un largo trecho por recorrer para llegar a las metas de 2030: solamente 200 hectáreas de maíz están bajo agricultura regenerativa, de las 700,000 hectáreas de producción convencional.

Con todo, más comunidades ya se unen a la iniciativa Visión 2030. En el municipio de Tiltepec el consejo comunitario decidió proteger y restaurar el total de la cuenca de 3,000 hectáreas, prohibiendo la quema de campos e implementando técnicas de agricultura regenerativa. Las cosechas aumentaron de 1.5 toneladas a cinco toneladas en el primer año. La comunidad espera pronto aumentar a ocho toneladas por hectárea.

Los eventos globales también han llevado a los productores a buscar alternativas. Los productores en Chiapas ya sentían el golpe del aumento de los precios de los fertilizantes en años recientes, del que se culpa a la crisis energética. La guerra de Rusia en Ucrania, entre dos de los principales productores de fertilizantes, ha restringido los insumos aún más, llevando a que se tripliquen los precios de los químicos en el mercado mexicano.

El valor de dejar atrás los insumos agroquímicos es cada vez más reconocido. Un estudio de 2018 en Estados Unidos mostró que los campos de maíz regenerativos generan casi el doble de utilidades que los manejados en forma convencional, en gran medida porque el cultivo de coberturas basadas en leguminosas puede reducir los costos de fertilizantes, que son en torno al 32 % de los ingresos de los campos convencionales, frente al 12 % de los campos regenerativos.

Un estudio publicado este año en la revista académica Nature Sustainability también muestra que el uso de procesos ecológicos para remplazar insumos producidos por el ser humano, como los pesticidas y fertilizantes, puede mantener o aumentar la producción de alimentos, al tiempo que reducen los costos ambientales y de insumos económicos.

“Tanto nosotros como técnicos como para ellos como productores, debemos desaprender muchas cosas”, dice Báez. “Fue muy difícil para mí dejar ir muchas cosas que aprendí en la universidad, donde nos enseñaban mucha química, y para ellos en tanto productores todo lo que aprendieron de sus padres. Estamos repensando mucho conocimiento”.

* Imagen principal: La leguminosa rastrera Canavalia y el árbol Inga edulis ayudan a agregar biomasa al suelo en el campo de Mendoza, además de aumentar la humedad del suelo y prevenir las malezas, lo que limita la necesidad de herbicidas. Imagen de Dimitri Selibas.

Fuentes:

LaCanne, C. E., & Lundgren, J. G. (2018). Regenerative agriculture: Merging farming and natural resource conservation profitably. PeerJ, 6, e4428. doi:10.7717/peerj.4428

MacLaren, C., Mead, A., van Balen, D., Claessens, L., Etana, A., de Haan, J., … Storkey, J. (2022). Long-term evidence for ecological intensification as a pathway to sustainable agriculture. Nature Sustainability. doi:10.1038/s41893-022-00911-x

Artículo original: https://news.mongabay.com/2022/08/regenerative-agriculture-in-mexico-boosts-yields-while-restoring-nature/

Publicado originalmente en Mongabay Latam

Por: Dimitri Selibas

Foto: Olmedo Carrasquilla Águila

Tomado de: desinformemonos.org

 

Fuente: Radio Temblor

Desaparición de los 43 “fue un crimen de Estado” y no hay indicios de que estudiantes estén con vida, reconoce gobierno federal

El Caso Ayotzinapa “fue un crimen de Estado”, pues “todas las autoridades federales, estatales y municipales estuvieron informadas” de lo que ocurría la noche del 26 de septiembre de 2014 sin que intervinieran para impedir la “desaparición y asesinato” de los 43 normalistas de la Normal Raúl Isidro Burgos de Ayotzinapa, Guerrero, declaró el subsecretario de Derechos Humanos de Gobernación, Alejandro Encinas, al presentar el informe de la Comisión para la Verdad y el Acceso a la Justicia en el Caso Ayotzinapa.

A casi ocho años de los hechos, Encinas señaló frente a los padres de los estudiantes que la desaparición de sus hijos contó con “un encubrimiento al más alto nivel”, pues las autoridades de los tres niveles de gobierno supieron en tiempo real sobre “la toma de camiones, del traslado de estudiantes a Iguala, de su llegada al Rancho del Cura y a la caseta de Iguala, su arribo a la central de autobuses, de los hechos de persecución y de violencia de que fueron objeto” por parte del cartel Guerreros Unidos.

Las conclusiones preliminares del informe enfatizan que el ejército y la Marina tuvieron conocimiento de lo que sucedía no sólo porque sobrevolaron drones sobre la zona de los hechos, sino también porque había un infiltrado de la Secretaría de Defensa Nacional (Sedena) en la normal de Ayotzinapa, bajo el mando del teniente de infantería Marcos Macía Barbosa, del 27 Batallón.

“La Sedena tenía dentro de la normal al soldado Julio César López Patolzin, quien estaba realizando informes para la secretaría en la escuela. Era el responsable de informar lo que acontecía en las asambleas y de las movilizaciones, e incluso estaba informado de los actos preparatorios de la marcha de 2 de octubre”, para la que los estudiantes se organizaron para conseguir los autobuses en los que se transportarían a la Ciudad de México.

El último reporte de López Patolzin, uno de los 43 desaparecidos, fue a las diez de la mañana del 27 de septiembre de 2014, “sin que sus mandos hicieran ninguna acción para garantizar su integridad y su búsqueda, como lo establece el protocolo para militares desaparecidos, que, de haberse aplicado, hubiera permitido no solamente proteger la integridad y buscar al soldado López Patolzin, sino a todos los estudiantes”, dijo Encinas.

Ocho años después de la Noche de Iguala, “no hay indicio alguno de que los estudiantes se encuentren con vida; todos los testimonios y evidencias acreditan que fueron arteramente ultimados y desaparecidos”, agregó el funcionario, que presidió la Comisión para la Verdad.

Encinas señaló que si bien “se acredita plenamente la colusión de autoridades de distintos órdenes de gobierno, como los policías municipales de Iguala, Cocula, Huiztuco Tetecuacuilco, con Guerreros Unidos para llevar a cabo la desaparición de los muchachos”, las investigaciones sobre el caso aún no han concluido.

Al momento de recibir las conclusiones de la Comisión, los padres y madres de los 43 declararon que emitirían su postura una vez que valoraran la información y contaran con la opinión de los expertos del Grupo Interdisciplinario de Expertos Independientes (GIEI), pero su abogado y vocero, Vidulfo Rosales, adelantó que “para decir que ya se sabe lo que ocurrió estamos lejos”.

Tomado de: desinformemonos.org

 

Fuente: Radio Temblor