Tejedoras de sueños: Experiencias de mujeres emprendedoras en la prevencion del COVID19

“(..) Oh tejedora de sueños,

creo que podemos alcanzar la luz de la mañana,

aunque el amanecer puede llegar pronto,

todavía puede haber algo de tiempo.

Llévame lejos al lado brillante de la luna

y encuéntrame en el otro lado (…)”

Gary Wright

Autora: Liliana Sierra Sánchez

La irrupción de la COVID-19 ha sacudido al mundo, sociedades enteras viven una reconfiguración de las cotidianidades. Para la gran mayoría de las y los habitantes de este planeta, ha significado aislamiento, incertidumbre, depresión, enfermedad, dolor y muerte. Ante este panorama, afloran todo tipo de reacciones, individuales, colectivas, gubernamentales, de organizaciones de la sociedad civil…

En el caso de países donde impera el capitalismo más despiadado, los efectos negativos son los que predominan, en otros, como Cuba, la realidad adquiere matices diferentes y la solidaridad resalta como principio fundamental, no solo destinada a otras naciones, sino dentro de la propia isla.

Historias cotidianas emergen y nos muestran una cara más humana del contexto, esas historias que merecen ser narradas para orgullo de quienes vivimos en este pedazo de tierra rodeada de mar.

Es el ejemplo de las experiencias protagonizadas por mujeres de varios lugares de la geografía habanera, como Marianao, La Lisa, El Cerro, Párraga, La Ceiba, incluso de otras provincias del país. Ellas han escrito páginas de cooperación desde lo más individual hasta lo más colectivo; así lo narran integrantes del movimiento de Mujeres por la Equidad y la Economía Popular, Solidaria y Feminista, proceso acompañado por la Red de Educadoras y Educadores Populares y el Centro Martin Luther King.

Iliana Caridad Caballero León, integrante del equipo de coordinación de la Red de Educadorxs Popularxs en el territorio Marianao- Párraga- La Ceiba, y miembro de la Mesa de Coordinación de los Talleres de Transformación Integral del Barrio en la Habana, confiesa que responder preguntas es difícil para ella porque casi siempre cuando vives un proceso te apasionas y no eres suficientemente objetiva, pero accedió a contar sobre sus vivencias durante estos meses. 

“Cuando nos dimos cuenta que íbamos a tener que aislarnos, estar en casa, nosotras que acostumbramos a trabajar con las personas, lo primero que debíamos ver era cómo nos organizábamos, tanto las mujeres del movimiento que acompañamos como proceso, como las talleristas y las educadoras populares. Nos dimos cuenta que algunas de nosotras teníamos una garantía salarial, pero la mayoría de nuestras compañeras no estaban en la misma posición, y empezamos a descubrir qué podíamos hacer, así comenzamos a confeccionar artículos de protección como los nasobucos, sin recursos materiales prácticamente, con lo que encontramos en nuestros hogares o pidiendo telas. Hicimos varias de estas prendas para nuestros vecinos, primero de manera individual, incluso a mano; luego nos prestaron máquinas de coser y empezamos a hacerlo de manera organizada para los círculos infantiles, los puestos de mando, los consejos de defensa, los que pesquisaban, los consultorios médicos, los hogares para niños sin amparo familiar… después nos percatamos que había hospitales que no tenían suficientes uniformes sanitarios y se los hicimos, también los nasobucos, por ejemplo para el Hospital Pediátrico Juan Manuel Márquez, para los consultorios médicos…

A la vez, vimos que había organizaciones e instituciones no gubernamentales que querían apoyar el enfrentamiento a la COVID- 19, que tenían relaciones de trabajo con nosotros, entonces les pedimos que contrataran a las mujeres para que pudieran ayudarse entre sí, además de ayudar a los demás; y con precios muy solidarios hicieron nasobucos,  arreglaron la ropa del hogar de ancianos, confeccionaron uniformes, y esto les permitió a ellas tener una entrada económica.

Nosotras trabajamos articuladamente, ayudamos a los puestos de mando, al gobierno, a la salud pública, hicimos mapas epidemiológicos para encontrar donde estaban los peligros de salud en el municipio, contribuyendo así a la lucha contra el virus.

En este contexto, aprendimos a usar las redes sociales, a posicionar criterios, ideas, valores, contando lo que somos, lo que hacemos, mostrando nuestra verdad, sin discutir”.

Algo similar expresa Tania Sardá Noriega, Especialista Principal del Taller de Transformación Integral del Barrio Los Ángeles, integrante del equipo de coordinación de la Red de Educadorxs Populares del territorio  Marianao- Párraga-La Ceiba, quien afirma que ser parte de la experiencia de Mujeres por la Equidad y la Economía Popular, Feminista y Solidaria, ha significado un reto, en el que han tenido que plantearse metas para alcanzar los resultados que hoy muestran y que les han permitido enfrentar esta etapa de la COVID-19 con mayor organización y responsabilidad social.

“Durante este tiempo hemos tenido la oportunidad de mantener muy en alto los valores y principios  de la justicia social y de la economía popular y solidaria, dando ejemplos de la solidaridad, la ayuda mutua, la sororidad y el accionar resiliente en la búsqueda del bien común a partir de sus aportes en beneficio de los más vulnerables, destacándose la entrega y donación de nasobucos, de medios de protección sanitaria para el personal de salud del Hospital Juan Manuel Márquez, del Asilo Hermanas Giral, Círculos infantiles  de las localidades cercanas, grupos de riesgos y población en  general.

Asimismo, creo que también nos favoreció el buen sentido de pertenencia de nuestras mujeres y su disposición de aportar un granito de arena a la erradicación de esta pandemia que ha separado a muchas familias y tantos muertos ha provocado”.

II

Hacer por sí mismas y por lxs otrxs, ha constituido una premisa para estas mujeres en tiempos de coronavirus, pero no solo lo vivieron como una red de apoyo hacia afuera, sino que también debieron ayudarse cuando algunas de ellas sufrieron en carne propia los efectos de la enfermedad.

En tal sentido, Iliana Caridad (Cary) nos explica: “En este proceso hubo una familia que se enfermó, la de Alina Saborit; su mamá y su hija estuvieron aisladas y luego fueron confirmadas como casos positivos; fue un momento difícil, y nosotras teníamos grupos de whatsapp, por ahí nos comunicamos, les dimos aliento. Después tuvimos otra compañera del Cerro enferma, Amparo, y le mandamos mensajes, nos preocupamos por el resto de la familia. Del mismo modo, tuvimos otra compañera que se descompensó de la diabetes, entonces recogimos dinero y alimentos para apoyarla, hicimos cola y le compramos lo que necesitaba”.

Alina Saborit López es líder de una iniciativa económica: el atelier Atrévete, eres más, comunicadora popular y también miembro de la Red Ecuménica Fe por Cuba y la  Red de Educadorxs Populares de  Marianao- Párraga-La Ceiba, animadas por el CMMLK. Ella narra, todavía emocionada, los instantes complejos que vivió su familia: “Primeramente mi hija se puso muy mal, muy angustiada, cuando se enteró que su abuela fue positiva, ella con 17 años entró en pánico, sentía que iba a ser señalada y que nadie iba a querer hablar con ella, luego supo que también era positiva en el centro de aislamiento, pero los médicos fueron cuidadosos y la trataron con mucho amor. Luego en el hospital tuvo algunas complicaciones, sin embrago yo sabía que estaba en buenas manos, me sentía segura de que recibiría los mejores cuidados, y finalmente se recuperó, igual que mi mamá. Todo el tiempo recibimos el aliento y la las muestras de preocupación de nuestras compañeras y de lxs miembros de las Redes. Y es que en este tiempo de Covid, en medio de una situación tan difícil que nadie esperaba, en la que muchos planes y proyectos se detuvieron, tomamos la posición desde la Red de Educadorxs Populares, desde la Red Ecuménica y como mujeres emprendedoras, de acompañar a otros y a otras siendo solidarias, y esto tiene una retroalimentación en nosotras”.

III

Más de 60 mujeres, aunque también se involucran hombres, forman parte de esta experiencia de Mujeres por la Equidad y la Economía Popular, Solidaria y Feminista, que es gestionada de forma colectiva por una Mesa Nacional de los Talleres de Transformación Integral de los Barrios. En su mayoría, se trata de personas que han experimentado la violencia y la discriminación y han encontrado un espacio para realizarse y romper estos ciclos. Sobre la finalidad y sentidos de la experiencia, afirma Cary:

“Nos diferenciamos del trabajo por cuenta propia en que nuestro objetivo es hacer prevalecer los valores más humanistas, más solidarios, más revolucionarios, que permiten que nuestro sistema se perfeccione. Sabemos  que aunque la felicidad pueda ser personal, debemos pensar en la felicidad familiar, colectiva, de la nación, en que el sistema socialista tiene defectos pero podemos mejorarlo con nuestras acciones. Así, en vez de vender los nasobucos, se repartieron para apoyar a las familias, a las personas mayores, a familias numerosas. Esos valores del socialismo están en cada una de las actividades que hacemos, en mí se ve cuando me doy cuenta que hay una familia que no puede protegerse y yo la ayudo, o comparto lo que tengo, de manera organizada. Esos valores se han visto en este tiempo que ha sacado no solo lo malo sino también lo mejor del ser humano.

Preferiblemente mujeres pertenecen al movimiento, pero están involucrados también los esposos, los hermanos, los amigos, vecinos, profesores …

Ante la pregunta de por qué constituirse como un tejido social organizado, reflexiona un poco y luego responde: “la organización siempre es importante porque te permite saber cuál es tu meta, y para alcanzarla por el camino te vas encontrando con más personas y estás preparado para afrontar lo que se te presenta, la organización te ayuda en el camino al fin que tú tienes, si lo  que queremos es un socialismo mejor, más vivible, que todxs estemos incluidxs, que aportemos, tiene que estar claro cómo lo voy a hacer y hay que organizarse. Es verdad que el país tiene muchas organizaciones que no suplantamos, pero mientras mejores conductas ciudadanas tengamos desde la manera en que nos organizamos, pues perfecto. Porque yo no dejo de ser cederista, federada, militante del partido, pero también soy una mujer que cree que podemos hacer más cosas no necesariamente desde ahí. Las puedo hacer con personas que se están apartando y las puedo volver a traer para entender que estos son mis valores, que estas son mis posibilidades y que ser un cuentapropista no me convierte en contrarrevolucionario ni capitalista, me hace sencillamente una persona que pone sus habilidades a su propio servicio, pero también al de su familia, de su país, de otra manera.

En el movimiento queremos equidad, que nadie se quede fuera, no solo entre hombres y mujeres, equidad también entre las mismas mujeres, de verdad ayudarnos”.

En tal sentido, Tania Sardá también tiene un criterio claro que parte de su testimonio de vida: mi experiencia como Educadora Popular y coordinadora es que nuestras mujeres del territorio han demostrado su capacidad para desarrollar procesos comunitarios con un alto valor de humanismo y de solidaridad que apuesten por nuestro proyecto socialista cubano.

Mientras, Alina confiesa que siendo la mayor de 5 hermanos, desde pequeña siempre tuvo el deseo de ser dueña de un negocio donde los beneficios fueran equitativos:

“Parecía un imposible, pero luego a través de los talleres de transformación integral sobre temas de economía solidaria, encontré el camino y hoy soy parte de una iniciativa bajo este principio, desde una mirada de equidad de género, y así he crecido en valores humanos, me he empoderado, esto me ha dado identidad y una familia que somos las mujeres que formamos el colectivo de trabajo”.

Entre los principales impactos que han tenido estas iniciativas, están el crecimiento personal de lxs involucradxs; la multiplicación de otras iniciativas económicas con la misma visión, el reconocimiento de la comunidad. Para estas mujeres, la Economía Popular y Solidaria es no pensar más en una, es ver y sentir las necesidades de los demás, es algo que se hace de corazón, es el crecimiento de todxs. A la vez, evalúan su participación no solo desde el punto de vista de la remuneración económica, sino que valoran el aprendizaje, la convivencia, la posibilidad de tratar temas como la violencia de género o la salud reproductiva. Para ello son acompañadas, asesoradas, reciben procesos formativos en diferentes tópicos, desde el Centro Martin Luther King, los TTIB y otras organizaciones. En general, las participantes se sienten más fuertes, valorizadas, con mayor autoestima por su conocimiento y su capacidad de innovar; y caminan hacia una mayor organización para su actuación en el contexto, ampliando su alcance a otras provincias, experiencias, a otras mujeres y hombres que deseen gestionar sus iniciativas económicas de manera cooperada y recreando valores socialistas, a partir de la participación activa, consciente e intencionada de cada participante.

Se trata de sumar y multiplicar para fortalecerse y para hacer una mayor contribución al proyecto revolucionario; de entender políticamente que no es cuestión solo de coser, o hacer pan para vender, sino que han encontrado un modesto camino para hacer un aporte al socialismo, con la toma de decisiones colectivas que beneficien a la mayor cantidad de personas.

No son utopías, son realidades que se escriben y protagonizan en nuestras comunidades, en medio de un contexto donde la solidaridad se convierte en una apuesta por la vida.

 

Fuente: Centro Martin Luther King

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